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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Infancia y cultura en Cuba: ¿universo audiovisual vs. universo literario?

El estudio del consumo cultural infantil demuestra la importancia de la familia y los medios en la creación de hábitos de lectura
La Edad de Oro

La Edad de Oro

Muchas de las cosas que necesitamos

pueden esperar. El niño no puede. Ahora es

la hora, se están formando sus huesos, se

está haciendo su sangre, y se están desarrollando

sus sentidos. No podemos responderle mañana.

Su nombre es hoy.

Gabriela Mistral

 

El consumo cultural ha constituido objeto de investigación de diversas disciplinas y ramas del saber. La Economía, la Sociología, la Antropología, la Psicología y la Comunicación Social han visto en el tema un canal de indagación y profundización en las circunstancias, motivaciones, expectativas, significaciones y subjetividades de los consumidores, en el sentido amplio de la palabra.

Este concepto[1] brinda la posibilidad de incluir en su campo de estudio no solo los bienes de mayor legitimación y prestigio social (exposiciones en museos, salas de conciertos, teatros), sino también otros de valores más masivos y mercantiles (como la televisión) o de implicación religiosa (como las artesanías).

Estas líneas abordan algunos análisis sobre el consumo de literatura y el impacto que tienen sobre él los medios audiovisuales en un grupo de estudiantes de sexto grado del barrio de Cayo Hueso, municipio de Centro Habana.

 Dime si ves mucha TV, y te diré cuánto lees

Los niños valoran la lectura como algo importante y necesario en sus vidas y la asocian a ideas y calificativos como los siguientes: interesante, linda, esencial, instructiva, refrescante, medio de aprendizaje, enseñanza, entre otros.

Todos los alumnos aseguraron tener abundantes libros en sus casas, aun cuando el criterio de sus familias, algunas veces, desmintiera este aserto. Ello responde a la buena valoración social que ostenta la lectura como práctica cultural, de lo cual los niños son también copartícipes.

Casi todos declararon poseer al menos un televisor en su casa y una gran parte señaló carecer de computadoras, lo cual es revertido con frecuentes visitas a hogares de amigos que sí tienen y al Joven Club.

Pese a que un gran porcentaje de los niños comentaron que leen mucho, la inmensa mayoría demostró pobreza de lecturas desde el punto de vista cuantitativo y cualitativo. La Edad de Oro constituyó el texto más citado, amén de que fueron mencionados, como libros, diversos relatos o poemas de la propia revista, por ejemplo, Bebé y el señor don Pomposo, Los zapaticos de rosa y Meñique. Minoritarios fueron los casos que citaron otros volúmenes como Cartas desde la selva, Alicia en el país de las maravillas y El principito.

En cuanto a las motivaciones ante la consigna de “Me divertí mucho cuando…”, nunca los niños de sexto grado mencionaron la función lúdica del libro. El esparcimiento se asociaba, según la mayoría, a acciones y actividades propias de espacios exteriores, como salir a pasear, visitar parques, playas, museos, conocer nuevos amigos, ir a piscinas o jugar en la calle.

En cambio, las opiniones acerca del televisor y la computadora sí cobraron especial énfasis como posibilidades de recreo y esparcimiento. De acuerdo con las respuestas, su uso satisface la necesidad de juego y diversión.

La gran influencia de los medios audiovisuales se vio reflejada, de modo muy marcado, en las distintas respuestas de los niños ante la incógnita de decir cuál era su personaje y libro favoritos. En cuanto a los textos reiteraron algunos de los pertenecientes a La Edad de Oro, que son mencionados frecuentemente en las clases, como El camarón encantado, La muñeca negra o Meñique, además de otros títulos citados constantemente como Corazón, El principito, Mujercitas o Elpidio Valdés.

Entre sus personajes predilectos fueron escasísimos los pertenecientes a la literatura cubana o internacional. Por el contrario, notablemente frecuentes fueron los extraídos del universo audiovisual. La generalidad de las figuras citadas fueron Pocahontas, Charles Chaplin, Mickey Mouse, Antonio Banderas, Las Brats, Mente Pollo, La sirenita Ariel, Spiderman, El rey León, entre otras.

Definitivamente, el grupo incide de forma significativa en los títulos, temas y formatos preferidos para leer. Así, se observó que un volumen destinado al público joven o adulto, como Lil, de los ojos color del tiempo, goza de gran popularidad entre las niñas del aula, a partir de las recomendaciones de algunas de ellas que ya lo han leído.

De forma análoga los estudiantes apuntaron que la telenovela, amén de que es un espacio concebido para adultos, constituye un tema frecuente e importante en las conversaciones con sus amigos.

La aceptación y regularidad en el hábito de lectura mostrada en las primeras técnicas de trabajo en grupo difieren de los resultados arrojados por los registros de actividades desarrolladas durante los fines de semana, en los cuales fueron muy aislados los ejemplos de acciones cotidianas vinculadas con la literatura; a pesar de que una parte de la investigación coincidió con la celebración de la Feria Internacional del Libro.

A partir de sus criterios, el medio favorito por el cual los niños quisieran que les relataran las historias es el televisor o la computadora, mientras que los menos gustados resultan el teatro, las revistas y los periódicos.

En esta escala de preferencias, los libros recibieron una evaluación de regular, es decir, ni de absoluto gusto ni de total rechazo. Esto diverge, en cierta medida, de la atracción expresada en técnicas grupales anteriores; pero puede explicarse a partir de la comparación, lamentablemente desventajosa, con la televisión y la computadora: al ser evaluado él solo, el libro ocupa altos niveles de predilección que se ven disminuidos, en la generalidad de los casos, al competir con la experiencia audiovisual de ambos medios.

 La familia, eslabón esencial

La familia demostró desempeñar un rol esencial en tanto agente creador, mediador y trasmisor de sentidos y valores socio-culturales y espirituales. Fuera del horario docente, es ella quien encauza y condiciona intereses y motivaciones en sus hijos, nietos, sobrinos.

El hábito de lectura constituye una práctica muy bien valorada socialmente y estimulada con gran frecuencia a través de los medios de comunicación masiva. Esto representa la causa esencial por la cual todas las familias entrevistadas, independientemente de leer o no, de tener hijos lectores o carecer de ellos, defendieron el libro como medio de educación y esparcimiento, por encima de la computadora o la televisión.

Todos apostaron por el libro en tanto a través de él “los hijos pueden crear su propia imagen de lo que leen”, “desarrollan la creatividad, mejoran la ortografía y la dicción”, “amplían el vocabulario”, “se les abren las puertas de la comunicación”, “existe mayor variedad de temas y obras con respecto a la diversidad de películas o juegos electrónicos” y “adquieren más conocimientos y recursos para enfrentarse a la vida”.

Se observaron sinergias entre las motivaciones de los niños y los sentidos psicosociales atribuidos por ellos al acto de leer. En ambos casos la lectura es vista como una práctica interesante y útil para el aprendizaje, pero rara vez como sinónimo de diversión.

Es necesaria la complementariedad entre el universo audiovisual y el literario para niños con el objetivo de diseñar espacios que equilibren la función lúdica y cognoscitiva y logren, con sus valores éticos y artísticos, que la infancia encuentre un armónico binomio entre la pantalla y la página.

[1] Entendido por Néstor García Canclini como: “el conjunto de procesos de apropiación y usos de productos en los que el valor simbólico prevalece sobre los valores de uso y de cambio, o donde al menos estos últimos se configuran subordinados a la dimensión simbólica”, en Consumidores y ciudadanos. Conflictos multiculturales de la globalización, México, Ed. Grijalbo, 1995: 4.

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