18 de julio de 2024

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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Ciencia ficción en la televisión cubana: por dimensiones desconocidas

Ciencia ficción

Todo lo que nos circunda representa eslabones que ayudan a cimentar nuestra cultura.  Esto que somos como sociedad y lo que se produce culturalmente a su alrededor, es un reflejo de la época en la que vivimos y cómo la vivimos. Cada género, corriente artística y tendencia de la cultura popular tiene un sentido, viene a llenar una necesidad expresiva. Desde esta óptica, podemos afirmar que la ciencia ficción ha cumplido un rol vital en el devenir científico y sociocultural de la humanidad, de la cual, la sociedad cubana no ha escapado.

Cuestionamientos éticos en torno a posibles descubrimientos, invenciones e intercambios con otras formas de vida han funcionado como las principales preocupaciones de la ciencia ficción desde su surgimiento, tan ligado a la literatura y la pasión por la ciencia del hombre del siglo XIX y el XX.

Pero la llegada, primero del cine y luego de la televisión, posicionaron al género en el centro del interés comercial y el gusto popular. Esta fascinación por la ciencia ficción se acrecentó al término de la Segunda Guerra Mundial, con producciones de mediana calidad que ponían en el tintero la posibilidad de nuevas guerras e invasiones, esta vez protagonizadas por criaturas de otros mundos, así como la posibilidad de otras dimensiones espacio-temporales y el desarrollo de invenciones científicas, no siempre para beneficio de la humanidad.

Las décadas posteriores maximizaron las infinitas posibilidades de la ciencia ficción, gracias al avance tecnológico y artístico de la televisión. Múltiples generaciones de adolescentes y jóvenes a nivel internacional crecieron viendo diversos programas donde la ciencia y la exploración de nuevos mundos le daban caminos posibles a sus inquietudes y orientación vocacional.

Cuba no estuvo ajena a esos productos audiovisuales que se generaban desde fuera y que traían una visión de la ciencia, no siempre acorde a nuestros intereses socioculturales. Por eso, generar ciencia ficción desde nuestro medio era un camino por el que realizadores y guionistas, tenían que pasar, pese a los impedimentos productivos y a las incomprensiones formales de ciertos argumentos con vuelos artísticos superiores a los acostumbrados en la pantalla chica.

Aunque muy poco de ciencia ficción se ha hecho en nuestro medio, han existido siempre dignos ejemplos que revolucionaron en su momento la manera de hacer televisión y de concebir dramatúrgicamente las obras.

Tal vez, uno de los más memorables hitos de la televisión cubana de los 90 sea la teleaventura de ciencia ficción y fantasía heroica, Shiralad: el regreso de los dioses. Con guion de los autores Chely Lima, Alberto Serret y José Luis Jiménez, Shiralad relata el viaje accidentado y los avatares de Nefertiti y el androide Mercurio, que quedan atrapados en un planeta con las mismas condiciones ambientales de la Tierra y que, por una paradoja del espacio-tiempo, se encuentra ubicado en una especie de Edad Media, que le confiere un discreto avance cultural y tecnológico al lugar. Allí Nefertiti y Mercurio serán considerados dioses, de acuerdo a una profecía que vaticina su regreso; allí también se desarrollará la trasformación de la “domi” Arejé en el guerrero Arak, para defender el reino del que es heredera y demostrar su valor.

Shiralad discursó con mucha eficacia sobre tópicos realmente caros para la ciencia ficción: el viaje entre mundos, la contradicción cultural entre dos civilizaciones opuestas, el riesgo o ventaja de la inteligencia artificial y las dualidades del ser humano desde lo psicológico, espiritual y sexual.

La serie significó una entrega, artística y productivamente arriesgada, por la época en la que fue realizada y por la complejidad narrativa para un espacio tan plural como las teleaventuras. Aun así, Shiralad: el regreso de los dioses, puede ser considerada una obra de culto y un ejemplo de que, con creatividad, astucia y buen manejo de los recursos productivos, se puede hacer buena ciencia ficción televisiva en Cuba.

Otra serie con senderos anecdóticos y preocupaciones científicas cercanas a Shiralad, fue El elegido del Tiempo. Con guion original de Cristina Rebull y dirección general del experimentado realizador Julio Cordero, El elegido… abordaba la posibilidad de los mundos paralelos y la confrontación de dos civilizaciones humanas opuestas. Albin, un hijo de los dos mundos, resulta ser el elegido del Tiempo, según una milenaria profecía que habla de una espada de luz, la cual solo el nacido del amor entre dos dimensiones podrá blandir. Llena de referentes literarios y culturales cercanos a diferentes mitologías, El elegido… abusó, quizás, de una teatralidad notable desde el guion y reforzada por la puesta en escena; pero la obra contó con grandes aciertos en la dirección de arte, vestuario, escenografía y fotografía, además de un abultado elenco actoral que supo dar lo mejor de sí en un seriado diferente, ambicioso y necesario.

Más reciente, en el territorio de los unitarios, la incansable realizadora Elena Palacios ha coqueteado en más de una ocasión con la ciencia ficción, para beneficio de sus obras con un marcado enfoque feminista. Historias relacionadas a los problemas éticos de las relaciones afectivas entre humanos y androides, así como los viajes en el tiempo, han sido una constante en telecuentos y telefilmes de la autora; Muñequita Linda, Satisfacción Garantizada, Se ha perdido una niña, entre otros, se apoyan en la ciencia ficción para discursar sobre temas que competen a esta sociedad en eterna construcción. 

Que la ciencia ficción forme parte de las búsquedas narrativas de nuestros dramatizados, no debería ser un camino difícil o poco transitado. No solo los contenidos foráneos de esta índole poseen la fuerza narrativa necesaria; también los nuestros la tienen.   

Discursar sobre preocupaciones humanas desde este género ha propiciado siempre espacios de reflexión y miradas filosóficas infinitas. Volver a la ciencia ficción, reimaginarla desde nuestros presupuestos estéticos y económicos, hacerla posible, ampliará el alcance representacional de esta televisión que construimos y defendemos cada día.

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