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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Cuidar la ética

El artista crea, ante todo, por una necesidad espiritual y por eso le es imprescindible, establecer relaciones de respeto en derredor

La ética en el ámbito artístico es tan importante como el oxígeno. Aunque percibimos un salario por nuestro trabajo, el artista crea, ante todo, por una necesidad espiritual y por eso le es imprescindible, establecer relaciones de respeto en derredor.

Para no remontarnos al concepto griego de ética, solo voy a comenzar este tema, recordando que la ética profesional abarca normas y valores morales que los profesionales de un sector deben acatar, al desarrollar su actividad.

Sin dudas, esos profesionales deben transmitir, mediante su ejemplo, valores morales a los que se unen al medio con el fin de preservar y dar continuidad a las buenas practicas que nos antecedieron. Mantener una conducta acorde a estos principios, aporta credibilidad, confianza y respeto hacia nosotros, hacia quienes nos rodean y hacia el hecho artístico. Artistas como Enrique Almirante, Héctor Hechemendia y Rosita Fornés, son paradigmas a imitar en este asunto.

En el caso de Almirante, nunca olvido la amabilidad con que trataba a todos. Con la generosidad de su experiencia, no escatimaba un elogio si lo consideraba merecido. Hechemendía, por su parte, es un actor de gran trayectoria, que cumple con su rol sencillamente, como un miembro más del staff y con una disciplina admirable. La Fornés, a la que tuve ocasión de entrevistar, demostró largamente que la grandeza, cumple siempre con la autoexigencia y el rigor. A los tres los ha identificado la modestia, no como una palabra vacía, sino como sinónimo de calidad ética.

Me referiré a algunas fallas en las que hemos caído y estamos a tiempo de rectificar, si tenemos la intención de que, en nuestros medios, prevalezcan los valores éticos.

Cuando teníamos el gusto de grabar en los estudios de radio, sucedía en algún caso, que un actor dejaba solo a su compañero ante el micrófono, después de decir su último parlamento, para correr a cumplir en otro estudio o sencillamente para sentarse. La actuación necesita de interlocutores, tanto es así que, aun monologando ante la cámara, se produce una relación íntima entre el camarógrafo y el actor, pues siempre necesitamos nutrirnos de la emoción de quienes nos rodean.

Otra mala práctica que, lamentablemente, tiene lugar en algunas ocasiones en las grabaciones televisivas, es la falta de intencionalidad en algunos actores, cuando no son tomados por el lente. Abandonar al compañero, dejando de actuar porque nuestras reacciones no son visibilizadas y solo la cámara enfoca el rostro ajeno, me resulta una total falta de ética, he sufrido estas situaciones (en mi condición de actriz) y aunque acostumbro a superarlas con dignidad, es penoso que quienes cometen ese error ético, no tomen conciencia el descrédito en que incurren.

El comportamiento ético en nuestro medio abarca muchos aspectos, entre ellos: acatar las orientaciones del director, respetar el derecho de autor, mantener silencio en las grabaciones, cumplir con puntualidad y disciplina nuestros deberes, son muchas, pero ante todo, debemos sopesar su ineludible necesidad.

La desmotivación que en ocasiones sienten nuestros maquillistas por la carencia de materiales para trabajar, no puede ser justificación para que se emita una imagen descuidada en pantalla. Un vestuario mal planchado, un peinado descuidado, un comentario radial, televisivo o escrito sin rigor, afecta la calidad y el prestigio del medio para el que laboramos y la casa editorial que representamos.

Todo pasa por la ética y nos toca cuidarla.

 

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