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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

¿Cuándo se inauguró, en Cuba, la tv?

Una pregunta, en nuestra historia mediática, que puede tener dos respuestas

María de los Ángeles.

Aquella compatriota nuestra fue una dama impresionante, en el mejor sentido de la palabra.

Y no solo por sus 1.70 metros de estatura.

Muy joven, ya está en la gran pantalla, medio en el cual va a codearse con figuras como Jorge Negrete, Pedro Infante y Mario Moreno, Cantinflas.

En España, brilló en un espectáculo operístico que se mantuvo cuatro años en escena.

En el parisino Teatro Olimpia alternó con colosos como Josephine Baker, Maurice Chevalier y María Félix.

Nada menos que el maestro Ernesto Lecuona le dedicó la pieza Te vas, juventud, que ella estrenó.

Pero quizás, entre tantos éxitos, acarició preferentemente el obtenido encarnando al personaje de la alcaldesa Remigia, que hizo desternillarse de la risa durante veinticuatro años al público televidente cubano.

Claro está: hablo de ese ser inconmensurable que fue la actriz, cantante y locutora —del teatro, el cine, la radio y la televisión— que se nombró María de los Ángeles Santana Soravilla (La Habana, 2 de agosto, 1914 — febrero, 2011).

Entre los detalles biográficos que este humilde reportero anotaba, no mencionó un rasgo cardinal en la personalidad de María de los Ángeles: su condición como decidida mujer emprendedora. Les juro que abordaremos el asunto en posteriores líneas de este artículo.

Vayamos al ayer

Siempre he sospechado que cuando a los hermanos Mestre, super empresarios de los medios de difusión por el éter en Cuba, les mencionaban el apellido Pumarejo, se les revolvía la bilis.

El primer encontronazo ocurrió en 1950, cuando, tras una puja colosal con los santiagueros Goar y Abel Mestre, el santanderino Gaspar Pumarejo logra sacar al aire la señal televisiva cubana –en blanco y negro—desde unos estudios improvisados dentro de la casa de sus suegros, en la habanera intersección de Mazón y San Miguel.

Y hasta hoy se menciona a 1950 como el año inaugural de la televisión en nuestro país.

Ah, pero hay quienes mencionan otra fecha.

Para dar los detalles al respecto, hemos de hacer regresar nada menos que a María de los Ángeles Santana.

En 1946 la vedette viaja a Nueva York, en compañía de su segundo esposo, el publicista Julio Vega, uno de los pilares de la antigua CMQ.

En la Gran Manzana les espera una sorpresa colosal: boquiabiertos contemplan ese gran espectáculo: la televisión. Y deciden llevar a su tierra tal maravilla.

De manera que se ponen al habla con la compañía Dumont, donde adquieren una cámara y varios telerreceptores.

Montarán un estudio en una sucursal automovilística, situada en la esquina de La Rampa y P, Vedado, desde donde comienzan a transmitir señales televisivas que cubren un área circular de 30 millas de diámetro.

Los transeúntes que se movían por el Paseo del Prado observaban embobecidos las imágenes en movimiento que mostraban los televisores montados en las vidrieras.

Y aquí se impone una pregunta que puede tener dos respuestas: la televisión cubana, ¿se inauguró en 1946 o en 1950?

Que cada quien emita su opinión, de acuerdo con su buen tino y mejor parecer.

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