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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Félix B. Caignet y El derecho de nacer: un binomio para recordar

Recordamos el natalicio 129 del maestro Félix B. Caignet, autor de la célebre novela radial El derecho de nacer

Félix B. Caignet siempre formará parte de la memoria cultural de Cuba. Considerado el padre de la radio novela en la Mayor de las Antillas y en América Latina, el exitoso escritor y compositor musical santiaguero vino al mundo el 31 de marzo de 1892, hace 129 años atrás. Un artista que impresionó y conquistó a las multitudes con una de las novelas radiales más exitosas de todos los tiempos, El derecho de nacer.

El amor incomprendido por diferencias sociales o raciales, el hijo adoptado, identidades desconocidas, triángulos amorosos…, en fin, el amor como núcleo sustancial de conflictos hasta que el bien triunfa sobre el mal, además del suspenso y el cuidadoso trabajo de representación psicológica de los personajes, como resorte esencial del recuento, han marcado un sello en la manera de narrar y desencadenar los conflictos, y todo ello proviene de la impronta de Félix B. Caignet, padre de la radionovela en Cuba. Su Derecho de nacer se estrenó el 1ro. de abril de 1948 y a partir de esa fecha Félix Benjamín Caignet Salomón se convirtió en referente obligado cuando de dramatizados se trata.

Este escritor incursionó además en las artes plásticas y la composición musical, con temas como Te odio, Quiero besarte, Carabalí, En silencio y la muy popular Frutas del Caney.

El propio Félix comentó en una oportunidad al locutor Eduardo Rosillo: “Escribir para hacer reír—refiriéndose al espacio radial Alegrías de sobremesa—es la más difícil manifestación de la literatura radial. Yo escribía para que la gente llorara y me resultaba fácil, visitaba cuarterías, me contaban tragedias que reflejaba en mis libretos y así armaba con cierta originalidad las situaciones. El mundo que yo regalaba, ya antes me había sido presentado por la gente desde la más absoluta ingenuidad. Por eso me sentía en la obligación de devolverlo de manera artística”.

Caignet tuvo el ingenio de crear conflictos que hoy forman parte del imaginario popular. Antes del Derecho de nacer, incursionó en la CMKD con una serie detectivesca protagonizada por Aníbal de Mar con el nombre de Las aventuras de Chan Li Po. Cuenta Eduardo Rosillo que “lo que sucedido con ella no tuvo precedentes para la época. Aceptación unánime en el país, lo que afirma el atinado sentido de este creador para adentrarse en la cultura y sicología populares”.

Hoy en la mayoría de las emisoras de Cuba existe un espacio dedicado a la novela, el mejor ejemplo de ello es Radio Progreso, donde se sostiene una sólida parrilla de dramatizados con un público fiel. En tal caso, el eco de la mirada de Félix B. Caignet pervive con otras historias y maneras de asumir el hecho sonoro en la posmodernidad.

Eduardo Rosillo refiere que Caignet murió muy pobre, a pesar de la suma que representaban sus cobros por derecho de autor, cifras que nunca reclamó personalmente porque implicaba salir del país, y le aterrorizaba la idea de morir fuera de su patria. Prescindió, entonces, de dividendos que le hubieran significado una vejez holgada, con tal de permanecer apegado a su gente, a los muchos recuerdos que repletaban esquinas completas de su casa, colocados en cuadros y fotos de tantos años.

El hombre que logró detener a un país en 1948 ante las lágrimas de Mamá Dolores, los éxitos del doctor Albertico Limonta y el silencio perverso de Don Rafael del Junco, personajes de El derecho de nacer, llegue por siempre el aplauso sostenido de las nuevas generaciones que aun, en la época de Internet, apuestan por compartir los sueños del amor imposible, desde la radio y la televisión.

 

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