vie. Jul 10th, 2020

Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Radio Cadena Agramonte, emisora de mis amores (III)

Esta crónica forma parte de una serie radiodocumental que realicé para homenajear a la emisora donde inicié mi vida profesional

Radio Cadena Agramonte, emisora de mis amores. La primera en mi vida profesional. La que me vio nacer y crecer como locutor. Soy César Arredondo y tengo el placer de encontrarme o reencontrarme contigo atravesando el tiempo y la distancia. Te contaré de cosas pasadas en esta emisora y de mis andares en su búsqueda o de cuando la encontré y fuimos un todo único.

Se me acercaba en el tiempo

Radio Cadena Agramonte estaba por llegar, yo no lo sabía, pero se me acercaba en el tiempo. Los ardides de la ciudad imponían sus rejuegos, sin muchos miramientos. El capitalismo tiene un principio básico con su dios dinero: lo que no es rentable se va. Y así se le fueron varios proyectos comerciales a papá o él se les fue a ellos. El cuento del gato y el ratón.

Al final de tanto andar, parqueaba la bicicleta en la última y más humilde. En un reparto peor que el de La Mosca, con nombre de mucho abolengo, El Marquesado, pero de aquello no quedaba ni el sombrero de tres picos. Había una puja constante contra la miseria. Y mis sueños por la locución escondidos esperaban tiempos mejores o más propicios para el intento.

Como decía, Radio Cadena Agramonte se me acercaba, pero no la habían creado y yo estaba centrado en mis estudios secundarios nocturnos y mis no tan artísticos menesteres como mensajero de carnicería y luego de farmacia. Al menos ya me desempeñaba como un estilista, no del cha cha chá, sino de mi instrumento de transportación citadino.

Pedaleando por nuestras zigzagueantes calles adoquinadas y aprovechando las guaguas en movimiento para cogerles la botella, como hacíamos todos los mensajeros de la época. Prendidos o agarrados de ellas, sobre todo en la calle República, sin temer a peligros. La juventud es y ha sido siempre osada.

Los tres hermanos mayores buscamos derroteros diferentes para mejorar la economía hogareña, poniendo en práctica el principio de que una mano lava a la otra y, en este caso, todas lavarían la cara. Logramos trabajos de poca monta, pero conscientes de que más vale poco que nada. El hermano tercero, entrando a los catorce años, inauguraba un nuevo set. Matriculaba con algún retraso escolar la primaria. El intento resultó fallido.

Lamentablemente, tuvo que hacer el máster como especialista en esas cosas tan importantes y siempre mal remuneradas de escobas y trapeadores. Eso sí, en su caso con rango especial, como para sentir orgullo y agradecimiento por el empleo logrado. En dos sitios trabajó, todo un privilegio: primero en una farmacia en la Avenida de Los Mártires y luego en la consulta de un distinguido médico camagüeyano en la Avenida de La Caridad, hoy de la Libertad.

Así era la aristocrática y adinerada Ciudad de los tinajones y ricachones ganaderos, y de muchas penurias de los pobres de esa misma tierra agramontina. Por mi parte, aún sin hacer el mínimo contacto con una emisora, pasaba repetidamente en mi bici de turno frente a muchas, como la CMJW (la Doble U), que sus primeros años estuvo de la avenida de los Mártires; la CMJK, la Voz del Camagüeyano, la más importante entonces; Radio Legendario; la CMJA, La voz del gallo y la CMJC. Frente a ellas pasaba cuando hacía mis mensajeros recorridos desde la Vigía, República, Estrada Palma y Cisneros.

Radio Cadena Agramonte no había asomado su presencia de triunfadora de la radio provincial. Le faltaban dos años a ella y dos a mí también, por supuesto. En honor a la verdad, ni lo hubiera soñado. Habrían sido demasiadas pretensiones, exageradas. No la esperaba a ella. Era imposible. No sabía de su gestación siquiera. Ni por ella podía suspirar. No existía todavía.

      Cronica Cesar Capitulo 3

 


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