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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Crónica de una entrevista no anunciada

Octavio Rodríguez, Churrisco, conversa sobre su trayectoria en el humor
Octavio Rodríguez

Octavio Rodríguez

Octavio Rodríguez Fernández es una persona encantadora, muy querida y respetada por su trayectoria como actor y comediante “Churrisco”, capaz de provocar las más sonoras carcajadas solo con un gesto.

Asegura que esa vis cómica tiene sus antecedentes en la tradición familiar de ser polifacéticos. Su abuelo, Leopoldo Fernández, fue compositor, coreógrafo, actor cómico y jefe de la policía de Jagüey Grande.

La familia era numerosa, la integraban varios hermanos y cada uno tenía su especialidad, destaca que uno de ellos llegó a ser bailarín de Tropicana. “Había que ser artista”, apunta con su ingenio natural y la risa inconfundible.

Cuando tenía diez años, el joven Octavio asistió al teatro García Lorca para disfrutar de una puesta en escena de su tío Leopoldo Fernández, el inolvidable Pototo o Tres Patines.

También actuaban otros otros humoristas de la época: Zenia Marabal, El Chino Wong, y Obdulia Breijo, entre otros, dirigidos por su tío Leopoldo. Apreciando ese espectáculo, Octavio descubrió que quería ser artista.

Tiempo después debuta como cantante en el Teatro Mella, donde ganó un premio, pero finalmente decide convertirse en comediante y comienza a escribir sus propios textos. Se los enseña Virulo y a Carlos Ruíz de la Tejera.

Virulo lo lleva al Karl Marx cuando estrena “La Esclava”, y allí nace Churrisco, un personaje cómico que llena los teatros. Luego actúa en televisión, siempre con sus excelentes monólogos.

Durante una etapa de su vida, Octavio viaja a la ex Unión Soviética y se convierte en traductor de ruso. Cuando regresa trabaja como profesor de este idioma en la Universidad de La Habana, pero sus genes artísticos pueden más y se dedica completamente a la actuación.

En la televisión trabajó en el programa Joven Joven y otros de animación y monólogos; para el cine realizó un rol protagónico en el filme Nada.

Confiesa que cuando actúa se siente que flota en el espacio, que su mundo son los espectadores y cuando es reconocido, el corazón le late más fuerte. Por estos días vive muy emocionado por su merecida nominación al Premio Nacional del Humor 2016.

Por supuesto, para honrar la tradición familiar, su hijo, a quien el público ha bautizado como Churrisquito, sigue los pasos del padre, no solo siendo comediante y actor, sino asumiendo la conducción de espacios televisivos, como fue el caso de Entre tú y yo.

Entre chiste y chiste, Churrisco asegura que el actor humorístico le hace falta al pueblo, que tanto lucha, y “es beneficioso que de vez en cuando se olvide de los problemas cotidianos y el actor le arranque una carcajada”.

Además de asumir otros encargos profesionales, desde hace mucho tiempo se desempeña como presidente de la sección de humoristas de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

Fuera de Cuba su talento para el humor le ha ganado mucha admiración en México. Además, prepara ahora un proyecto para actuar en New York, con un programa titulado Al pasar los años.

Para despedirse, Churrisco sentencia: “la risa es un remedio para alcanzar metas y ser más felices”. Gracias a él por alegrarnos la vida con su buen arte.

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