12 de septiembre de 2026

envivo

Editorial envivo del ICS

La radio que tejió una hermandad: Cuba y México en el dial

Alrededor de 70 estaciones de radio en Cuba cuentan con espacios dedicados a la música mexicana, contribuyendo durante décadas a su difusión y preservación.
Lolita López

Hay historias que no se escriben en los tratados diplomáticos, sino en el aire. La relación entre Cuba y México tiene uno de sus capítulos más entrañables en la radio, ese aparato que durante décadas reinó en las salas cubanas y que fue el aeropuerto por donde aterrizaron las voces mexicanas en la isla. Desde los años treinta, cuando las antenas de la CMQ y la RHC Cadena Azul comenzaron a sintonizar la señal de la legendaria XEW, «La Voz de la América Latina desde México», los cubanos no solo escucharon discos: escucharon radionovelas, programas en vivo y, sobre todo, se dejaron seducir por la música ranchera que se colaba por las rendijas del dial.

No fue una moda pasajera. Fue un fenómeno cultural que atravesó generaciones, provincias y clases sociales. Las rancheras, corridos, huapangos y boleros mexicanos acompañaron la vida cotidiana de varias generaciones, impulsados por el cine de oro mexicano, los discos y las emisiones radiales. La radio cubana, que había nacido estrechamente ligada a la música —con sus primeras transmisiones regulares en 1922 y 77 programas musicales apenas doce años después—, encontró en el repertorio mexicano un filón que el público adoptó como propio.

Los primeros acordes

Los primeros espacios radiales que incluyeron música mexicana no eran programas dedicados exclusivamente a ella, sino revistas musicales que abrían sus secciones a lo que entonces se llamaba «música campirana». Un ejemplo temprano fue «La Corte Suprema del Arte», el célebre concurso de aficionados de CMQ, que salió al aire por primera vez el 1 de diciembre de 1937 y se convirtió en el programa de talentos más famoso de la radio de habla hispana. Ya en los años cuarenta surgieron espacios especializados como «Así es Mi Tierra» o las transmisiones diferidas del «Programa de Pedro Vargas» desde México, que se consumían en Cuba con una avidez comparable a la de las grandes radionovelas.

Un hito documentado es Rancho Mexicano, de CMKC Radio Revolución en Santiago de Cuba, al aire desde el 6 de enero de 1954. Su permanencia durante más de siete décadas lo convierte en uno de los programas especializados más antiguos y perdurables de la radio cubana dedicados a la música mexicana. Cada mañana, desde entonces, encontró en la radio un espacio para que México siguiera cantando en Cuba.

La Habana que se respiraba a México

La Habana de los años cuarenta tenía un rincón donde México se respiraba de manera particular: el Cabaret Sierra, en la esquina de Concha y Cristina. Allí se bailaba al son del mariachi, se brindaba y se cantaba con el alma partida. Fue en ese cabaret donde una cubana, con una voz que parecía nacida en Jalisco, debutó junto al Mariachi Guadalajara, llegado directamente desde México. Su nombre: Lolita López, conocida como «La voz ranchera de Cuba», que hizo historia en la radio cubana. Su trayectoria es prueba de que el vínculo no era solo importación: Cuba también paría voces propias que cantaban a México con auténtico sentimiento.

Si la radio sembró el gusto, fueron las visitas de los grandes artistas mexicanos las que consolidaron el fanatismo. Jorge Negrete, el charro inmortal, llegó a cantar en vivo en los estudios de la CMQ y provocó un delirio colectivo. Las crónicas de la época cuentan que su interpretación de «México lindo y querido» era capaz de desatar escenas de histeria entre las oyentes. Su muerte el 5 de diciembre de 1953 en Los Ángeles fue vivida en Cuba como un luto nacional: la radio guardó minutos de silencio y siguió paso a paso el traslado de sus restos a México, donde el pueblo entero lo despidió en el Palacio de Bellas Artes y el Panteón Jardín.

Pedro Infante, el ídolo del pueblo, visitó Cuba en septiembre de 1952 y dejó una huella perdurable. Sus películas se estrenaban casi simultáneamente en México y Cuba, y su trágica muerte en 1957 paralizó las emisoras de la isla. Cuentan que las cabinas telefónicas colapsaron porque la gente llamaba para confirmar la noticia. A ellos se sumaron Los Panchos, cuyas voces se convirtieron en puente entre el bolero cubano y la canción ranchera; Javier Solís, el rey del bolero ranchero; y Lola Beltrán, Lola «La Grande», cuya interpretación de «Cucurrucucú Paloma» se volvió una prueba de fuego para los locutores cubanos.

