13 de abril de 2024

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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

La Diosa Negra de los cabarets

Neris Amelia es el nombre de bautizo de quien todos conocen como Juana Bacallao, una habanera de hogar humilde de la barriada de Cayo Hueso que de manera autodidacta aprendió el canto, el piano y la tumbadora para convertirse en La Diosa Negra de los cabarets.
Juana Bacallao

Juana Bacallao

Un caso inusual en nuestro mundo artístico

  Transcurre 1925.  Sin lugar a dudas, un año pródigo en cuanto al arte cubano. Se funda, en El Cerro, el Sexteto Gloria Cubana, que incorporará el piano a ese formato sonero.  Mientras, para grabar en Nueva York, María Teresa Vera une su voz a la de Miguelito García. Y surge, para todos los tiempos, el Trío Matamoros.

   Pasa por aquí Mayakovski. En la calurosa Habana, el poeta ruso declara sentirse “frito, asado y hervido”.

   En cuanto a la arquitectura, se edifica en la capital el ostentoso Centro Asturiano, obra de Manuel Busto. Por su parte, los jesuitas trasladan el Colegio de Belén para una bella sede marianense.                                      

   Nacen en 1925: Abelardo Estorino, dramaturgo; Raúl Corrales, fotógrafo; Lázaro Ross, cantante; Alfredo Guevara, fundador del Instituto Cubano del Arte y de la Industria Cinematográficos; Gustavo Eguren, escritor; Martha Velazco, Armando Soler, Raquel Revuelta, quienes brillarán en el mundo de la actuación.

   Y, en aquel ya remoto 1925, también arriba a este planeta Neris Amelia Martínez Salazar.

   De seguro usted, querida amiga, o usted, amigo distinguido, se estarán preguntando quién demonios es la susodicha.

   Ah, pues dígase que nos referimos nada menos que a la mismísima… ¡Juana Bacallao!

         El personaje

   Nace Neris Amelia en un hogar humilde de la habanera barriada de Cayo Hueso.

   Aún pequeñita, se ve inmersa en una situación sombría: la orfandad. Y es internada en un colegio de monjas.

   Muy joven, la encontramos en uno de los más modestos peldaños de la vida laboral: lo que, eufemísticamente, llaman una empleada doméstica.  O sea, eso que en lenguaje puro y directo se nombra una criada. 

   Simultáneamente, de manera autodidacta, incursiona en el canto, el piano y la tumbadora.

   Cierto día está limpiando pisos en un edificio de apartamentos ubicado en la intersección de las calles habaneras Laguna y Perseverancia.

     Canta, mientras trabaja. Y acierta a pasar por la acera el compositor Obdulio Morales, quien queda fascinado por aquella voz.

   El resultado: Morales la contrata para el espectáculo El Milagro de Ochún –que se montará en el Teatro Martí–, donde Neris Amelia interpretaría una guaracha que incluía estos versos:

Yo soy Juana Bacallao.
La negra que en el bembé
salpica pa´ no mojar.

  Desde entonces, perderá el nombre con el cual había sido inscripta en el registro civil, para llamarse por siempre Juana Bacallao.

         Una exitosa trayectoria

   Después de transitar por nightclubs de ínfima categoría, se convierte en una presencia descollante en la vida nocturna habanera: Salón Rojo del Hotel Capri, el Parisién del Hotel Nacional, los cabarets Tropicana y Sans Souci. Algunos comienzan a nombrarla La Diosa Negra de los Cabarets.

 Y se proyectará internacionalmente: Estados Unidos, República Dominicana, Francia, México. En los escenarios coincide con colegas de primerísimo rango, que van de Nat King Cole a Bola de Nieve y  Meme Solís, de Nelson Ned a Moraima Secada y Celeste Mendoza, de Rafaela Carrá a Rosita Fornés y Omara Portuondo.

   Sería reiteradamente galardonada: la Distinción por la Cultura Nacional, la Medalla Alejo Carpentier, el Premio Nacional del Humor y, en Canadá, el Disco de Oro.

   Claro está: no todo iba a ser miel sobre hojuelas. Algunas voces se levantarían acusándola de chabacanería, inelegante desenfreno, uso de vestuario estrambótico, inapropiada gestualidad, léxico grosero y hasta vulgarísima chusmería.

   Pero Juana les brinda una respuesta contundente como un mazazo. Mientras asegura que ella es “una muñeca de biscuit”, argumenta: “Hay quienes han tenido libros… educación… pero son  una bola de maldad”. Y culmina declarando: “¡El pueblo que yo tengo me lo hice yo!”.

 Todo indica que la inusual show-woman  lleva razón en su alegato, pues la gente, a no dudar, la adora a más no poder.

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