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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Para mi este premio fue como un sueño

Confiesa Francisco Leyva Ferrer, Gran premio de no ficción de TV en  el Concurso Caracol 2018

Muchos son los elogios recibidos por el joven realizador Francisco Leyva Ferrer, conocido como Picky, quien en la edición 40 del Concurso Caracol de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) puso bien el alto el nombre del telecentro Isla Visión, de la Isla de la Juventud, al alzarse con el Gran premio de no ficción, categoría de televisión, por la obra Retorno a la semilla.

 

El jurado, integrado por el Premio Nacional de Televisión José Ramón Artigas, la actriz y directora Ana Nora Calaza, y la diseñadora y directora de arte Ileana Mulet, decidió entregarle ese lauro a Picky por el uso adecuado de la imagen y la banda sonora, en función del relato.

Con esta obra, catalogada por el jurado como un canto a la esperanza, Francisco ganó también el premio en dirección de infantiles. En ella demuestra que cualquier tema puede ser tratado cuando hay talento y necesidad de comunicar ideas para el crecimiento humano. Al respecto comenta el realizador de 35 años, graduado de Comunicación Social en la Universidad de La Habana:

Retorno a la semilla es un documental que parece un cuento, narrado por cinco niños con necesidades educativas especiales. El documental es conducido por un niño de nueve años que se llama Abel Alejandro Maceo. No nos enfocamos en las enfermedades que pueden tener sino en sus sueños, en cómo se integran a la sociedad y son capaces de enfrentar sus dificultades”.

Aunque hace 10 años labora como director, por primera vez concursa en el certamen organizado por la Asociación de Cine, Radio y Televisión de la Uneac.

“Para mi este Gran Premio fue como un sueño porque estuve cerca de tantos profesores míos, muy buenos en sus profesiones, como Magda González Grau y Artigas. Pude ver a personas que admiro mucho como Rosalía Arnáez. Crecí apreciando sus obras. Me parecía algo increíble que me felicitaran porque todavía tengo mucho que aprender de ellos”, confiesa.

Francisco recibió también un premio colateral del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) por el noticiero infantil N3P, donde aborda un tema de actualidad en la sociedad cubana, muchas veces invisibilizado, y el realizador lo pone en el diálogo de sus protagonistas adolescentes.

¿Por qué la predilección por el trabajo con ese grupo etáreo?

–Cuando me gradué de la Universidad me ubicaron en el telecentro Isla Visión para hacer el Servicio Social. Como obtuve varios premios, terminé antes esa etapa de adiestramiento.

“Gracias a la visión de Regla Bonora, –especialista al frente del Grupo de Programas Infantiles y Juveniles de la televisión cubana–, hace unos ocho años empecé a trabajar el mundo infantil. De igual manera, la literatura que escribo casi toda gira alrededor de los niños y adolescentes”.

¿Cuán difícil puede resultar ser realizador de una “Isla” dentro de otra “Isla”?

–Es muy difícil. Nosotros hacemos la televisión que podemos hacer y no la que queremos. Imagínate lo que puede resultar hacer televisión con casi ningún recurso. Los directores somos una suerte de magos que contamos con la creatividad de todo el grupo operativo: los camarógrafos, los editores, los diseñadores y los productores.

“Digo, con mucho orgullo, que Isla Visión es el mejor telecentro de Cuba porque, aunque somos muy pequeños, en los últimos tres años hemos obtenido premios iberoamericanos en Nicaragua, en Brasil, en Chile. Hemos concursado en Japón. Es casi una pelea de David contra Goliat. Eso se lo debemos al equipo que tenemos que hace las cosas porque le gusta crear”.

¿En estos momentos en qué estás trabajando?

–Tenemos en proyecto una serie para adolescentes relacionada con la temática de la sexualidad y estamos en fase de producción de un cortometraje dramatizado para niños, que se llama Rebeldes. Son tres historias de pre adolescentes de estos tiempos que se rebelan contra lo que les han impuesto y luchan por ser diferentes a sus padres y ser ellos mismos.

“Tocamos el tema de la homosexualidad, el problema de la obesidad y los parámetros que impone la sociedad a las niñas para que sean delgadas como muñecas. Los protagonistas se enfrentan a esos prejuicios y salen vencedores.

“Con los niños hay que ensayar mucho antes de grabar. No podemos ir a improvisar. Por eso, en mis obras casi nunca toco el tema de la escuela, porque, aunque la mayor parte de sus vidas transcurre allí, ellos tienen sus propios intereses, ideas, sueños, cosas que les gustan y no les gustan”, concluye el realizador.

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