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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

La defensa de un sueño y otras provocaciones

Aproximación al filme Esteban, transmitido por el Canal Multivisión, en el espacio D´Cine
D´Cine

D´Cine

En el espíritu de una historia narrada desde la añoranza lidera la fibra humana con la intensidad de conflictos que agreden la existencia diaria.

El filme Esteban -coproducido por el Instituto Cubano de la Música y RTV Comercial-, cuenta sobre un niño de nueve años que, por casualidad, descubre su talento para la música; lucha contra disímiles obstáculos y adversidades en pos de lograr el sueño de estudiar piano, y lo alcanza como premio a la tenaz perseverancia.

No es un secreto que en tanto cognición sensible, la experiencia estética en el audiovisual se produce mediante lo visual, lo sonoro, lo sinestésico; en estas visiones hace énfasis el relato mediante la comunicación verbal en estrecha unión con la plasticidad sonora para estructurar un correlato de significados.

En la apertura, la narración no se ubica en el aquí y el ahora de forma explícita –dato imprescindible para los espectadores-, acude a códigos del ambiente, aprehende la realidad circundante; la trama se mueve entre la tragicomedia, el melodrama y la tragedia, la austeridad del tono, el patetismo de las situaciones.

La construcción de un sueño cuesta, Esteban lo asume desde la inocencia y los desafíos de lograr el entendimiento y el apoyo de otros. Este planteamiento del conflicto expresado en una amplia tesitura emocional -entre el gruñido del profesor de piano y la lucha por la sobrevivencia de la madre-, requería en la consecución de las peripecias de un mayor desarrollo en el tiempo dramático, el aprovechamiento de pautas apenas esbozadas, las cuales sustentan el relato que lleva en sí más de un motivo para la reflexión.

El tema de esta ópera prima, del director Jonal Cosculluela, es inédito en la cinematografía nacional, tendiente en los últimos tiempos a volver sobre ejes de asuntos recurrentes. La propuesta, con guion de Amílcar Salatti, despliega una mirada otra sobre el derecho a defender la espiritualidad, y el disfrute de la utopía realizada mediante el esfuerzo propio.

Hay que seguir hablando de esperanza y de tenacidad. Esta idea provoca e inquieta en el filme de 90 minutos.

La música de Chucho Valdés, compuesta especialmente para la historia, constituye un elemento semántico a toda capacidad; el virtuosismo de este maestro, compositor e intérprete, se destaca sin estridencias, ni ampulosidad. Es elocuente la sencillez de piezas creativas que se mueven en un torrente rítmico de acento y tempo requeridos.

Por su parte, Reynaldo Guanche cautiva con su Esteban, intrépido, resuelto. La naturalidad y el convencimiento de lo que quiere afloran en un intérprete novato de fuerte personalidad, convincente.

El personaje-tipo de Miriam le permite a la actriz Yuliet Cruz vivir en plenitud la vida interior de una madre soltera, “luchadora”, que muestra ideas y sentimientos en actos e impulsos, los cuales le permiten expresar modales, actitudes, hábitos, maneras de ser.

En otra tesitura se inscribe el Hugo de Manuel Porto. El profesor de piano tiene una culpa, la explora desde el principio hasta el fin de la estructura que la acción dramática compone. La tragicidad del devenir personal no tiene vuelta atrás porque lo precede un error trágico y él lo lleva hasta sus últimas consecuencias.

Miriam y Hugo sondean situaciones dramáticas, mediante ellas demostraron histrionismo y organicidad respecto a sus personajes-tipo.

En Esteban, atmósferas, situaciones, diálogos, pinceladas de color local, movilizan la memoria asociativa y la inteligencia autónoma del espectador, quien debe bucear en la parte oculta del iceberg.

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