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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Daniel Villasana y el arte de la locución

Este profesional, acreedor de Sello Aniversario 95 de la Radio Cubana, confiesa: “la locución es mi vida, es mi pasión”

Daniel Villasana y el arte de la locución

Daniel Villasana Muguercias es de esas personas que necesitas tener cerca una vez que lo conoces; su sensibilidad, dulzura y sinceridad son atributos que adornan aspectos de su personalidad, por lo que muchos lo distiguen, se suman la inteligencia, el conocimiento y la entrega a la profesion que desde niño escogió y por la que siente una pasión especial: la locución. A ella le debe muchos aprendizajes, amistades y reconocimientos, entre los que destaca el haber recibido el Sello Aniversario 95 de la Radio Cubana.

Sus primeros acercamientos a la hermosa labor fueron cuando aún no llegaba a los diez años de edad, en la emisora La voz del Níquel (en Moa, Holguin), donde se inició en el programa dominical infantil Los niños de Moa, del cual recuerda haber presentado el tema musical “La gallina piruleca”, como estreno.

“Recuerdo que cuando salí del estudio y llegué a la casa, le dije a mi mamá: ´esto es lo que quiero ser. Seré periodista o locutor, me encanta hablar por micrófonos, estar entre cámaras y guiones´, y ese sueño se me hizo realidad”, confesó en un exquisito diálogo para En Vivo que ambos disfrutamos.

Otro mundo que atrapa a Daniel Villasana es el de la animación, en el que empezó de manera empírica, para luego prepararse profesionalmente, hasta lograr habilitarse y trabajar en la radio habanera. “Entré por Radio Cadena Habana, en 1997, como coordinador del programa juvenil Tiempo Joven, gracias a las habilidades que había adquirido como corresponsal de la Federación Estudiantil de la Enseñanza Media (FEEM), durante mis estudios en el preuniversitario Arides Estevez, del municipio Güines, en la otrora Provincia Habana”, comentó.

Las vivenicas en Radio Güines, como corresponsal de los espacios Sonido Joven y Porque soy Joven, aportaron mucho a su trabajo futuro, momentos que recuerda con el mismo agrado que Mi pequeñuelo, espacio infantil de 15 minutos que escribió durante algún tiempo. Otras incursiones como guionista regresaron a la memoria de este excelente comunicador: “recuerdo con agrado un programa musical destinado al público infantil que escribiera para Cadena Habana, Música Maestro, que también dejó mucha enseñanza para mi posterior consagración a la radio, medio en el que llegué a calificarme como director de programas, aunque había algo que llamaba mi atención de manera muy poderosa: la locución. Este arte, junto con la animación y la conducción de programas, son una posibilidad de altísimos valores para tocar, con palabras, las fibras más sensibles de las personas que nos escuchan, por lo que decidí centrarme en esta hermosa profesión”, apuntó.

Sus reconocidas cualidades como comunicador, las excepcionales dotes para aglutinar a personas de diferentes edades y pensares, conocidos o no, son sus principales herramientas de trabajo, lo que se evidencia en el vínculo que logra con los oyentes en cada uno de los espacios radiales donde ha dejado su huella. Muchos, en muestra de cariño y respeto, retribuyen a Villasana con halagos, visitas, mensajes o llamadas telefónicas que llegan desde cualquier parte de la Isla y fuera de los límites nacionales.

A las exigencias que reconoce en esta profesion, Villa también hizo alusión: “lo primero es ser una persona natural. Aunque siguiendo patrones de otros profesionales que han sido mis paradigmas, nunca los he imitado, o al menos he tratado de ser yo. Otra cosa muy difícil que identifico como exigencia es el dominio de las técnicas de locución, en ese tema debo reconocer lo mucho que han influido mis maestros Ángel Hernández, Luis Rubio Casanova y Antonio Pera, quienes me enseñaron que se es locutor ´cuando se está en el caballo y cuando se baja de él´, lo que he traducido en que no puedo dejar de ser un profesional de la palabra en ninguna circunstancia. Es algo que exige mucho esfuerzo y sacrifico, ya que existen muchos vicios en el habla, de los que es difícil desprenderse.

“Como exigencia de la profesion está también la necesidad de leer mucho, no me concidero un locutor de buena lectura a primera vista, por lo que me obligo a leer todo lo que encuentre a mi paso, exagerando y matizando la ejecución. Desafiante también ha sido el salirme de mi zona de confort, para conducir actos políticos, que tienen una carga de sentimientos diferente, al tiempo que una potencia profesional superior, porque exigen exactitud en la lectura de los textos y no permite improvisaciones”.

De igual manera, el entrevistado hizo referencia a la necesidad de autosuperación, una de las demandas más fuertes de la profesión que desempeña, porque tener conocimientos de todos los temas es imprescindible en el éxito de la labor; en tal sentido apuntó: “un locutor debe conocer de todo un poco para poderse defender y hacer con dignidad programas de diversa índole (musicales, informativos, científicos o revistas variadas) que demanden del diálogo con los oyentes. Esto me obligó a convertirme en un lector constante, lo que me ha dotado de mayores conocimientos y posibilidades para la improvisación y el intercambio, en el mundo de la radio y en el del espectáculo”.

