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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Mirta Muñiz Egea: fundadora y amante de la televisión

Historia de una gran mujer que fundó la televisión y aun la sigue amando

Hablar de esta mujer, toda delicadeza y perfección, es conocer la verdad del surgimiento de la televisión en Cuba. El equipo de En Vivo conversó con ella en su acogedora casa ubicada el barrio del Vedado y quedó maravillado con ante tantas anécdotas y reflexiones asociadas al medio televisivo cubano.

Desde muy joven a Mirta Muñiz le atrajo todo lo que tenía que ver con la publicidad, aunque le llamaba la atención el teatro. Comenzó su vida laboral en el departamento de publicidad de la tienda Sears, luego pasó a Guastella.

En el año 1950 ya se hablaba de la televisión, ese avance tecnológico que la sedujo de inmediato y pasó a trabajar en Unión Radio Televisión, desde la cocina de la casa de Gaspar Pumarejo, situada en Mazón y San Miguel, donde sale al éter el primer programa: Cocina al minuto, conducido por Nitza Villapol. Aclara Muñiz que la de Pumarejo fue la primera estación de TV del país. “Era una emisora pequeña donde se hacía de todo”, destaca.

Además de sus quehaceres en la publicidad y la TV, se encontró entre los fundadores de Teatro Estudio, también trabajó en El Sótano, en la puesta de La pícara cigüeña y en Las Máscaras, bajo la dirección de Paco Alfonso.

Allí hizo varias obras, entre las que recuerda Yerma y Mesas Separadas, entre otras, pero tuvo que abandonar el teatro pues la televisión le ocupaba mucho tiempo y, mientras hacía publicidad, comenzó a dirigir programas infantiles como Tía Tata cuenta cuentos, Amigo y sus amiguitos, Sombras chinescas y El Circo en televisión. Sin embargo, no olvida el teatro y le pasaba las letras de los guiones a su primo, el gran actor Eduardo Egea.

Recuerda que se interesaron en el novedoso medio televisivo los hermanos Goar y Abel Mestre, que fundan CMQ Televisión y ponen a funcionar el Canal 6, con un programa mensual escrito por Marcos Behemaras, llamado Tensión.

Asegura la experta narradora que Cuba fue el tercer país de América y el sexto en el mundo en tener televisión. Aclara que no teníamos preparación, pero para los cubanos no hay medias tintas, y como ella expresa en el prólogo del libro Televisión Ángel o Demonio, de la investigadora Josefa Bracero: “se aplicaron los logros internacionales de manera creativa, adaptada a nuestras características… y más, pues partíamos de una radio ya desarrollada con personalidad propia”.

Mirta fue la traductora de las negociaciones cuando vinieron los consorcios norteamericanos a establecer acuerdos con los Mestre y Pumarejo.

Después del triunfo de la Revolución  a ella le tocó intervenir las agencias publicitarias como: Mestre Conill y Compañía, Crusellas y la empresa Gravi. También pasan a manos de la Revolución las emisoras de Radio y Televisión. El 12 de enero de 1959 intervienen El Circuito Nacional Cubano, propiedad del dictador Fulgencio Batista, y el canal 12 de la televisión, donde este también tenía intereses. En ese momento Mirta Muñiz pasa a ocupar el frente del área comercial.

Durante 1961 se inicia en todo el país la Campaña de Alfabetización y ella asume la responsabilidad del programa de difusión. Hasta entonces, las agencias publicitarias se hacían cargo de la publicidad para que las emisoras les pagaran a los actores. A partir de ese momento se suprimen los comerciales y la televisión toma otro cariz.

Posteriormente, pasa a trabajar en Departamento de Orientación Revolucionaria (DOR) y cuando se anuncia por el Gobierno la Zafra de los 10 millones en 1969, Mirta se ocupa de la divulgación de esta, así recorre todo el país y escribe el lema que repetían todos los cubanos: Azúcar para crecer y ¡Los 10 millones van!
En 1963 pasa ser miembro del Comité Cubano de Solidaridad con Viet Nam, Laos y Cambodia. Y en 1966 se funda la Ospaal, con la celebración de la Conferencia Tricontinental, apunta que todo este trabajo lo hace de forma voluntaria. Funda la revista Tricontinental y es nombrada presidenta de la Sociedad de Amistad con Laos.

Más tarde se incorpora a la Asamblea Nacional del Poder Popular con el compañero Flavio Bravo, presidente de la misma, y ella crea la revista La Nación Cubana. Poco después labora en el Ministerio de Comercio Interior (Mincin) y allí crea el tabloide  El Magacín.

También dirigió la Editorial de la Mujer, órgano de la Federación de Mujeres Cubanas. Se jubila pero sigue trabajando, y comienza a trabajar en la revista Ocean Press. Además, figura entre los fundadores de la Asociación Cubana de Comunicadores Sociales.

En estos momentos aunque delicada de salud, asesora la publicidad de la Compañía BRASS CUBA, sobre todo para las ferias realizadas anualmente en La Habana.

De los premios y condecoraciones de Mirta Muñiz Egea solo mencionaremos algunos, pues la lista sería interminable: Medalla del X aniversario del Partido Comunista de Cuba, Distinción por la Cultura Nacional, 50 aniversario de la UPEC, Por la Obra de toda la vida, Premio a la Humildad Dora Alonso, El micrófono de la Radio, Sello Aniversario 65 de la Televisión Cubana, Premio de la Agencia de Publicidad Latinoamericana y Medalla por el 280 aniversario de la Universidad de La Habana. También ha recibido lauros y distinciones en Argentina, Brasil y Santo Domingo, por su aporte a las letras latinoamericanas.


No podemos olvidar que esta investigadora ha escrito varios libros: El pan cierto de cada día, La publicidad, mitos y realidad del socialismo, Mi profesión a debate, La publicidad no es un anuncio, El cartel cubano y Fidel castro. Discursos y diálogos.

Para finalizar esta reseña citamos las palabras de Mirta escritas en el libro de Josefa Bracero: “Como uno de los sobrevivientes de los dos veces fundadores de la televisión cubana, en 1950 y 1959, debo oficialmente agradecer Josefa y hacer una profesión de fe: me duelo de los errores y me regocijo con los éxitos, porque yo amo la televisión”.

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