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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

A la actuación le he dedicado 60 años de mi existencia

Héctor Echemendía, Premio Nacional de Televisión 2020, asegura que seguirá haciendo lo mejor posible su trabajo
Héctor Echemendía

Héctor Echemendía

La televisión cubana se precia de tener en su catálogo a artistas de la talla de Héctor Echemendía, un actor cuyos desempeños son referentes. Llegó al mundo televisivo por azar. Según comentó a la Revista En Vivo, su primer intento profesional estuvo signado por la locución radial. Entonces era muy joven y vivía en la parte posterior de una casa colonial, donde estaba la emisora CMJW en Camagüey, su tierra natal.

Ese contacto con los locutores y técnicos de la planta radial despertó en Héctor el deseo de convertirse en un experto de la palabra. Se preparó con un locutor dedicado a esos menesteres, pero cuando debía venir para La Habana a hacer los exámenes definitivos no pudo viajar por situaciones económicas familiares. Ello provocó que el interés por la locución se fuera diluyendo en el joven hasta desaparecer por completo. Pero, joven al fin, buscó otras opciones.

“En ese tiempo en Camagüey había una escuela de aviación, de donde salieron los primeros pilotos que fueron a China a prepararse para pilotear los Mig-15 y helicópteros soviéticos. Decidí buscar mi futuro en las alturas. Matriculé en el centro, me hicieron las pruebas y las aprobé. Cuando todo estaba listo para partir a China e iniciar una carrera como piloto de guerra, se produjo algo inesperado en mi vida y mi aparente vocación dio un giro de 360 grados. Me vinculé para siempre con el mundo cultural. Creo en el destino y pienso que el mío estaba en la actuación.

¿Cómo se estableció el vínculo con la actuación para quien quería ser piloto y tocar las estrellas?

–Por esos días llegó a Camagüey desde La Habana un director encargado de formar un grupo de aficionados de diferentes manifestaciones artísticas. No me inscribí porque en realidad nunca me interesó la actuación, pero mi novia sí. Casi todas las noches iba al lugar de ensayo la recogía, y a veces me quedaba allí mirando. Al llegar el primer festival campesino de Cuba, auspiciado por el entonces Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), en Camagüey se montó una obra llamada “Monte Adentro”. Tenía un sargento como personaje.

“Han pasado seis décadas y todavía me pregunto: ¿cuánto de actor vio en mí el director de la obra que me propuso hacer el militar? Mi primera respuesta fue una negativa rotunda porque nunca me pasó por la cabeza hacer algo para teatro, pero finalmente me embullé al conocer algunos beneficios de la obra. La premiada se exhibiría en el Teatro Payret de La Habana y si ganaba viajaría a la Capital con mi novia, que era parte del elenco. Ensayé, hice el personaje, la obra resultó premiada y todo salió tan bien que hasta una crítica favorable sobre mi personaje salió en el periódico. Lo de ir a China y ser piloto se quedó en una gaveta hasta hoy. Llevo 60 años haciendo televisión, teatro y radio”.

A pesar de ser parte de un conjunto dramático establecido en su ciudad natal decide irse para Santiago de Cuba, donde no permaneció mucho tiempo. ¿Por qué?

–Esa es otra historia. Después de hacer “Monte Adentro” y recibir buenas críticas, supe que mi vida era la actuación. Me mantuve en Camagüey como actor teatral un tiempo bastante prolongado y al unísono hacía las luces del Conjunto Dramático de la ciudad. Llevábamos las obras a los lugares de difícil acceso, en un tráiler tirado por un tractor con luces y escenografías como si fuera un teatro. Repentinamente hubo problemas externos que afectaron al conjunto, a pesar de tener un trabajo consolidado en toda la provincia. Ello motivó que 12 integrantes abandonáramos el grupo y nos fuéramos para Santiago de Cuba a trabajar en el teatro dramático de allá.

“En Santiago nació mi primera hija, pero como se enfermaba con mucha frecuencia por una alergia ambiental, me vi obligado a regresar a mi ciudad natal, en esta ocasión a la radio. Estuve en Cadena Agramonte varios años, en ese momento la planta tenía una programación dramática extensísima y variada, lo cual me impulsó a volver a mis raíces: el teatro”.

¿Cómo llega a la televisión?

Hermanos fue mi primera incursión en la televisión. Fue una aventura imborrable en mi memoria y en la de muchos cubanos. Han pasado varias décadas y todavía hay personas que al verme me repiten la frase histórica: “A mí nadie tiene que decirme que hacer con lo mío”. La aventura se filmó en La Sierra de Cubitas, en Camagüey. Yo ya tenía una imagen actoral. Eso motivó a Rolando Macías, director de la aventura, a pensar en mí como uno de los actores del episodio. Me encargó el papel de un oficial español.

