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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

“A mí me gustaría darle vida a cualquier personaje”

Diálogo con José Alejandro, actor de la telenovela cubana En tiempos de amar

En tiempos de amar es el título de la recién finalizada telenovela que transmitió la televisión cubana en las noches de lunes, miércoles y viernes por el canal Cubavisión. Después de una prolongada ausencia, este espacio volvió a la pantalla chica para satisfacción de los televidentes y en un horario en que muchas familias se reúnen para ver el dramatizado de producción nacional. En él, intervinieron un grupo de reconocidos actores y actrices, junto a otros en pleno ascenso de sus carreras, guiados por el director Ernesto Fiallo.


El actor José Alejandro, quien dio vida al personaje de Armando en una de las tramas de esta telenovela, es un joven del cual conocemos muy poco sobre su formación artística. En tal sentido y, a propósito de este papel, el sitio web de la Agencia ACTUAR concertó con él un encuentro para descubrir algunos aspectos interesantes sobre su vida y carrera profesional en el mundo de la actuación.

Los televidentes han podido apreciar más tu trabajo a raíz del personaje en la novela En tiempos de amar, pero antes de llegar a este punto, coméntanos cuáles son tus orígenes profesionales como actor.

Tengo 44 años pero desde el punto de vista profesional soy joven porque solo tengo 17 años de carrera. Comencé en la Compañía Teatral Rita Montaner en el cargo de productor, que no fue más que una justificación para quedarme entre telones y esperar la oportunidad de poder interpretar algún personaje por pequeño que fuera, por suerte, no tardó mucho en llegar.

Poco después el director Tony Díaz comenzó con un proyecto que tenía concebido desde mucho antes.Consistía en llevar a escena una versión de la novela de Leonardo Padura, Máscaras, con el título Muerte en el bosque, en calidad de estreno mundial.

En esta puesta en escena yo alternaba mis labores como productor e interpretaba el personaje de Alexis Arayan. Una combinación que me fue un poco difícil porque tenía que esforzarme doblemente: ambos trabajos debían salir con la misma calidad.

De todas maneras, tengo que confesarte que fue una de las experiencias más hermosas de mi vida: me veía en un mundo desconocido, que siempre había soñado, una mezcla de sensaciones. Yo podía contemplar el vacío absoluto del teatro, el olor a humedad de los camerinos, el subirme a proscenio cuando el elenco de actores ya se había marchado e imaginarme los nervios contemplando el teatro lleno de público. Fueron momentos indescriptibles que volvería a revivir si volviera a nacer.

En tu currículo destaca que eres un actor empírico y te inicias en el teatro a partir del año 2000, ¿cómo recuerdas esta etapa junto a actores y actrices con formación profesional?

Para mí ha sido maravilloso alcanzar finalmente ese sueño, ser actor. Por suerte compartí la escena con grandes de la compañía Rita Montaner como Trinidad Rolando, Gina Caro, Jorge Luis de Cabo y muchos otros que desde el primer día me acogieron como un actor más y de quienes aprendí muchísimo.

¿Ser un actor empírico te puso en desventaja?

Bueno, está claro que jugaba con cierta desventaja porque algunos procesos como la creación y desarrollo de un personaje en mi caso era más lenta: me faltaban herramientas, oficio y emociones determinadas. Pero era tanta la ilusión y las ganas que le ponía a mi desempeño, que hacía todo con el mismo amor y la fuerza de los otros. Al final lograba un equilibrio y me integraba de tal manera que se notara lo menos posible mi inexperiencia.

Siempre he tenido la suerte de trabajar con actores que me han hecho sentir muy a gusto en función del trabajo. El objetivo es no demostrar quién resulta mejor o peor en el escenario, por lo menos esa siempre ha sido mi ley y me ha funcionado.

Lo importante es el resultado de la obra, que estos personajes nazcan, sean visibles y reales ante los ojos del espectador que se ha tomado el trabajo de sentarse en la butaca de una sala de teatro para vernos desnudar el alma.

Hasta la fecha has transitado por diversas compañías teatrales como: Teatro D’ Dos, Pequeño Teatro de La Habana, Hubert de Blanck…, ¿cómo influyeron en tu carrera actoral?  

Yo te diría que mucho. Cada una de las compañías me dio las armas y me formó para poder enfrentarme a cada personaje. El trabajo de interpretar consiste en transmitir emociones desde el corazón, te obliga a querer y al mismo tiempo odiar todo el proceso.

Con el tiempo, cuando te sientas a reflexionar en cada paso que has dado, descubres las ganas de matar algún que otro director; después de todo no puedes hacer otra cosa que agradecerle, porque ha sacado de ti la esencia de ese personaje que te tocó interpretar. Por eso a Tony Díaz, Gerardo Fulleda, Fernando Quiñónez, el maestro José Milián, Orietta Medina, Berta Martínez, Julio César Ramírez, Pedro Ángel Vera y a todos los directores con los que he trabajado hasta hoy, solo puedo decirles gracias de todo corazón.

