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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Cultura y medios

Contribuir al discernimiento sobre las calidades de las propuestas de pretensiones artísticas es uno de los aspectos que debe formar parte de la agenda de trabajo de la Comisión permanente de Cultura, medios y redes sociales de la Uneac

Cultura y medios

Dotar a los públicos de los instrumentos para poder tener una valoración crítica de los programas radiales y televisivos, las películas, los espectáculos y los libros, y no dejarse arrastrar por las tendencias menos edificantes, porque no contribuyen al crecimiento humano, es una vieja aspiración de las artes, no solo en nuestro país, sino desde el surgimiento mismo de ellas.

Las primeras influencias que condicionan el gusto comienzan en el seno familiar, pero la escuela debe ofrecer opciones culturales que contribuyan a enriquecer la capacidad de apreciación más allá de las clases televisadas de música y artes plásticas que forman parte del programa educativo desde las primeras edades. La necesidad de una mayor y efectiva colaboración con el Ministerio de Educación, que convierta en realidad la aspiración de que la escuela sea el primer centro cultural de la comunidad, al cual pueden contribuir de forma significativo los intelectuales y artistas residentes en cada zona, es una posibilidad no suficientemente aprovechada.

Recitales, conciertos, exposiciones, presentaciones de libros y películas en las escuelas deviene un buen camino para crear un nexo entre los más jóvenes y la creación artística, además de aprovechar la existencia de computadoras en los centros educacionales para la proyección de materiales audiovisuales que se incluyen en La mochila (compilación de materiales digitales que preparan y distribuyen los Joven Club de Computación cada semana), por ejemplo.

Todas esas son variables para usar apelando al conocimiento como vía para distinguir valores, a la par de lo que se haya desarrollado en cada sitio como parte del programa de cultura comunitaria, pero los medios masivos tienen una alta responsabilidad no solo con la programación que ofrecen, sino también por los espacios dedicados al análisis, las valoraciones, las críticas y a hacer visible la polémica constante que se genera en torno a las producciones con propósitos artísticos.

El intercambio de opiniones de especialistas con los públicos puede resultar atractivo para los oyentes y los televidentes, una manera de conocer de dónde parten los juicios para preferir una obra u otra, así como de establecer un diálogo frecuente con la dinámica de consumo y las preferencias.

El Instituto Cubano de Radio y Televisión (Icrt) realiza un espacio con ese interés fuera de las cámaras y los micrófonos, asimismo, el Noticiero Cultural también se ocupa de analizar un tema cada semana, pero ello no es suficiente ni resultan todo lo llamativos posible esos empeños para atraer a los que no suelen estar interesados en los temas culturales, lo cual constituye el gran desafío.

En la década del 80 se “visualizaron” grandes debates que conquistaron interés de los públicos y llevaron a las pantallas y los micrófonos a importantes intelectuales, especialistas, conocedores y destinatarios. Visibilizar las opiniones, las contradicciones, las polémicas constituye un recurso valioso para enriquecer el discernimiento.

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