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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Nuestros fundadores: Enrique Núñez Rodríguez

Querido escritor de la radio, la TV y el teatro cubanos, recordado por su maestría como humorista

La historia de la comunicación y el arte cubanos mucho le debe a este hombre nacido en Quemado de Guiñes, en la central provincia de Villa Clara.

De su padre telegrafista heredó la sensibilidad artística, el humor, el ansia de justicia social, la humildad y sencillez.

Vendió periódicos, fue trabajador textil y del seguro, pero un día descubrió el talento y la sensibilidad que le convirtieron en poeta y narrador prolífero en diversos medios y soportes.

Ya adulto, derrochó creatividad, laboriosidad y simpatía en todo cuanto hizo, aunque mucho tuvo que ver con su renombre nacional, su labor creativa en la radio y la televisión cubanas.

Con diez años fue colaborador periodístico en publicaciones estudiantiles y, desde 1936, en una revista literaria de la izquierda cubana; práctica que luego replicó en las revistas Carteles y Bohemia, que circulaban entonces en América.

En los años 40 del siglo pasado, vendió su bicicleta para residir en La Habana, donde por azar devino columnista de humorismo social y político en los periódicos Siempre, Pueblo y Zig Zag.

Ya en 1948, debutaba en la radio cubana, escribiendo la sección “Cuba en llamas” –espacio de sátira política difundido por la radioemisora COCO, de Guido García Inclán.

Después, sustituyó por enfermedad al famoso humorista Antonio Castell y, tras el inesperado fallecimiento de este, devino guionista de un espacio costumbrista donde brillaban los personajes de Chicharito y Sopeira.

Su entrada triunfal en la poderosa cadena CMQ Radio, se apresuró ese propio año con el trágico accidente de la actriz María Valero –quien entonces protagonizaba la radionovela El derecho de nacer– situación que le impuso redactar con urgencia los textos a leer por actores y actrices en el homenaje póstumo, organizado por esta emisora para honrar a la artista.

En 1949, la radio le abrió de par en par sus puertas cuando suplió, tras su renuncia, a Leovigildo Díaz de la Nuez, escritor original de las aventuras Leonardo Moncada, el titán de la llanura.

Con el humorístico Cascabeles Candado obtuvo un contrato exclusivo con la pujante jabonera Crusellas, una de las más importantes productoras y patrocinadoras de los productos mediáticos en la radiofonía de cobertura nacional. Ambos proyectos le otorgaron el liderazgo en el éter y luego se replicaron en la televisión fundacional.

Durante los años cincuenta del pasado siglo, Núñez Rodríguez debutó por lo grande como dramaturgo de la escena nacional.

Su primera obra, “Cubanos en Miami”, desnudaba la burda imitación de lo yanqui que hacían algunos cubanos cuando retornaban de sus viajes turísticos por el vecino del Norte. Se representó en el afamado Teatro Martí, donde compartió con artistas de la talla de Alberto Garrido y el dramaturgo Agustín Rodríguez.

Luego en ese glorioso escenario, brilló con luz propia como autor y director en obras como: “Qué noche la de anoche”, “Acuérdate de Acapulco”, “El bravo”, “Voy abajo” y “Dios te salve comisario”; secundado por paradigmas de la cultura cubana como Rodrigo Prats, Eduardo Robreño, Alicia Rico y Candita Quintana.

En su madurez profesional alternó la radio, la televisión, el teatro y el periodismo impreso, también escribió narrativa literaria.

Además de sus cuentos, su primera novela fue “Sube Felipe, sube”; mientras en las emisoras creaba personajes como el inolvidable Ñico Rutina, interpretado magistralmente por el actor Carlos Monctesuma.

Desde los años sesenta, escribió y dirigió el espectáculo “Me caso con una sirena”; protagonizado por María de los Ángeles Santana, Armando Bianchi y el grupo vocal Los zafiros, en el Hotel Internacional de Varadero, y luego en el cabaret Tropicana, junto al coreógrafo Federico Rodney y el director artístico Joaquin M. Condall.

¿Quién puede olvidar aquel memorable show romano de Tropicana, donde había hasta leones?
La televisión se privilegió con su versátil talento: exaltó la historia patria en una de las primeras aventuras de nuestra etapa de servicio público: El mambisito, difundida en vivo durante ese decenio.

Hizo reír con las series humorísticas Si no fuera por mamá, Conflictos y Gracias Doctor. Fue panelista en el programa ¿Qué traigo aquí?

Consagró la telenovela histórica cubana con la excelencia de su rigurosa y emotiva creación inspirada en la vida de Carlos Juan Finlay, paradigma del drama audiovisual y de la fusión de realidad y ficción.

Pasados los años, egresó como abogado junto a su hija, fue parlamentario, vicepresidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) y obtuvo, entre sus múltiples lauros y condecoraciones, el Premio Nacional de Humorismo en el 2001.

En la memoria de todos los cubanos quedan no solo sus éxitos radiales, televisivos y teatrales, pero también sus numerosos libros de testimonio donde desbordó su gracejo criollo, simpatía y cubanía.

Este ser humano excepcional fue un comunicador innato, un criollo auténtico, un intelectual profundo y un artista talentoso que se consagró a su pueblo despreciando jugosos contratos en el exterior.

Por ello y mucho más, este fundador de la radio y la televisión cubanas, se ganó el cariño de todo su pueblo.

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