¿Con qué personajes te has sentido más identificado y por qué?

Sin duda alguna, el personaje protagónico de la obra Las mariposas saltan al vacío.  No es propiamente con el que más me identifico, pero sí me demostró que tenía madera de actor, porque fue uno de los más difíciles de todos los interpretados hasta ahora.

Por otra parte, Armando, el de la telenovela que terminó hace un tiempo, un tipo que se las traía, muy duro con quienes lo rodeaban. No obstante, el personaje de Las mariposas saltan al vacío fue total y lo disfruté hasta la saciedad. Al punto de si hay un personaje que me gustaría repetir en mi vida sería ese. Este deseo se lo he hecho saber a José Milián, el director del grupo Pequeño Teatro de La Habana. Cuando él decida reponerla puede volver a contar conmigo. Estaría dispuesto a rechazar otros proyectos que tenga entre manos para volver a encarnar a esa Lavinia la salvaje, una de las primeras cosas que hice en teatro rodeado de un elenco maravilloso.  

¿Pudieras comentarnos sobre tu paso por la televisión?, un medio de comunicación poderoso y capaz de llegar a todos los rincones más insospechados.
 
Mi primer trabajo en la televisión fue de la mano del ya fallecido director Vicente González Castro, quien me dio la oportunidad de interpretar un panadero italiano en ese precioso programa infantil que tanto gustó, Don Polilla. Después tuve una pequeña participación en un policiaco dirigido por el propio Vicente, Médico Forense, y seguidamente una telenovela muy polémica en su momento La cara oculta de la Luna, de la mano de Rafael (Cheito) González y los codirectores Virgen Tabares y Roberto Puldón.

Tiempo más tarde decidí hacer una pausa en mi carrera artística durante algunos años, hasta que Cubavisión Internacional me propone la conducción del espacio La Hora de Cuba entre los años 2014 y 2015.

A partir de esta etapa surgieron otros trabajos como: prestar mi voz en off para algunos programas de este propio canal, apariciones en el policiaco Tras la Huella, algunas colaboraciones con la Facultad de Medios de Comunicación Audiovisuales y la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños. Estas dos últimas, aunque no se transmiten con frecuencia en televisión, son trabajos como actor que realicé antes de llegar a la telenovela En tiempos de amar.

¿Cómo llegas a ser parte del elenco de la telenovela?

Conocía a su director Ernesto Fiallo porque teníamos amigos en común y cuando supe de los preparativos de la telenovela, cada vez que coincidíamos siempre le recordaba mi disposición de hacer algún personaje por pequeño que fuera.

Un día él estaba preparando el capítulo cero y, por casualidad, nos encontramos en la cafetería del Instituto Cubano de Radio y Televisión (Icrt). En ese momento me pidió ayuda en la realización y no me lo pensé ni un segundo. Él me dijo que el personaje a interpretar en este capítulo no era el que me tocaría en la telenovela.

Sin embargo, por cosas de la vida, fue justamente el personaje de Armando el que mejor interpreté. Yo le puse todas las ganas y no sé…parece que el director vio algo en mí. Luego, cuando ya daba los toques finales a la telenovela, me llamó y me confirmó que sin dudas ese sería mi personaje. No te puedo explicar la alegría tan grande que sentí cuando me dio su aprobación. Yo sabía que se trataba de un buen personaje y si me salía bien me quedaría en el corazón de todos los cubanos.

En fin, fue un riesgo enorme y hasta ahora he salido airoso. Para suerte mía el personaje ha gustado mucho en el público televidente. Creo que es el sentir de la gente cuando me saludan en la calle y me reconocen, eso me hace muy feliz y lo agradezco mucho.   

¿Qué herramientas utilizaste para darle vida a Armando e interactuar con tu compañera de reparto, la actriz Yia Caamaño?

Cuando comencé a estudiar a Armando, comprendí desde el comienzo que era un hombre víctima de la violencia familiar. Pero en la medida que me adentré en su historia fui viendo las distintas transiciones que va sufriendo su personalidad hasta llegar a hacer cosas tan negativas como las que vimos en la telenovela.

Fue muy difícil porque cada día veía algo diferente en él y, al discutirlo con la dirección de actores y el resto del elenco, me sorprendían otros detalles de su personalidad.

Hay algo que es muy importante y por eso abogo por las buenas relaciones entre los actores, cuyos personajes se entremezclan entre sí, pues no es más que el trabajo incesante y las charlas interminables del porque me dices este texto y porque yo te respondo esto otro. También la necesidad de conocer mi personaje, aprender a observar cada detalle del actor o actriz frente a mí en una escena determinada, buscar el sentido por el cual me mira de ese modo, sus emociones y a partir de su reacción ver que provoca en mí dicho efecto. En esencia, se trata de aprender a escuchar al otro personaje.

El trabajo con Yia Caamaño fue delicioso. Hablábamos tanto dentro y fuera del horario de ensayo o de grabación, estábamos tan compenetrados que logramos en diferentes escenas, con solo una mirada o un gesto, decirnos muchas cosas.