Una hermandad de ida y vuelta

La relación no fue de una sola vía. Cuba también aportó lo suyo. El famoso danzón «Almendra», de Abelardo Valdés, se tocaba en México, mientras los compositores aztecas escribían pensando en las orquestas de baile cubanas. En los años cincuenta, programas como «El Patio de Pepe», conducido por Pepe Delgado, abrían siempre con un saludo a los «hermanos aztecas». Se creó así una hermandad radial en la que los artistas cubanos viajaban a la XEW y los mexicanos a la RHC. Músicos cubanos como Pérez Prado y Benny Moré alcanzaron reconocimiento en México, consolidando una relación artística de ida y vuelta.

Los niños cubanos aprendían las canciones rancheras no por los discos, sino por las revistas musicales que se transmitían los domingos por la tarde en la emisora COCO, «El Periódico del Aire». La música mexicana dejó de ser una visita para convertirse en parte del mobiliario sonoro de la casa cubana.

La semilla que sigue floreciendo

Lejos de desvanecerse, la pasión por la música mexicana en Cuba se ha multiplicado. Hoy no solo se escucha: se interpreta, se compite y se celebra. En toda la isla existen numerosos grupos de mariachis cubanos que mantienen viva la tradición con un sello propio. Entre las experiencias pioneras se encuentra Mariachi Cuba, surgido en marzo de 1975 en las serranías del Segundo Frente, con la intención inicial de llevar este repertorio a zonas rurales del oriente cubano.

Ese fervor ha dado lugar a concursos y festivales dedicados exclusivamente a la música mexicana. En provincias como Las Tunas, Granma o Guantánamo, programas de ese corte mantienen viva la fiebre por las rancheras. Alrededor de 70 estaciones de radio en Cuba cuentan con espacios dedicados a la música mexicana, contribuyendo durante décadas a su difusión y preservación.

En ese mapa de pasión compartida, hay nombres que merecen un capítulo aparte. Uno de ellos es el de Hugo Oslé, un promotor cultural que ha dedicado buena parte de su vida a tender puentes sonoros entre Cuba y México. Su labor ha sido clave para que los intérpretes cubanos de música ranchera encuentren espacios de visibilidad dentro de la isla, y su nombre suele aparecer asociado a los homenajes por el Grito de Dolores y a las actividades que celebran la hermandad entre ambas naciones.

Cada 15 de septiembre, México conmemora el inicio de su lucha por la Independencia con la tradicional ceremonia del Grito de Dolores. En la Antilla Mayor esta celebración tiene un significado especial.

Por ello, la Embajada de México en Cuba ha decidido celebrar de una manera diferente: rendir homenaje a la radio cubana y a las voces que, durante más de cinco generaciones, han mantenido presente y vigente la música mexicana en el archipiélago.

En este contexto nace «Serenata a México», un concurso musical convocado por la Embajada de México en Cuba, en colaboración con la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXCID), el Centro de Estudios Mexicanos de la UNAM en Cuba, la Casa Benito Juárez y el Ministerio de Cultura de Cuba.

El concurso tendrá lugar este 15 de septiembre,  a las 5 p.m., en el teatro Karl Marx, con transmisión en vivo a través de la emisora Radio Rebelde.

En su primera edición, el certamen abrió dos categorías: Interpretación de canciones de Juan Gabriel e Interpretación de música ranchera mexicana, con el propósito de reconocer el talento de intérpretes cubanos y celebrar el arraigo de la música mexicana en Cuba.

Serenata a México es una manera de agradecer, honrar, visibilizar y promover a quienes, con amor y arraigo, hacen suyas nuestras canciones, sus historias y sus emociones.

Un vínculo que sigue al aire

La radio fue, en definitiva, el aeropuerto por donde aterrizaron las voces mexicanas en Cuba. Sin ella, Jorge Negrete habría sido un eco lejano; con ella, se convirtió en un vecino más del barrio habanero. Esa es la magia: la radio convirtió la geografía en hermandad.

Por eso, cuando un cubano canta «El Rey» o «México lindo y querido» lo hace como quien canta una canción de cuna nacional. Porque la música mexicana en la radio cubana no era una visita: era parte del paisaje sonoro de la casa. Y ese paisaje, como la hermandad entre ambas naciones, sigue tan vivo como el primer día. Hoy, con decenas de mariachis cubanos, concursos que celebran el género y promotores incansables como Hugo Oslé, la semilla que sembró la radio ha florecido en un bosque sonoro que no deja de crecer.

Autor

  • Maya Quiroga

    Periodista, guionista y directora de medios audiovisuales. En 2015 se graduó como Licenciada en Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual (perfil: dirección de cine, radio y televisión, con Título de Oro) en la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA) de la Universidad de las Artes.

    Ver todas las entradas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

siete + tres =

| Newsphere por AF themes.