22 de julio de 2024

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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

La televisión y su transcendencia para niños y jóvenes (2)

Hoy, amenazados al absolutizarse excluyentes “las nuevas tecnologías”, hay programas “para jóvenes” que proponen al debate urgentes problemáticas nunca antes tratadas, como el bullying.
La televisión y su transcendencia para niños y jóvenes

La televisión y su transcendencia para niños y jóvenes

En un artículo anterior recordaba los regalos que me dio la televisión cubana cuando era niño, pues ofrecía una programación variada que, entre otros, proyectaba películas “de aventuras”, misterio, comedias y musicales de disímiles países.

Gracias a ello, aprendí de la vida de Van Gogh y Sigmund Freud, crecí adorando a Shakespeare y a Lorca, disfruté de cintas de Walt Disney y de Tarzán de la selva, alimenté mis fantasías, imaginación y creatividad; algo que llejos de traumarme, me ayudó mucho en la vida.

   En esa época me levantaba entusiasmado para la escuela y veía Tía Tata Cuenta Cuentos que mi madre sintonizaba cada mañana en la radio, mientras mi otro gran estímulo cada mediodía al regresar de la escuela, eran sentarme a ver los llamados “muñequitos”.

  Aún me siento orgulloso y feliz porque mi amistad ya sólida con La Bella Durmiente, La Cenicienta, Pinocho, La Dama y el Vagabundo, Los Aristógatos y otros, se extendió a Betty Boop, Lulu, Porky Pig, El pájaro loco, Micky Mouse, Minnie y se consolidó mi amor por los animales.

Estos son solo algunos de los valores que aquellas vivencias me incentivaron, además de la lucha eterna por la justicia y contra todo mal, la libertad ilimitada de la fantasía y su incentivo a la creatividad, y mucho más, creer y esforzarnos por lo posible aunque parezca y nos lo impongan como imposible cuando de bienestar para todos hablamos.

 Por suerte, ya he podido disfrutar de muchas cosas que fueron burladas y consideradas imposibles y hoy son felices realidades.

En vivo, de aquella televisión apenas quedan imágenes, pero recuerdo muy nítidamente al menos escenas de varias que solían ser disfrute y comentario de toda la familia, cuyo nivel cultural e invitación a la lectura se inducía, y quienes no tenían televisor, acudían donde verla.

Se hicieron familiares grandes actores, directores y bandas sonoras, como el clásico cuerno de Los Vikingos (1967),vEl mambisito, de Erich Kaupp, 1980; La Capitana de la Isla, El cacique Arimao, Tierra o Sangre, Hermanos, El Mayor, Memorias de un abuelo, entre otras, incluyendo una más contemporánea como Los tres Villalobos (2009) que llegó cuando ya el género lastraba años en declive a debatir entre tanta riqueza de dramatizados (incluso seriados) en nuestra televisión, cuáles consideraríamos “aventuras”.

Aún perviven en la mejor formación de aquellos niños, jóvenes y de todo nuestro pueblo y su memoria histórica, otras gestas latinoamericanas, como Los Comandos del Silencio (Tupamaros), Puerto Rico Libre y Túpac Amaru; así como El Gran Almirante Cristóbal Colón, Espartaco, Marco Polo, Sandokan, El capitán Tormenta, Orden de Ataque, Los Komsomoles, Los tres mosqueteros, La flecha negra, El león de Damasco, El Halcón, Pierrot, Camaradas, Los insurgentes, El prisionero de Zenda, En la retaguardia del enemigo, El príncipe y el mendigo, El Conde de Montecristo, El tesoro del mallorquín; Enrique de Lagardere, Ulises, Rebelión… 

En coalición con otros programas (lo que ayuda a entender la televisión como un sistema), algunas rescataron juegos tradicionales infantiles como papalotes, carriolas o la pelota.

Hoy, amenazados al absolutizarse excluyentes “las nuevas tecnologías”, hay programas “para jóvenes” que proponen al debate urgentes problemáticas nunca antes tratadas, como el bullying.

Ya antaño otras, osadamente, renovaban en uno u otro sentido: Shiralad, el regreso de los dioses, 1993, época de la ópera rock Violente; o Blanco y Negro no, 1994; o de Roly Peña, Enigma de un verano (2001) y Coco Verde (2003); Cue lo explica al jubilarse ya en los años 80, aquellos grandes Maestros fundacionales del género, sin dejar relevo suficiente.

Pero no importa cuáles podríamos considerar “aventuras”, o no… ¿Mucho ruido, Doble juego, Primer grado, Calendario…? No lo creo, pero menos aún valoro menester desgastarnos en ese debate.

En muy buena medida, debo a esas licencias que me aventuré con mis padres en la televisión como sistema, mi vocación de luchas por el amor, el respeto, la humildad y la justicia, por los animales, las ciencias, las artes y las aventuras.

Alentado aún por aquella voz grave, que no estoy seguro si era de Ramón Hernán o de Cepero Brito entre imágenes en infinita gama y matices blanco/negro de cosmonautas y de batallas navales, aprendo a vencer lo cotidiano porque siempre, “…en lo infinito del cosmos, en las profundidades del océano, el hombre se enfrenta a su destino y surgen las… AAAVEENTURAAAS”.

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