Su versatilidad profesional lo ha ubicado en diferentes escenarios, pero sin dudas, uno de los que más disfruta es el Carnaval de La Habana, fiesta popular a la que está vinculado hace 13 años y de la que comentó lo siguiente: “es un reto enorme por lo diferente de su escenario y las exigencias de un público tan heterogéneo. Eso me obliga a ser empático y claro, tener la energía necesaria para la transmisión de emociones y, sobre todo, explicar con énfasis y fuerza interprtativa qué está sucediendo y los elementos fundamentales de la historia de las unidades que estén desfilando. Ese evento me encanta, allí me divierto muchísimo, al mismo tiempo aprendo y me crezco cada noche, con mucho profesionalismo, para que el público reciba un producto comunicativo de calidad”.

No muchos han sido los paradigmas para Dani Villasaña, nos asegura en la entrevista que desde su etapa estudiantil admira la manera de Julio Acanda como locutor y luego como periodista, Laritza Ulloa es otro de sus patrones, a los que suma al desaparecido Franco Carbón, de quien distingue la agilidad para coversar y la taquilalia propia (decir rápido las cosas, logrando un entendimiento fácil por parte del público). Dento de sus contemporáneos, destaca a Guillermo Rivero, de quien resalta su manera desenfadada de decir, reconociéndolo como directo y sencillo en el afán de comunicar.

Tres espacios de la radio cubana tienen, en la actualidad, el sello sonoro de Daniel Villasana Muguercias en la condución: Cantares de Cuba y Acompáñame, de Radio Taino, Buenos Días Ciudad, de Radio Ciudad de La Habana. La locución radial, él la simultanea con la animación de espectáculos nocturnos. Su impronta ha quedado en otros espacios por los que ha transitado con la potencia de su voz: Frecuencia Total, Visión, Así y Música Viva (Radio Rebelde), del último resaltó el impacto en el público y la valiosa contribución a su formación y desarrollo. “Para mí fue un privilegio y un honor estar en ese colectivo por nueve años, agradezco a Iván Jane y a mis maestros Luis Ríos Vega y Ramón Espígul, son programas que, aunque ya no los hago, forman parte impotante de mi vida y mi carrera profesional”.

Como reconocimiento de esta rica historia, nuestro entrevistado recibió el Sello 95 Aniversario de la Radio Cubana, otorgado por la Direccion de la Radio del Instituto Cubano de Radio y Televisión (Icrt) en 2019. “He recibido muchos diplomas y reconocimientos, pero este es el primer lauro oficial que llega a mis manos, ha sido como recibir un Oscar o un Grammy, salvando las distancias, creo que hay otros compañeros con cualidades para merecerlo y me siento halagado y comprometido por eso.

“Como dije antes, la radio es mi vida, es mi pasión, así que recibir ese premio me remueve emociones y recuerdos de momentos alegres y tristes. He tenido que vivir en este medio muchísimas emociones, me han subido, me han bajado, me han quitado y puesto, me han sancionado con o sin razón, pero nunca he perdido el amor por la radio”.

Dentro de su curriculum de trabajo se pueden encontrar muchos otros elementos que no han sido develados en este diálogo, por ejemplo, el aporte de Villasana a la formación de nuevos profesionales, o la impartición de talleres de locución a niños y a maestros, el apoyo a los amigos que gustan de esta profesión, aunque no la ejerzan, eso se correspone con una de sus premisas de vida: “dar de gracias lo que de gracias recibes. Si tengo el don de la palabra, algo que descubrí dese pequeño, por qué no ayudar a otros, como mismo hicieron conmigo, abriéndome los caminos en esta difícil profesión”.

Su buen humor es otro de los rasgos de su carácter, eso también se hizo presente durante el diálogo: “De aquí a diez años me veo delgado, muy atlético, haciendo el programa de televisión que ahora me falta, y creo que para lograr esa buena figura y notable juventud a la que aspiro, debe detener su marcha el dios Cronos, y en eso estoy enfrascado desde ahora. Tengo 45 años de edad, pero me siento de 27, por lo que en una década estare de 37”, dice sonriente.

¿Es Daniel Villasana Muguercias un hombre realizado?, fue la pregunta reservada para el final de la entrevista, y la respuesta no se hizo esperar: “soy muy feliz, gracias a Dios. Realizado desde el punto de vista profesional aún no estoy, me falta lograr un espacio en la televisión cubana, tal vez es que soy un hombre de radio, pero me falta eso para completar una realización profesional. Me encantaría  que fuera un informativo que me ofreciera posibilidades para trabajar la información y la noticia, o una revista musical que me permita alegrar a quienes estén del otro lado de la pantalla”.

A los locutores que están por llegar también dejó sus recomendaciones: “la disciplina y el estudio son dos elementos muy importantes, el hecho de tener un documento que te avale como locutor, no te hace un profesional de la locución, eso solo se logra con la carrera diaria, el estar a diario ante el micrófono y trazarse metas cada vez más ambiciosas, la preparación y el estudio constante. La cabina de radio es la mejor escuela para formarse, desde allí se demuestra, a uno mismo, las capacidades y los conocimientos generales que se tienen y qué nos falta, por eso les recomiendo aprovechar la oportunidad que les brinda ese espacio”.

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