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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

“Apuesto por un humor más universal, más trascendente”

La escritora Mayda Argüelles comparte sus criterios sobre el género humorístico
Sabadazo

Sabadazo

Mayda Argüelles es filóloga y editora. Este año salió a la luz su libro ¡Auxilio! o una mujer al borde de la no potencia, una obra que, según ella misma expresa: “Intenta enfocar con humor situaciones difíciles de su vida. Este es mi primer libro. Aún no me siento una humorista con mayúsculas, me queda mucho por aprender, y escribir para pulir mi oficio y mirada crítica. Yo, como editora, trabajé en una colección de libros de ese perfil durante varios años y, a partir de mi trabajo editorial, descubrí un día que también podía escribir humor. Provengo de una familia con una apreciable vis cómica, y creo que esto influyó mucho en mi formación”.

Sobre qué clase de humor le interesa como creadora, Argüelles comentó: “Me gustan mucho los humoristas que tienen la capacidad para jugar con el idioma, para sugerir cosas, no decirlo todo explícitamente.

“Me interesa hacer un humor que abarque todas las temáticas. No me gusta centrarme solamente en temas de la cotidianidad, como el salario, las dificultades con el transporte, etc. Aunque esos tópicos son importantes, me propongo siempre extenderme a otros menos explorados.

“Mi libro nació de un momento de tristeza, de pérdida, de desamor incluso. Volqué mi vida en esas páginas y eso me sirvió de catarsis, de mejoramiento personal. Siempre que yo terminaba de escribir historias me sentía mejor, disfrutaba, porque se trata de eso: escribir y disfrutar.

“También escribo pensando en los demás. Siempre busco que de mis experiencias las personas saquen algo positivo, y, si es sonriendo, mejor. La risa es terapéutica y muy sanadora”.

En torno a la programación humorística en la televisión, precisó: “En mi opinión hoy el humor en la TV tiene sus altas y bajas. Existen trasmisiones bien logradas (me refiero al programa de cada día, no al espacio como tal), y otras que se encuentran a la zaga en este sentido.

“Mantener una programación de humor meritoria es un reto, pues como se sabe hacer reír es más difícil que hacer llorar.

“Una de las causas de la baja calidad de algunos es la escasez de guionistas. La historia de la TV cubana posee ejemplos de excelentes programas humorísticos, como Detrás de la Fachada, que aunó la popularidad con la denuncia de males sociales que desgraciadamente persisten y persistirán, como la envidia, la banalidad, el egoísmo, la falta de solidaridad, el clásico “quítate tú pa´ ponerme yo” y toda la amplia gama de defectos humanos dispersos por el mundo. En ese camino hay mucha tela por donde cortar.

“Apuesto por un humor más general, más universal. No solo político, no solo social ni demasiado local, sino más trascendente.

“Extraño mucho, por ejemplo, un espacio como Sabadazo. Sería loable que el sábado el público vuelva a esperar con ansias un programa, como sucedía con el antes citado, en el que de manera agradable confluyan música y situaciones humorísticas.

“También es necesaria una mayor presencia del humor extranjero actual en la pantalla. Los televidentes miran con nostalgia espacios como Poné a Francella y Les Luthiers; es preciso no ver solamente propuestas repetidas en Contra el olvido, sino que el público cubano pueda disfrutar del humor foráneo contemporáneo.

“No hay razones que justifiquen un humor destructivo, humillante y burlón en demasía, sobre todo de conductas humanas inocentes o de la fealdad de las personas. Este género debe tener un enfoque constructivo, que invite a vivir, alentador, sin perder (y ojo con esto) las imprescindibles gracia y picardía inherentes al humor. De lo que se trata, insisto, es de alcanzar el difícil arte del equilibrio entre forma y contenido. Tampoco me inclino por el puritanismo exacerbado o mediocre, pues por ese camino llegamos al punto de que todo es malo y no es ese el sentido de mis conjeturas, cuyo fin es también promover la polémica y la creatividad.

“Aún persisten en los medios los chistes racistas (en menor cuantía que en otros tiempos, a mi modo de ver), homofóbicos (también en menor cuantía), machistas…, al igual que la representación excesivamente burlona de los ancianos, lo cual resulta un recurso facilista. Es importante balancear todo esto. No pretendo para nada desvalorizar y pulverizar lo que se está haciendo; de ellos me nutro; solo hago un llamado de alerta para evitar herir en lo posible la susceptibilidad de estos tipos humanos y la repetición de las mismas bromas o situaciones, buscando un mayor frescor en las puestas en escena”.

Sobre la formación actual del personal técnico y artístico para llevar el humor a la pantalla, la escritora acotó: “Hace falta mayor capacitación de guionistas, actores y directores. Se necesita gente culta para hacer programas de humor con calidad. Hay que leer mucho sobre humor y conocer a fondo a los grandes, de Cuba y del mundo, que han puesto en mayúsculas este género, para evitar caer en chistes banales, vulgares, monótonos, llenos de lugares comunes.

“A mi juicio el o la humorista no debe circunscribirse a los mismos personajes, a las mismas representaciones (por exitosas que hayan sido con el público). Debe siempre renovarse, reinventarse…, impregnado de una optimista actitud ante la vida.

“Hay que valorar más a los humoristas, reconocer más su trabajo, y en esto tienen mucha responsabilidad las instituciones culturales. Yo sueño con que el Premio Nacional del Humor sea tan respetado y anhelado como el Premio Nacional de Literatura o de Artes Plásticas, y por una mayor presencia femenina en todas las manifestaciones de este género”.

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