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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

José Loyola Fernández: cultor y estudioso de la música

Al decir del maestro, la música le llega por dos motivos: el entorno y la genética
José Loyola Fernández

José Loyola Fernández

José Loyola Fernández, reconocido musicólogo, compositor, instrumentista, director de orquesta y profesor de música en la Universidad de las Artes (ISA), sorprende, además, por su dedicación al estudio de la música.

Ya publicó en países como Puerto Rico, con gran éxito, el libro titulado En ritmo de bolero. También sus resultados investigativos aparecen en artículos de varias revistas especializadas en Cuba y el extranjero. En Colombia alcanzó gran relevancia la publicación de su texto dedicado a la orquesta Aragón.

Asimismo su conferencia sobre la música utilizada por Santiago Álvarez en los documentales fue incluida en una de las ediciones de la revista Cine Cubano. En la actualidad investiga para un libro sobre Rigoberto López y Rogelio París, titulado La música en el cine documental cubano.

Y ese afán de conocimientos, esa vocación para estudiar tan sublime arte se deben en gran medida a la formación y desarrollo de Loyola, quien aseguró en exclusiva para En Vivo que la música le llega por dos motivos: el entorno y la genética.

Conociendo al artista
Siempre habíamos oído hablar de José Loyola a músicos de gran popularidad en nuestro país, pero no teníamos el placer de conocerlo personalmente; la vida nos premió esta vez, pues hemos podido conversar con un excelente artista y buen comunicador.

Nació en Cienfuegos, en una familia muy humilde: su padre era panadero y su madre, ama de casa. Nos cuenta que desde pequeño, sin saber lo que hacía, tocaba en un taburetico y sacaba música: esto le gustaba mucho. Su padre, aparte de su trabajo, tocaba en la Banda Municipal de Cienfuegos y, posteriormente, fundó el Conjunto Los naranjos.

En 1939, junto a Orestes Aragón funda la orquesta con el nombre de este y que aún se mantiene vigente, donde él toca la flauta. En la orquesta Aragón, el padre se mantiene hasta 1953, cuando forma su propia orquesta.

Efraín Loyola era un hombre que amaba el desarrollo cultural. Además de su agrupación, creó una Banda Infantil. Consiguió los instrumentos e hizo una convocatoria para integrar la misma. Su hijo clasificó y tocó como primer instrumento la flauta, posteriormente usó la grande de madera. Interpretaba así música popular y algún clásico.

Hay una anécdota que es preciso contar. Efraín tocaba en el “Club Reformista”, de Cienfuegos. José comienza a tocar allí sin ensayar. Recuerda que debutó con el danzón “Fefita”. Tuvieron que subirlo en una silla para que estuviera a la altura de los demás. Nos aclara que la fiesta comenzaba a las diez de la noche y, como él era todavía un niño, cuando terminó lo mandaron para la casa. Sin embargo, los músicos le dijeron al padre que lo integrara a la orquesta. El pequeño ya hacía arreglos musicales. José Loyola está considerado el flautista cubano más joven.

Integró la Banda de los bomberos, que integraron los miembros de la Banda  Infantil. Hacía suplencias en Santa Clara; allí faltaba un flautista y él se presentó para ocupar la plaza en la WW. Los empresarios quedaron confundidos al llegar al lugar de la cita porque esperaban encontrar a un hombre y los aguardaba un muchachito. Después, todo se aclaró y el niño finalmente tocó.

En 1954 se presentaba en la emisora de Cienfuegos durante las emisiones del programa Pandillas Cabeza de perro, que patrocinaba la firma comercial de esta cerveza. El maestro Rafael Lay lo escogió para tocar la flauta en una charanga juvenil. La emisora CMQ se interesó en el espacio y negoció para traerlo a La Habana. José todavía estaba estudiando en la primaria superior y era aficionado, pero su padre vio que tenía talento.

Triunfó la Revolución en 1959 y él consiguió un aval para unirse a la Banda Militar de Santa Clara, donde ocupa una plaza tras realizar una prueba ante el músico Carlos Fariñas. Estuvo un año como militar y tocó música popular, himnos y marchas.

Como buscaba otros horizontes, pidió el licenciamiento y regresó a Cienfuegos en 1962, en el contexto de la celebración del Festival de la Juventud y los Estudiantes en Helsinski, Finlandia. Se confecciona una carroza y el dirigente de la UJC de Cienfuegos le dice a Joel Iglesias, entonces dirigente nacional de la juventud, que en Cienfuegos había un compañero que debía integrar la orquesta.

El 10 de mayo vino Loyola para La Habana y se alojó en el Hotel Colina, donde permaneció 15 días sin hacer nada. En ese tiempo conoce a Manuel Navarro Luna. Posteriormente pasan al hotel Habana Libre y comienzan a ensayar. Salían por las noches y descargaban con la música. Recuerda que había un grupo de danza para instructores de arte.

También integraban la delegación Rogelio París y otros dirigentes juveniles. El día antes de partir, se apareció Fidel para ver lo que iban a presentar. Recuerda emocionado las palabras que les dijo el líder: “El joven revolucionario tiene que ser serio como es la Revolución”.

En la delegación también estaban Gómez Labraña, René de la Nuez, y Fernando Vecino Alegret, entre muchos otros. En su presentación en Finlandia obtuvo la medalla de plata como solista y la orquesta, la de oro. Para Loyola esta fue una experiencia maravillosa que sobresale entre sus mejores recuerdos.

De regreso a Cienfuegos hizo las pruebas para ingresar a la Escuela Nacional de Arte (ENA), en la cual se graduó en la especialidad de flauta. Le interesó componer música y, junto a Federico Smith, fundó un grupo y estudió composición.

Durante 1967 viaja a Polonia, donde profundiza estudios sobre su especialidad, a lo largo de seis años, en la Academia Federico Chopin. Cuando regresa a Cuba, ejerce como profesor en la ENA, hasta que se crea el ISA. También trabaja en el teatro “Amadeo Roldán”.

Mario Rodríguez Alemán lo llamó para que fungiera como coordinador nacional de escuelas de música. En el ISA estuvo como consultor hasta 1981. Ahora se desempeña como vice rector docente de investigaciones.

Por 31 años ha sido vice presidente primero de la sección de música de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac). Precisamente en esa entidad, para el 2004 funda una orquesta de música popular, La Charanga de oro. En el transcurso de 1985 realiza el Doctorado en Música en Polonia.

Posee varias medallas y condecoraciones, entre ellas: Alejo Carpentier, Juan Marinello, Raúl Gómez García, la Distinción por la Cultura Nacional, la medalla y el sello de laureado “Lázaro Peña”, entre otros.

Nos despedimos de este hombre modesto y sumamente inteligente agradeciéndole compartir algunos minutos que no bastan para reflejar tan fructífera vida.

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