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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Entre luces y cámaras: ¿late un tic-tac?

El periodista Vladimir Prieto recuenta sus años de aprendizaje en Radio Reloj

Periodistas por aquí, técnicos, especialistas y productores por allá. En la atmósfera del Instituto Cubano de Radio y Televisión fluyen el peso de la historia y la responsabilidad.  Casi todos los que concurren en su vetusta y resistente armadura de concreto viven una carrera sumergida entre sueños, interrogantes y mucha labor.

Es la realidad más inmediata, vivir el presente del día a día. Entre tanta vorágine, Radio Reloj decidió adentrarse en la redacción deportiva de Tele Rebelde en busca de Vladimir Prieto, quien hace casi media vida disfruta y padece esa apasionante profesión que el genial escritor Gabriel García Márquez, bautizó como “el mejor oficio del mundo”.


Nuestro protagonista no siempre prefirió las cámaras y las luces, hubo varias estaciones en las que se forjó profesionalmente bajo el compás del tic-tac de Radio Reloj.

“Llegué a Radio Reloj en el último año de mi servicio social, después de haber cumplido misión internacionalista como corresponsal de guerra en Angola, aclara Vladimir Prieto. Me gustaba al inicio la prensa escrita, y paradójicamente la vida me premió con laborar en Radio Reloj, donde hay que lograr la síntesis en cada trabajo. Trabajé con los teletipos, tenía que hacer un minuto usando diez cables de diferentes agencias; eso me costaba tiempo, porque había que hacer el trabajo bien”.

“Trabajar con las antiguas máquinas de escribir me dio la destreza que hoy poseo; es fácil escribir en una computadora, si te equivocas, borras y no pasó nada, pero en una máquina de escribir cada error equivale a volver a empezar; por eso admiro mucho el trabajo de corrección que se hace en esta emisora”.

Y aunque ahora la televisión ocupa todo el tiempo de este periodista, hablar de Radio Reloj, recordar el tiempo que estuvo en la emisora de la hora y las noticias, se vuelve nostálgico.

“Acude a mi memoria la imagen de ese salón central lleno de gente en silencio, concentrados todos, trabajando para tratar de cumplir la norma de minutos por turno y sintiendo orgullo de su trabajo, algo que sabían transmitir a los nuevos que llegábamos, además del compromiso y su profesionalismo. Eso te inspiraba respeto y te hacía querer mejorar cada día.

“A Reloj tengo que agradecerle herramientas que me han sido imprescindibles en mi vida posterior como periodista”.

Cuando Vladimir comenzó en Reloj, la mayoría de sus trabajadores llevaban mucho tiempo ahí, la gente envejecía sin cambiar la plantilla porque, además, había mucho sentido de pertenencia, entonces la llegada de jóvenes era recibida con alegría. Pero a los jóvenes recién llegados también se le exigía calidad en la producción.

“De la dinámica de Reloj puedo decir que es una maquinaria de trabajo -confiesa Vladimir- pero te obliga a aumentar tu productividad, capacidad de trabajo, rapidez hasta en el teclado y la síntesis; y es que esta emisora funciona precisamente como su nombre, como un Reloj”.

Mientras exista la radio, vivirá Radio Reloj
Muchos años han pasado desde que Vladimir Prieto dejó Reloj, pero en su corazón aún vive la que fuera su primera experiencia laboral.

“De Reloj he extrañado la nobleza, la humildad, la sencillez, el compromiso con la profesión y con la noticia, a ese colectivo y lo más importante, sus valores humanos, siempre abiertos a los jóvenes, al progreso, a no quedarse estancados aunque la esencia y el estilo de la emisora no haya cambiado en tantos años.

“Su virtud más importante para mí es la de ser capaz de convertirse en la mejor escuela de periodismo que en la práctica puedes encontrar. Lograr hacer una crónica en un minuto, un comentario en dos, un reportaje a los sumo en tres, te aceita las alas para poder volar si tus intereses son los de dominar está difícil, pero linda profesión, y hacerte sentir bien joven con los hierros necesarios para empeños mayores.

“Creo que el propio recambio de su plantilla la obliga a ir hacia el futuro, no lo dudo, su propia filosofía de trabajo lo exige, pero mientras exista la radio existirá Radio Reloj, porque muchos se levantarán al compás de su tic-tac”.

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