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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

El cubano que estremeció a la radio

El primero de abril de 1948 debe ser marcado con un hito, una piedra miliar en la historia de nuestra radio
El derecho de nacer

El derecho de nacer

Como con frecuencia sucede, aquel asunto tuvo muy modestos, apagadísimos orígenes.

El 31 de marzo de 1892, en el sanluisero pobladito Santa Rita de Burene, a la familia francohaitiana Cainet-Salomón le llega un mulatico. Otro más, al cual bautizan como Félix Benjamín.

Pronto el chiquillo estará dejando turulatos a sus mayores. Aún no sabe leer, pero anda por la casa recitando versos que nadie entiende. (Cuando pase el tiempo, las multitudes estarán ansiosamente atentas a lo que genere su cerebro).

A los siete años su familia se traslada hacia Santiago. Y se cuenta que él anda por aquel entorno —saturado de folklore— con la oreja presta para historias de viejos cuenteros.

Cuando llega a su joven adultez lo hallamos como mecanógrafo en un tribunal de justicia. Entre acusaciones de fiscales y atenuantes que esgrime la defensa, su siempre despierta mente va tomando notas, que lo llevarán a estrenarse como periodista, con reportajes sobre sonados casos que allí se ventilaban. Simultáneamente, está escribiendo obras teatrales y practicando la ventriloquia.

Aquel ser multivalente incursiona en la música, para legarnos un clásico del pregón cubano: Frutas de El Caney.

Y llega el momento en que se suma a un medio donde se movería como el pez en el agua: la radio. Escribe programas para los niños y crea el personaje de Chan Li Po, el detective chino.

Pero aún no ha arribado el momento que lo inmortalizaría.

Y en eso… llegó El derecho…

El primero de abril de 1948 debe ser marcado con un hito, una piedra miliar en la historia de nuestra radio.

Las ondas del Circuito CMQ comienzan a entregar El derecho de nacer, que llegaría al oyente de lunes a sábado.

Inicialmente, muchos comentaron: “Otro culebrón. Una nueva soap opera, una novela jabonera”.

Y no les faltaban razones a quienes albergaban tal sospecha. En efecto: el guion de El derecho… contenía elementos lacrimógenos característicos de los culebrones. La muchacha soltera de clase pudiente que está gestando. Los intentos de asesinar al bebé. La reclusión de la joven en un convento. Los buenos muy buenos, los malos malísimos. Y un largo etcétera.

Ah, pero detrás del reciente producto radial se hallaba el talentazo de Félix Benjamín Caignet Salomón. Y un elenco sobrecogedor: Enrique Santisteban, Alejandro Lugo, Ángel Espasande, Minín Bujones, María Varelo, Carlos Badías, Idalberto Delgado, Lilia Lazo, Luis López Puente se ocupó de la narración y Emilio Medrano se desempeñó como director general.

Desde que se transmitió el capítulo inaugural, el país cayó en un estado de histeria colectiva que se mantuvo a lo largo de las 314 entregas. Un testigo presencial anotó: “El Congreso de la República suspendió sesiones para escucharla; las iglesias cambiaron los horarios de las misas, los cines y teatros detenían la función porque de lo contrario el público abandonaba la sala”.

El 25 de mayo de 1976, cuando en su país natal falleció Caignet, se apagó un astro en el cielo radial cubano.

Quizás entonces le serviría como consuelo el comentario que alguien le dedicó: “Caignet elevó el folletín lacrimógeno a la categoría de la tragedia griega”.

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