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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

“El motor de arranque crecerá en la misma medida que también podamos crecer nosotros”

Conversación con Juan Carlos Travieso, director del espacio humorístico recientemente finalizado

Presentadores del programa

Como toda propuesta artística, El motor de arranque tiene seguidores y detractores, pero lo cierto es que la indiferencia no pudo encontrar a este programa que arrancó en un momento en que el televidente necesitaba encontrar —tal vez más que nunca— un espacio que arrancara en lo posible la tensión de días marcados por una pandemia.

De media hora en Canal Habana, el salto a una hora por Cubavisión, acompañado de un making of que, si bien constituía producción independiente, no se desprendía de la esencia del programa, ese fue el primer reto importante al que se enfrentó un equipo de trabajo que nunca temió al desafío.

Por ahí aparece el más importante acierto; el segundo: proponerse hacer sonreír en época de dolor, aun cuando la carcajada no fuera el punto final. Y para eso regresaron a la pequeña pantalla personajes que desde hace algún tiempo no formaban parte de la parrilla habitual de programación. Tal es el caso de Reuel Remedios (Lindoro Incapaz), Leonardo Santiesteban (Maraca, Pepitín y Koqui) y Moisés Rodríguez (Maestro Johan Estupiñán).

A esto se suma poder disfrutar de monólogos que ya se van convirtiendo en indispensables dentro del ámbito humorístico, como el de los viajes protagonizado por Jorge Díaz, y el de las costumbres, a la manera de Otto Ortiz.

De la inserción de Tomasita Quiala, creo que pocas veces ha habido tanta aceptación de un invitado como ella por parte del equipo de trabajo y del público. La artista fue “sacada” de su zona de confort, por decirlo de alguna manera, y funcionó con su espontaneidad y exigente prontitud no solo para salir airosa de los pies forzados, sino también por su capacidad de llevar a los músicos (todos de probada calidad) a su tempo de décimas y puntos.

En ese sentido, Ray Fernández, al frente de La Barbarie Semiótica, ganó aplausos con todos los temas creados para el espacio.

Plato fuerte desde la visión inicial del programa resultó la competencia de imitadores, la cual para próximas ediciones tal vez podría insertarse más en la propia dinámica del programa y no quedar como un momento más. Realmente, aun siendo desigual en muchas oportunidades, salieron a relucir improvisadores muy destacados, y lo mejor, la cantidad de videos que a través de las redes sociales llegaron fuera del tiempo de competencia, entre ellos, algunos de niños que valdría la pena tener en cuenta para próximas temporadas.

Jorge Bacallao, en su doble condición de guionista y actor dentro de las emisiones, logró ir imprimiendo una dinámica importante al espacio, sobre todo en el momento de la entrevista a los invitados. El hecho de ponderar la antientrevista, además de lo risible, logró en la mayoría de los casos avivar la reflexión del televidente, uno de los elementos que con más rigor se propone el espacio.

Luego de esta visión personal no quería quedarme solo en ella, y por eso, tal y como se inició la promoción del programa quería terminar con una valoración de su director, Juan Carlos Travieso, gestor de una propuesta que concibió bajo el criterio de creación colectiva, otra de las fortalezas del programa.

¿Qué sabor te deja esta edición del programa?

–Yo terminé muy contento con el programa, aunque sé que hay muchas cosas que cambiar y mejorar para nuevas ediciones, pero después de editar los programas no me senté nunca más a verlos hasta el día en que salieran al aire, intentando tener un distanciamiento necesario para poder disfrutarlo como público.

“Y así fue. En casa lo veíamos mi esposa, mi hija y yo juntos en el momento de la transmisión televisiva y veía también sus reacciones. Ellas me habían acompañado en todas las grabaciones y, por lo tanto, conocían ya muchos de los chistes y momentos, y yo intentaba identificar qué momentos del programa habían funcionado mejor.

“Pero en la valoración interna que hacíamos domingo por domingo del programa, con el equipo a través de un chat colectivo, fuimos evaluando qué funcionó mejor y dónde falló cada programa. Y eso fue un ejercicio muy bueno.

“Recogimos todas las semanas las opiniones en las redes sociales, leímos y atendimos cada una de las críticas y sugerencias; sobre todo valoramos mucho las que recibimos con respeto y de ellas sacamos muchas enseñanzas. Este tipo de programas lleva siempre un proceso de retroalimentación que te va señalando el camino.

“Hace unos días salí a la calle con un pullover del programa y muchas personas miraban el cartel y me preguntaban si era parte del equipo, luego daban una sonrisa y una felicitación.

“Lo más importante para mí es que el público identificó que estábamos intentando hacer un programa diferente, que no era el mismo al que ellos estaban acostumbrados como espectadores. Y yo digo que ese es el premio mayor: saber que logramos cambiar determinados códigos en los receptores”.

¿De las expectativas iniciales, cuáles quedan satisfechas y en qué nuevos rumbos trabajarías en próximas ediciones?

–Trabajaríamos en un reacondicionamiento de la escenografía para tener un mejor uso espacial en el programa. Esta vez nos dimos cuenta que nos quedaba un poco grande y este tipo de programa se puede hacer perfectamente en un espacio menor.

“También procuraríamos un diseño más serio de personajes en el programa, hacer un casting para imitadores. Esto nos permitiría identificar los mejores talentos en todo el país. Un nuevo diseño de producción implicaría tener más guionistas, rotar los roles de los actores en el espacio y tener más tiempos de ensayo”.

¿Hasta dónde el motor y el público pueden crear una alianza en busca de otra sonrisa?

–Considero que la retroalimentación es vital para un programa como El motor… Juntos podemos lograr muchas cosas. De hecho, tenemos ya una comunidad de seguidores en Telegram, personas que aportaron mucho, aun cuando los programas ya estaban grabados.

“Hay que ver El motor de arranque como un programa abierto al cambio, que se concibe desde otras dinámicas. El estatismo no nos va a favorecer nunca, tampoco la repetición, ni aplicar las mismas fórmulas a todo. Si queremos hacer un programa de humor inteligente, el pensamiento debe ser una prioridad para el equipo.

“No podemos darnos el lujo de hacer humor facilista. Eso no lo podemos permitir. El programa crecerá en la misma medida que seamos capaces de crecer nosotros”.

Fotos: Jorge Carlos Rodríguez Orue

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