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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

¿Los eslabones reencontrados?

Acercamiento al panorama sonoro y rítmico de la nación cubana
El compositor, musicólogo y flautista José Loyola Fernández

El compositor, musicólogo y flautista José Loyola Fernández

Múltiples raigambres nutren el espíritu para el alma divertir. La música produce gozo, se disfruta en so-litario, en colectivo y junto a la pareja. Como bien cultural y de consumo, expresa valor simbólico me-diante el reconocimiento social y establece una co-municación de códigos entre el espectador y los públicos.

La cultura musical no se improvisa, exige prepara-ción y el establecimiento de jerarquías con el pro-pósito de privilegiar la calidad artística.

El acto creativo de enseñar música demanda habili-dades de intérpretes consagrados y jóvenes talentos quienes transmiten el saber en conservatorios, pre-sentaciones en vivo, conciertos y programas radia-les y televisivos, medios indispensables en la estra-tegia de promoción.

El compositor, musicólogo y flautista José Loyola Fernández, Profesor Titular Consultante en la Aca-demia de las Artes donde imparte Composición en la Facultad de Música, le transmite a sus estudian-tes una máxima pedagógica: “sean originales, crea-tivos profundos en los enfoques. Insisto en el cono-cimiento de la tradición musical y el acervo de nue-vas técnicas y estéticas de composición a nivel in-ternacional.

“Ningún género en particular es chabacano. En la actualidad, algunos absorben un mayor componen-te de mal gusto, y hasta algunos sedimentos seudo-lingüísticos que llegan hasta las fronteras de obs-ceno, lo cual agrede la convivencia social y cívica de nuestro entorno de costumbres, educación, y com-portamiento. Debemos adoptar acciones para el es-tablecimiento de un orden civilizado con la colabo-ración de instituciones culturales, el sistema de la radiodifusión y las organizaciones juveniles. Es pre-ciso poner fin a cierto desorden que si no se frena puede conducir al caos”.

Los géneros autóctonos perduran en el tiempo, tienden a evolucionar por los cambios dialécticos que la vida social impone. Obras de Bach, Mozart, Beethoven, Tchaikovski, Debussy, y Prokofiev, entre otros ilustres universales, forman parte del reper-torio de agrupaciones sinfónicas influyentes en el devenir de la música contemporánea.

En la música popular sucede un proceso semejante, pues composiciones de Ernesto Lecuona, Miguel Matamoros, Eduardo Sánchez de Fuentes, Odilio Urfé, Enrique Jorrín y Portillo de la Luz, entre otros compositores, se mantienen en el gusto estético de varias generaciones.

Así lo reclamó Esther Borja (1913-2013), una de-fensora de la canción cubana por decisión propia. A los 90 años, en varias entrevistas, entre ellas una publicada en el camagüeyano periódico Adelante, dijo. “lo mismo canto piezas de Adolfo Guzmán –no es popular ni clásico, es integral-, que de Sindo Ga-ray, Rosendo Ruiz, Manuel Corona o Mario Fernán-dez Porta. Hemos tenido muy buenos músicos y muy buenos compositores. Por eso me duele tanto que la canción no esté presente más a menudo en la televisión cubana”.

Músicos de diferentes escuelas, formaciones y ten-dencias influyen en el desarrollo del quehacer artís-tico, se advierte en la Nueva Trova y en el jazz des-de la década del cuarenta hasta la actualidad.
Como ha declarado el tresero Pancho Amat, hay que escuchar mucha música para mantenerse al día. Nunca discrimina entre Paul Mac Cartney y Carlos Embale.

La promoción de la cultura musical debe patentizar la verdadera práctica de la música cubana. Esto no significa anteponer lo nuevo a lo viejo, sino com-prender la dinámica de un proceso en el que con-fluyen tradición, evolución y contemporaneidad en el amplio panorama de la cultura cubana.

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