Hubo ocasiones en que no necesitábamos tener diálogo porque podíamos hablarnos sin que mediara palabra y ese diálogo interno, el espectador ha sido capaz de leerlo entre líneas. Y sí, estoy feliz de haber formado parte del elenco de En tiempos de amar, estoy más feliz aun por el trabajo con Yia y espero que la vida me ofrezca la oportunidad de volver a trabajar con ella.

Contigo trabajaron otros reconocidos actores y actrices de nuestro país como Nieves Riovalles, Héctor Echemendía y Beatriz Viñas, ¿cuáles fueron tus experiencias junto a ellos y el resto del elenco?

Además de todo lo bueno que me ha pasado a raíz de este personaje, fue una bendición compartir la escena con grandes actores. Un colectivo que, desde el primer momento, entendimos la importancia de poder enfrentar este trabajo como una familia, y esa fue la base que nos permitió desarrollar estos personajes al máximo.

Hoy, a dos años de haber grabado la telenovela, nos seguimos tratando y sintiendo como la familia Ramírez Sosa, a la que dimos vida en esta propuesta televisiva. Es inevitable cuando convives con un grupo de personas en un año de rodaje, durante 12 horas diarias, y que surgen pequeñas desavenencias o malos entendidos, resultado de tanto agotamiento.

A pesar de todo, en este caso, al menos entre los actores nunca hubo más que placer de encontrarnos cada día y trabajar sobre las escenas a grabar. Fue maravilloso conocer a actores con los que antes no había trabajado y cada uno de ellos me dejó, para mi crecimiento profesional, un pedacito de su arte y su talento.

Podría enumerar a cada uno de ellos, pero no sería justo, porque desde el más joven hasta el más viejo, desde el más experto al más novato, todos fueron muy necesarios en esta bonita empresa en que nos enrolamos.

¿Qué aportó a tu vida personal el personaje de Armando?

Armando, en resumen, es un personaje que no tiene personalidad, ni principios éticos ni valores. Y viendo las cosas inconcebibles que hizo, es una muestra de lo que no deberíamos hacer o lo que no es éticamente correcto.

Su modo de actuar nos hace reflexionar, ser capaces, aprender y defender lo que uno quiere. Afortunadamente nada tiene que ver este personaje con José Alejandro y es por eso que me entusiasmó la idea de interpretarlo porque era verdaderamente un reto.

¿Cuál personaje te gustaría interpretar para la televisión y por qué?

A mí me gustaría darle vida a cualquier personaje, no tengo predilección por ninguno en específico. El hecho de tener la suerte de desarrollar cualquier papel, sea con más o menos participación en el dramatizado, ya es un gusto y, al mismo tiempo, no deja de ser un privilegio.

Además, me regocija el hecho de poder darle vida y ver cómo camina, cómo actúa ante las situaciones que enfrenta, sus estados de ánimo, por qué está ahí, qué piensa y quiere conocer el público sobre él. Pero también he de reconocer que los personajes negativos siempre se quedan en la memoria del espectador y se disfrutan mucho más.

Un gran número de actores quisiera incursionar también en el cine. Algunos, por diferentes motivos, no llegan a trabajar en este medio, ¿qué propuestas de trabajo han llegado a ti?

Afortunadamente he tenido mis coqueteos con el cine en algunos cortometrajes de producción independiente y en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños. Pero no fue hasta ahora que tuve la suerte de formar parte del elenco de la película cubana Inocencia, del director Alejandro Gil, inspirada en la vida de los ocho estudiantes de Medicina que fueron injustamente fusilados.

Tengo una pequeñísima intervención con el personaje de un soldado español. Me ha gustado mucho conocer y disfrutar del proceso de rodaje porque es un lenguaje completamente diferente a la televisión y el teatro. Espero que sea la antesala para comenzar a incursionar en este medio que tanto me gusta.

Después de tu paso por En tiempos de amar, debes tener nuevos proyectos de trabajo. ¿Pudieras darnos detalles sobre qué pasará con tu carrera en lo adelante?  

Como te decía, ahora mismo estoy grabando la película Inocencia y para más adelante tengo planes de grabar otro capítulo de la serie Tras la huella. Continúo como presentador con mi programa habitual Para leer mañana, en el Canal Educativo los jueves a las nueve de la noche.

Igualmente está en proyecto trabajar con la compañía Vital Teatro, dirigida por Alejandro Palomino, y en espera de otras propuestas que me lleguen. Pero sí tengo muchísimas ganas de trabajar y todo lo que venga será para mí una suerte.

Eres parte del catálogo de la Agencia ACTUAR, ya para finalizar quisiéramos saber qué ha significado para ti ser miembro de esta institución.

Te responderé en pocas palabras. Significa pertenecer a una institución que durante muchos años ha representado a grandes actores y actrices de Cuba, así como a otros artistas de las Artes Escénicas. Con solo pensar que yo me encuentro entre todos ellos me enorgullece enormemente.

Versión de la entrevista publicada originalmente en el sitio web de la Agencia ACTUAR

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