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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Ana María Hernández Guerra: memoria viva del medio televisivo

Esta destacada profesional con 68 años de trabajo ininterrumpido recibió el Premio Nacional de Televisión 2020

Ana María Hernández Guerra

Ana María Hernández Guerra ama entrañablemente la labor que por más de tres décadas ha realizado en la Televisión Cubana (TVC). En su casa guarda con orgullo condecoraciones como la Medalla de la Hazaña Laboral, otorgada por el Consejo de Estado, o el reconocimiento Artista de Mérito y el Premio Pequeña Pantalla, que entrega la dirección de la TVC. Reserva en un lugar especial de su corazón ese día de 1997 cuando el presidente cubano, Fidel Castro Ruz, le entregó personalmente un diploma como Cuadro Destacado del Estado. De 53 personas propuestas en todo el país ella fue la seleccionada en representación del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT).

Recientemente, a Hernández Guerra le fue conferido el Premio Nacional de Televisión como parte de los festejos por los 70 años de la llegada a Cuba de ese medio masivo de comunicación. Es que Ana María, a lo largo de más de seis lustros, ha tenido a su cargo la preservación del patrimonio televisual registrado en actos políticos de primer nivel, así como en las transmisiones de la Mesa Redonda.

Todavía atiende el archivo que atesora unos 15 mil casetes y donde, en su opinión, están grabadas las actividades más importantes desde el año 1977 en adelante: intervenciones y comparecencias televisivas del Comandante en Jefe, sus viajes al exterior del país, el recibimiento de personalidades extranjeras, las innumerables tribunas abiertas protagonizadas por el pueblo cubano desde 1999 y en los años 2000, como parte de la Batalla de Ideas y el enfrentamiento a las agresiones y amenazas de los Estados Unidos contra la Isla.

Siempre ha asumido su deber en solitario. No ha encontrado a nadie dispuesto a consagrarse como lo ha hecho ella, “porque es una responsabilidad muy grande. La gente tiene miedo a que pase algo con un casete. Yo los presto, pero estoy atrás de la persona que lo solicitó para que me los devuelva”, explica.

Se precia de poseer una memoria prodigiosa. Cuando alguien la requiere para localizar determinado material de archivo, ella visualiza en su mente la ubicación, por fecha y tema, en cada estante de la videoteca de Cubavisión. “A mí me gusta servir a mis compañeros. Nunca me interesó que me pagaran por ese trabajo”, confiesa con orgullo quien en la década de los 70 comenzó a laborar en Tele Rebelde como programadora, luego de haber permanecido por 20 años en los ferrocarriles norteamericanos en su natal provincia de Camagüey.

Por problemas de salud vino a vivir a la capital. Su cuñado y su hermana la llamaron a la TV. Aunque al principio sentía temor por su desconocimiento de lo que eran las señales televisivas, poco a poco fue descubriendo la magia de ese mundo maravilloso. “Me quedé allí y hoy tengo tanto sentido de pertenencia que me considero como una madre y no me gusta que me hablen mal de mi hija”.

En 1975 se crea la Dirección de Estadísticas del ICRT, y como Ana María había estudiado esa especialidad en la universidad, le proponen la jefatura del nuevo departamento. En los años 80 le dan la tarea de dirigir el área de producción de video tape. Con la ayuda de sus colegas fue aprendiendo acerca de rutinas productivas que disfrutó muchísimo durante dos años, porque le permitían estar al día sobre lo acontecido en el país, qué se transmitía en vivo y cuáles programas eran grabados. Por aquel entonces, las instalaciones de Tele Rebelde radicaban en 23 y P. Cuando las trasladan para el edificio central de 23 y M, en 1982, Ana María, respondiendo a un llamado de Ovidio Cabrera, regresa al canal deportivo en calidad de jefa de transmisiones y para atender los actos políticos de primer nivel.

“Era una jefa estricta y no permitía que nadie llegara tarde. Entraba a las ocho de la mañana y a veces terminaba al otro día. Recuerdo un Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba en que el Comandante comenzó a hablar a las once de la noche y terminó de madrugada”.

En su mente están frescas también las Olimpiadas de Moscú 80 en las que, por la diferencia de horario, grababan a partir de las once de la noche y ella permanecía en su puesto hasta que todo concluía sin importar que fuera sábado, domingo o día feriado, muchas veces alejada de sus dos hijos. “Tenía un marido que no se ponía bravo. Él entendía la importancia de mi trabajo”, dice riéndose quien compartió el amor y la vida con el destacado deportista, entrenador y periodista deportivo Miguel Ángel Masjuán Salmón (La Habana, 1932-2016).

En medio de la pandemia de la covid-19, Ana María no ha cesado de interesarse por los destinos de su amada televisión. Aunque permanece en casa para resguardar su salud, cada jornada, cerca de las nueve de la mañana, llama por teléfono al máster de Cubavisión, a la sala técnica y al departamento de posproducción para dar el parte y conocer detalles acerca del tema y características que tendrá la emisión de la Mesa Redonda o de las reuniones de la Asamblea Nacional del Poder Popular, por citar unos ejemplos.

Otra de sus responsabilidades es preservar los discos con las grabaciones digitalizadas de los hechos más trascendentales registrados en más de cuatro décadas. Le preocupa sobremanera que con el proceso de digitalización se pierda gran parte de la historia del medio.

Cuando la llamaron para notificarle que recibiría el Premio Nacional de TV se le aguaron los ojos: “Nunca trabajé pensando en premios, pero sí me alegra que reconozcan lo que he hecho. Mis compañeros me quieren mucho porque, aunque era una jefa muy exigente, nunca avergoncé ni ofendí a nadie en público. He recibido más de 100 llamadas telefónicas. El fin de semana no me dejaban ni limpiar la casa de tanto que sonaba el teléfono. Hasta de España me llamó una compañera que fue mi subordinada en Video Tape. Mientras sepa mi nombre, mis dos apellidos, mi dirección y el número del carné de identidad, todavía puedo estar aquí”, concluye quien tiene en su haber 68 años de trabajo ininterrumpido.

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