“Estudié el libreto varias veces como acostumbro a hacer, y cuando tenía ganada la batalla se apareció un día en la casa con mucha pena y me dijo: «Necesito cambiarte el personaje por otro mucho más pequeño de seis capítulos nada más, pero vital para la aventura». Resultó ser el papá de los hermanos Iznaga. Lo acepté sin problemas y me puse a trabajar en él.

“Grabamos varios capítulos sin problemas, solo me inquietaba el momento de la muerte del personaje. Lo repasé varias veces en mi casa para hacerlo de la manera bien creíble. Pero sorpresivamente, al llegar el momento de la muerte del personaje fallaron varios elementos necesarios para la escena. Sabía que aun así la grabación no se detendría. Por otra parte, todos conocíamos lo exigente que era Macías, así que me encontraba entre la espada y la pared. No me amilané, la grabación continuó.

“Me dieron el balazo mortal, caí y luego de estar en el piso escuché que Macías gritaba: «No se mueva nadie». Nadie se movió y yo me quedé en el suelo diciendo: «La escena debe ser un desastre cuando Macías grita de esa manera». Unos minutos después volvió a gritar: «Quedó excelente, la toma quedó excelente». Todos respiramos y yo pude finalmente pararme. Estábamos temerosos porque Macías había aclarado sobre la necesidad de hacer una sola toma porque no había suficiente vestuario para más.

“Recuerdo que mi actuación gustó tanto que Reinaldo Miravalles, otro de los actores en la aventura, pidió a Macías ponerme actuación especial y agregó: «Tengo que apretar». Después hice con Manuel Porto y Salvador Wood Cuando el agua regresa a la tierra. Todo se filmó en La Ciénaga de Zapata, en condiciones difíciles pero gratificantes”.

¿En qué momento viene para La Habana?:

–Luego de hacer Cuando el agua regresa a la tierra volví a Camagüey, donde seguía haciendo radio y fui llamado otra vez por Macías, esa vez para hacer Pasión y Prejuicio. Las filmaciones eran aquí en La Habana. Acepté y me hospedé en una casa de visita. Me lo garantizaban todo menos los viajes a Camagüey. Al mismo tiempo buscaba una permuta para traer a mi esposa conmigo, porque mi hija al estudiar en la universidad vivía aquí con su abuela materna. Corría el año 1992, las cosas eran muy difíciles, pero aun así permuté. Desde entonces vivo en la capital, no es mi terruño natal, pero la quiero y defiendo como cualquier capitalino.

Héctor Echemendía, aun siendo un actor capaz de asumir cualquier personaje, se caracteriza por hacer roles serios. Al respecto comenta: “se me dan con cierta facilidad. Son intermedio entre lo bueno y lo malo, y con mayor frecuencia malísimos. Me encanta la comedia, hice durante mucho tiempo El Gallego de la trilogía clásica la Mulata, el Gallego y el Negrito, en mi querida Tierra de los Tinajones. Durante bastante tiempo alterné en tres cabarets una misma noche y por las mañanas hacía radio. El exceso de trabajo me trajo complicaciones de salud. Me puse muy delgado y amarillo, y me vi obligado por prescripción facultativa a abandonar esa vorágine laboral. A los 15 días ya estaba recuperado”.

En la actualidad Echemendía filma una novela dirigida por Ernesto Fiallo. En ella enfrenta un personaje con características temperamentales muy diferentes a sus personajes habituales. El título no está definido aún, pero los personajes sí. “Hago una persona muy extremadamente noble. Soy padre de dos hijas, una vive conmigo y la otra no. La que vive independiente me adora. La otra, consentida por mí desde pequeña por problemas de salud (le falta un riñón), es un látigo, me hace las mayores crueldades que pueda hacer una persona a otra. Espero que guste teniendo en cuenta que las relaciones entre padre e hija abordadas en la novela se dan en la vida real quizás con menos intensidad”.

Todo esfuerzo tiene su recompensa y en el caso de Héctor Echemendía su retribución está en el cariño del pueblo al cual se dedica en cuerpo y alma. No podemos pasar por alto su Premio Nacional de Televisión 2020 por la obra de toda la vida. Sobre el lauro el artista comenta: “Nunca pensé ser premiado, cuando me lo dijeron me tomó por sorpresa, y aunque no trabajo para premios es un altísimo estímulo para seguir haciendo lo mejor posible mi trabajo: la actuación, a la que he dedicado 60 años de mi existencia”.

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