18 de junio de 2024

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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

La radio en la televisión según el Derecho de soñar

Breve valoración de cómo es asumido el universo radial dentro de la telenovela El Derecho de soñar.
El derecho de soñar

El derecho de soñar

Dos temporadas han sido ingeniosamente unificadas en la telenovela El derecho de soñar para mostrar algunas de las tantas aristas distintivas del universo radial en Cuba y también como referente internacional.

Aún  tomando en consideración diferencias discursivas de ambas temporadas que bien podrían ser analizadas en otra oportunidad, y para nada validando el frecuente criterio de que cualquier pasado fue mejor,  cuando en la etapa actual de la narración es escenificado un cuadro dramático, la telenovela sostiene el interés en el abordaje de subtemas que comprenden el rigor conceptual que encierra la radio per se. Entre ellos cómo se conforma sicológicamente un personaje a partir del guion;  qué tempo de locución se aviene a lo que está refrendando la situación; y sobre todo cómo matizar un  hecho para el cual solo la voz es capaz de mostrar.

A la par, en esta etapa cada capítulo abre puertas que conduce  a nuevos temas, de modo que sin teorizar ni crear un espacio de rígido análisis, la telenovela se adentra en muchos entramados de la radio y cómo, en ocasiones, llega a ser subestimada por profesionales o prioridades mediáticas de los medios informativos.

Podría parecer imposible pero así, como si no se dijera nada,  El derecho de soñar al tiempo que rinde homenaje a los hijos pródigos del medio, vuelca la mirada a ese accionar cotidiano que a veces parece atrapar a sus hacedores en el anonimato, aún cuando sus voces son multiplicadas y reconocidas.

En entrevista realizada a Ángel Luis Martínez en el espacio televisivo Al mediodía, una de sus invitadas, la maestra y Premio Nacional de la Radio, Caridad Martínez, agradecía de la telenovela el hecho de que  bajo el efecto de la radio dentro de la televisión  haya visto en una misma escena a Albertico Luberta (su hijo) y a Ángel Luis, a quien considera como tal.

Refirió la emoción que sintió al verlos representando  una escena sencilla y a su vez  vívida muestra de sus días en ella; cada uno se asumió a sí mismo,   esto sirvió de pretexto para visibilizar  a la radio por dentro, sus conflictos, pasiones,  sus no pocas incomprensiones, pero sobre todo su absoluta manera de crecer y superarse.

Si bien estos comentarios se avienen a una serie de contenidos, desde el punto de vista formal, de igual manera, la telenovela ha asumido el riesgo de mostrar dos contextos sociopolíticos diferentes y abundan los televidentes que siguen apostando por la primera  parte de la narración.

Es cierto que el trabajo del blanco y negro, el cuidadoso respeto de la iluminación logró  un excelente efecto en la visualidad de la primera época donde la reconceptualización  espacial fue necesaria, pues muchos de esos escenarios  ya no existen tal fueron. La actualidad ante aquel decorado, si de comparaciones se trata,  en ocasiones parece pobre,  y a mi juicio, responde al hecho que estos conflictos son tratados sin apenas afeites, sin que pasen por ese tamiz de lo idealizado que a veces la distancia histórica permite. Esta visualidad representa claramente la más absoluta cotidianidad; no se intenciona idealizar lugares y  escenarios donde se produce la magia radial,

También eso hay que agradecerle a esta telenovela, el mostrar una realidad con muchas de sus contradicciones sin tabúes, sin miedo a llamar a muchas cosas por su justo nombre y lo más importante por dejar siempre abierta la puerta de que se pueden cambiar, para mejor, muchas de las obviedades que no parecen tenerse en cuenta.

Refería el personaje de Alicia, “El micrófono es como el oído de la persona que te escucha y como tal le tienes que  hablar”, y este momento que corresponde a una entrevista que se le hace para un documental,  ha sido una de las escenas más sencillamente conmovedoras de esta telenovela que ha sabido ubicar en  momentos climáticos sentencias como estas, que a modo intertextual, afirman a modo de síntesis muchas valoraciones de grandes de la radio.

El derecho de soñar desde la televisión continúa siendo un desafío en materia discursiva en favor del valor de la radio en todos los tiempos. Por último, un sostenido aplauso para la idea de a partir del clásico El derecho de nacer, referenciar  a otras tantas radionovelas que conforman el arsenal artístico cubano, entre ellas Un grito en la montaña de la inolvidable Dora Alonso y  Viento sur del maestro Joaquín Cuartas, cada una en su contexto, por solo citar estas, devenidas en referentes radiales y punto de continuidad para las nuevas radionovelas que ocuparán ese espacio que con El derecho de nacer, ha sido fielmente legitimado.

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