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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

El controvertido origen de la novela radial cubana

Acercamiento a la historia de la radio en Cuba

La naturaleza electrónica de la radio y la televisión les hace compartir a ambos soportes tecnológicos disímiles prácticas mediáticas.

En consecuencia, es realmente imposible profundizar en la investigación histórica de la televisión, sin conocer los modos de hacer del reino sonoro precedente, cuyo empuje le permitió coexistir con el arrollador auge del audiovisual doméstico.

Tras una corta etapa de mimetismo, nuestra pequeña pantalla reconvirtió los géneros y formatos de programación generalizados en EE.UU. A los cubanos no nos bastó con asimilar su relación contenido-forma, estructura y códigos básicos, sino que en un efectivo proceso de transculturación: reconvertimos sus esencias para adecuarlas a nuestra idiosincrasia y entorno histórico-cultural.

La distorsión de la historia suele aparecer al paso del tiempo, ante la ausencia de una investigación teórico–histórica rigurosa carente de la necesaria socialización. La historia de la radio cubana, quien próximamente celebrará el siglo de emisión de sus primeros contenidos habituales, abunda en múltiples percepciones sociales arraigadas en el imaginario colectivo.

Entre nosotros —e incluso en el sector académico de América Latina— pervive la convicción generalizada de que nuestra primera radionovela fue El derecho de nacer, con autoría de Félix Benjamín Caignet, cuando la realidad histórica fue otra.

En 1937, entidades norteñas de bienes de consumo intentaron convertir a nuestra Radio Progreso, en la plataforma de lanzamiento de sus primeras radionovelas (soap operas) hacia América Latina. El ambicioso proyecto no fructificó, debido a sus divergencias con las esencias de nuestra idiosincrasia histórico-cultural.

Para 1939, Luis Aragón Dulzaidez —el famoso creador de La hora múltiple y de otros hitos mediáticos cubanos[1]—organiza en CMQ Radio, el concurso de Los precios fijos con el objetivo de hallar los protagonistas[2] de las primeras radionovelas de esa planta. Tras su culminación, esta cadena nacional estrena el primer espacio habitual del género cubano, donde difunde las primeras adaptaciones de aquellas famosas novelas literarias que llegaban de Europa.

Al inicio de los años 40 pasados, el español Leandro Blanco —residente en nuestra tierra desde años atrás— escribió la primera novela radial original cubana.

El relato, denominado Ave sin nido, conmovió a la industria cultural regional desde su primera versión cinematográfica mexicana y su extensa versión difundida por la potente emisora azteca XEW, quien la proyectó hacia las más importantes plantas de América Latina. 

En paralelo, surgieron Por la ciudad rueda un grito, de Reynaldo López del Rincón[3] y El collar de lágrimas, de José López de Arcilla, ambas escritas expresamente para nuestra radio.

Casi de inmediato, el modelo latinocubano —inspirado en la narrativa europea de filiación melodramática y romántica propagado en la región por el folletín impreso— encuentra en los factores culturales comunes del nuevo continente el entorno óptimo para su generalización.

Casi de inmediato, La novela del aire, de RHC Cadena Azul —el más famoso espacio habitual del género— iniciado con adaptaciones y originales de diversos autores, expande la radionovela por todo el sistema radiofónico nacional y finalmente, en todo el universo hispanoparlante.

Tras su su rotundo éxito de Las aventuras de Chan Li Po, difundido en 1937, por la radio habanera, Félix Caignet estrena en RHC, Cadena Azul, sus aventuras heroicas para adultos y sus primeros relatos melodramáticos.

En abril de 1948, Caignet debuta en CMQ Radio con la radionovela El derecho de nacer, donde reitera el conflicto moral existente en la intolerancia social a la maternidad fuera del matrimonio. Su impacto desencadenó un fenómeno comunicativo de tales proporciones, que aún pervive en la memoria de nuestro continente.  

Al afirmar que El derecho de nacer fue la primera radionovela de Caignet y de Cuba, ignoramos las primeras obras radiales de este ilustre santiaguero.

Entre 1937 y 1948, en el sistema radial habanero, decenas de prestigiosos creadores compartieron con este autor el complejo proceso de crear una variante radial distanciada en sus esencias del modelo estadounidense.  

Porque honrar, honra, no es baldío revisitar nuestros archivos olvidados para conocer y recordar sus aportes al patrimonio radial y televisivo nacional, que es también el de las Américas y de Iberoamérica.  


[1] La primera revista cultural radial cubana.

[2] Entre los primeros premiados estuvo la actriz Elvira Cervera.

[3][3] El grito en cuestión era HAMBRE. El entorno eran las villas miserias cubanas. Con ello se inaugura la radionovela social en la Región.

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