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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Mario Limonta, un actor para todos los tiempos

El actor revela facetas de su vida artística, que incluye un amplio recorrido en radio, cine y televisión
Mario Limonta

Mario Limonta

Mario Limonta, excelente actor ha demostrado su calidad en todos los personajes realizados durante su prolífera vida actoral, revela detalles de su vida a En Vivo.

Cuenta que aunque nació en Guantánamo, su infancia y parte de la adolescencia transcurrieron en Holguín. Allí su padre trabajaba como tabaquero.

A Mario siempre le llamó la atención la radio. A los 16 años comenzó a incursionar en este medio, pues todos le decían que poseía una excelente voz y muy buena dicción. Hacía un programa llamado 10 y 30, que patrocinaba una de las tiendas de ropa más famosa de Holguín, pero no le pagaban con dinero, sino con una muda de ropa y, de esa forma, dice él, siempre andaba bien vestido.

Estudió bachillerato, ya que aspiraba a ser abogado. Corrían los años 1955 y 1956 en La Universidad de La Habana y los hechos ocurridos en esa época, por todos conocidos, troncharon los planes de Mario. La universidad cerró y él tuvo que ponerse a trabajar en la capital cubana en los oficios que había visto desde niño. Así fue contratado en una tabaquería para escoger la tripa con que confeccionaban el tabaco.

Limonta recitaba muy bien y los amigos lo embullaron para que se presentara en el programa de José Antonio Alonso. Allí ganó dos premios: el primer lugar y la novia con la que lleva años, Aurora Basnuevo.
Como “estrella naciente” pasa a trabajar en CMQ, donde interpreta pequeños papeles, pero aquello no daba para vivir y se inserta de nuevo, sin dejar la actuación, en el mundo del tabaco.

Para los más jóvenes que no lo saben, les diremos que en las tabaquerías existía una persona que junto al ritmo de las chavetas que cortaban la tripa para confeccionar el tabaco, leía durante la jornada laboral. Ese puesto lo ocupó Mario Limonta, que nos aclara que de este modo conoció mucho de la literatura universal.

Ya con el triunfo de la Revolución, pasa a laborar en el Teatro Nacional de Cuba, donde hizo su primer protagónico; en la televisión trabaja con Adolfo de Luis, Julio Mata, Hugo Uribe, entre otros grandes directores. Del teatro recuerda con mucho agrado su participación en la obra La Brújula, que dirigió Gloria Parrado. Confiesa que esa puesta en escena demandó un duro trabajo actoral, pues tenía que desdoblarse bastante.

En 1961 hace para la televisión Indio, que para él es un personaje inolvidable. Trabajó en Grandes Novelas con Aleida Amaya y en el espacio Horizontes. También protagonizó un rol inolvidable en la aventura Tierra o Sangre, que recodaba a las nuevas generaciones los problemas y vicisitudes de los campesinos durante la seudo república; su personaje se llamaba Nacho Verdecia y era el líder de sus compañeros de lucha.

También intervino en las series dramatizadas El León de Damasco, El Pampino, Puerto Rico Libre y La retaguardia del enemigo, entre otras.

No olvida su actuación en San Nicolás del Peladero y su rol del sargento Arencibia con aquella voz que ponía a reír a los televidentes y los diálogos picarescos con el alcalde, protagonizado por el excelente actor, ya desaparecido, Enrique Santisteban.

Dentro de la filmografía de Limonta destacan las cintas El joven rebelde, La Decisión, De cierta manera, bajo la dirección de la desaparecida Sara Gómez, y El brigadista, de Octavio Cortázar. Igualmente ha intervenido en varias películas haciendo doblajes.

En el año 2000 actuó en un filme que marcó pautas en el cine cubano, nos referimos a Miel Para Ochún, premiado en el Festival de Cine de Viña del Mar, después vino Barrio Cuba, también multipremiada en varios festivales de cine.

Poco conocida es su participación como jurado de un festival de cine en España. En 2012 protagoniza Sin alas, del director extranjero Ben Chase, y Camino del Infierno, con el italiano Francesco Rossi.

Una faceta muy reconocida en la trayectoria profesional de Limonta han sido sus actuaciones en Radio Progreso. Afirma el actor que esta experiencia lo enseñó a articular y a hablar correctamente, pues “tienes que lograr que el oyente crea en el personaje”, como ocurrió con la historia del programa que adolescentes y niños no se perdían, llamado Waitabó.

Este recorrido por la vida de Mario Limonta reconoce algunos de sus méritos en la actuación, lo cual le valió recientemente el Premio Enrique Almirante.

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