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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

El desafío de ser otro

Acercamiento a improntas de personajes legendarios

El vocablo drama, procedente del griego, significa hacer o actuar; de ahí su vínculo con la acción, esta es indispensable para que en el relato ocurran cambios significativos. Igual sucede en la vida “real”, las acciones de cada persona influyen en variaciones de actitudes, opiniones o influencias sobre otros humanos.

Las narraciones audiovisuales revelan valores (solidaridad, amistad, justicia) mediante personajes o tipos, los cuales permiten exponer hechos históricos, posturas, actitudes, conductas, expresiones gestuales, lingüísticas, maneras de ser y hacer que los públicos ven, analizan o reproducen sin ser conscientes de ello, en ocasiones.

En su decálogo, el escritor mexicano Juan Rulfo destaca entre los aspectos indispensables para contar una historia: la creación del personaje, decidir el ambiente donde se va a mover y cómo hablará.

En nuestro país, actores, actrices, guionistas y directores han desarrollado el pensamiento creativo -nunca es unívoco, previsible- en beneficio de la dramaturgia del espectáculo que se presenta en concatenación y simultaneidad de diferentes núcleos de acciones o episodios.

Figuras renombradas han creado disímiles personajes para el teatro, la radio y la televisión; los llenaron del vigor necesario para que tengan una larga vida y se mantengan en la preferencia de varias generaciones.

Alberto Luberta, decano de la Radio Cubana, creó en Radio Progreso, para Alegrías de Sobremesa, personajes vivos, con piel, vocabulario, indumentaria, identidad e idiosincrasia propia. Sin dudas, trabaja con imaginación, poder intuitivo y verdad artística.

Por ello ha conseguido que Aurora Basnuevo sea Etelvina; esta actriz es consciente de la importancia de ser, ante todo, orgánica, versátil, irrepetible, creadora de un estilo.

Inolvidables son Luis Carbonell y Carlos Ruiz de la Tejera, dos maestros en el arte de la actuación. Cada uno tuvo su decálogo propio, construido paso a paso, sin apresuramientos, mediante estudios, dedicación, disciplina.

En ellos perduró la dramaturgia dinámica, en la cual se componen, entretejen, ritmos, acciones físicas, vocales, del actor en busca de la estimulación sensorial de los públicos.

Brillaron por la particularidad de la apropiación artística que legitimó el acto de ser otros en épocas y circunstancias diferentes.

Andaban con los ojos abiertos, el oído atento, la atención aguzada; supieron captar lo humano y lo trascendente, lo pequeño y, quizás, lo apenas visto con la mirada rápida, pero quedó en el fuero interno como huella, luego salió a la piel, al alma, de mil maneras en palabras, gesticulaciones, en una sonrisa discreta.

Las imágenes que acompañan este texto, además de reconocerlos por sus nombres: Luis Carbonell, Carlos Ruiz de la Tejera, -lamentamos la pérdida física de ambos-, Aurora Basnuevo y Alberto Luberta, evocan la trayectoria de creadores que nunca han dejado de preguntarse: ¿cómo puedo hacerlo mejor?
Los públicos contemporáneos son productores-consumidores, seducirlos requiere una labor consciente, persuasiva. No olvidemos que en el teatro la información visual genera en los espectadores un compromiso cenestésico, o sea, la sensación interna en el cuerpo, de movimientos, tensiones propias y ajenas.

En cambio, la radio y el audiovisual proponen otros lugares, “ciertas” lejanías que el creador capaz siempre declara inexistentes, pues sabe cómo cautivar, definitivamente, a los públicos.

Carlos Ruiz, Luis Carbonell, Luberta y Aurora son referentes para consagrados y jóvenes talentos, quienes deben reconocer en ellos una escuela, la cual ha dejado savia propia en la cultura cubana.

En la representación, todo texto propone enigmas y complejidades que requieren de un análisis acucioso. El consumo del audiovisual, como parte de los nuevos modos de construcción y ejercicio de la ciudadanía, forma parte de un proceso de enseñanza-aprendizaje reflexivo, unido a su sentido de entretenimiento.

Nunca olvidemos que el arte puede ser un espejo leal de la realidad, incluso tan verosímil como ella misma, pero no es la realidad, sino la construcción de una vida-otra, la cual puede o no mejorar la propia, todo depende de la artisticidad de los implicados en el juego narrativo, en especial, para cada espectador. Manténgase alerta.

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