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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Enrique: un hombre total

No caben dudas: Enrique Santiesteban enseñoreó nuestro mundo actoral
Enrique Santiesteban

Enrique Santiesteban

Enrique vino a este mundo en el invierno de 1910. (Suponiendo que en nuestro abrasador litoral del sur oriente exista algo que se parezca al invierno).

Sí, frente al Guacanayabo, ese golfo que la imaginación desaforada de un compositor transformó en bahía.

Claro está: hablo de Manzanillo.

Pero no tuvo tiempo para aficionar su paladar a la liseta, pez emblemático de aquella zona.  O sea, no llegó a graduarse de manzanillero, pues su familia se trasladó hacia La Habana cuando él solo contaba con cuatro añitos

Todo comenzó zigzagueando

En La Grande —como dice el pueblo— cursa estudios hasta graduarse de bachiller. Y matricula la carrera de Medicina.

Corren los años 30 y manda en Cuba cierto monstruo que algunos apodan Mussolini tropical, mientras otros prefieren llamarlo Asno con garras. Un ser de pesadilla que ordenaba inyectar ácido muriático en los testículos de sus adversarios prisioneros.

El gobierno clausura la Universidad, cuando Enrique solo ha aprobado dos años de la carrera.

Pero a él —espíritu fuerte— no lo deja anonadado tal fracaso. Pronto lo encontramos como músico, en el conjunto Los Maya, frente a una batería y cantando música norteamericana. En giras con el grupo iba a recorrer varias naciones latinoamericanas.

En 1936, es locutor de Radiodifusión O’Shea. Riéndose de sí mismo, recordaba que allí tuvo sus primeros desempeños “actorales”, si de esa manera podían ser calificados. Cuando faltaba a una grabación algún actor de reparto, lo invitaban a intervenir, con parlamentos elementalísimos, como Pase adelante o Señora, le preparo el automóvil. Sería el umbral de una exitosísima carrera en radio, televisión, cine, teatro.

Sí, la trayectoria que entregaría al público cubano durante siete años en la CMQ Radio, un convincente Tarzán. Y que nos iba a regalar, un día, a Otelo, otro a Macbeth y un tercero a Enrique VIII. O al galán que, con su voz de privilegio, haría suspirar a las damas cuando les susurraba aquello de “Bebe de mi copa, pequeña”. (Claro está que, si de personajes se trata, no puede quedar en el olvido Plutarco Tuero, el alcalde tan inmoral como bruto, que desde el programa San Nicolás del Peladero nos hizo retorcernos de la risa durante dos décadas).

Otra cara de aquella valiosa moneda

No caben dudas: se enseñoreó de nuestro mundo actoral.

Pero el asunto estuvo acompañado por otra faceta. Digámoslo con todas sus letras: ¡Enrique fue una buena persona!

María de los Ángeles Santana, en su libro de memorias Yo seré la tentación, nos recuerda cómo él constantemente propiciaba en los actores jóvenes la seguridad en sí mismos. Y agrega la inolvidable actriz: “Era un ser vital, apasionado, vivaz, y uno se sentía fascinado enseguida si lo tenía cerca… Experimenté la inmensa satisfacción de tratar a un amigo que sabía expresar la palabra sensible para alentarte a vivir…”.

Y él, a quien se le hubieran abierto muchísimas puertas bajo cielos extraños, permaneció aferrado a la tierra natal hasta el último aliento.

Este humilde “emborronacuartillas” prometió en el título rememorar a un hombre total. Y eso fue, sin que le faltase un adarme, Enrique Santisteban Xiqués.

Fuentes

http://cinelatinoamericano.org › cineasta

http://www.habanaradio.cu/articulos/enrique-santisteban/

https://teleyradio.blogia.com/2010/111001-los-100-de-enrique-santiesteban

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