22 de abril de 2024

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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Por la equidad de géneros en nuestros medios

En los medios de comunicación cubanos existen programas que intentan, y lo logran con sendos resultados, hacer frente a la subvaloración histórica contra las mujeres, pero el asunto aún queda en la epidermis.
equidad de genero

Desde que las diferencias sociales comenzaron a perfilarse según la función con que cada cual contribuiría a su comunidad, las luchas por el poder y sus ambiciones han generado las más diversas discriminaciones con los odios consecuentes, al punto en que por uno u otro motivo absurdo, sus víctimas constituyen una notable mayoría de la Humanidad.

Para comenzar, la subvaloración histórica contra las mujeres (limitándonos ahora solo por este concepto) ha victimizado (y aún victimiza) en mayor o menor grado y según cada contexto, en detrimento de la funcionalidad social y de la felicidad humana.

Para eso, se han basado en la proliferación de tabúes y clichés simplistas alimentados por la ignorancia de un imaginario que ha llegado a nuestros días con un patético orgullo sexista que a menudo resulta de otras discriminaciones como la homofobia.

   Esto sucede al absolutizar dogmáticamente diferencias de géneros de cómo son los hombres y cómo las mujeres y qué pueden ser o hacer o sentir unos u otros, obviando que no hay dos hombres iguales ni dos mujeres iguales y que muchas mujeres comparten afinidades y otras identidades múltiples y diversas con muchos hombres y viceversa, sin que nada tenga que ver con la opción sexual preferida.

Son sexismos que alcanzaron un clímax cuando se sentenciaba que los hombres vienen de Marte y las mujeres de Venus con el tono de supuesta explicación científica que llame la atención de la cultura de masas (entendida la generada acríticamente por los medios) haciendo eco del viejo y polémico refrán de que más vale caer en gracia que ser gracioso.

Tales y tan peligrosos facilismos en verdad, irrespetan las frustraciones impuestas a las mujeres durante milenios en las más diferentes culturas: por un lado las culpan por comerse la manzana y despertar la lujuria y por otro le reducen ignoran y hasta vetan su necesario placer sexual.

La respuesta a estas tradiciones que podemos considerar seudo-culturales ha sido la tradición de luchas por la justicia y el reconocimiento a su participación decisiva en cada suceso de la Humanidad.

Hacia la historia contemporánea con mayor conciencia explícita, se ha citado (aún con reservas) la protesta femenina en Estados Unidos cuando en 1848 se les prohibió la palabra en una convención contra la esclavitud. También figuran las que murieron en el incendio durante la represión del 8 de marzo de 1857 en la textilera Cotton en New York, ciudad que continuó al centro de este escenario con aquella huelga de unas 15 mil mujeres en las calles desde el 5 de marzo de 1908 contra las malas condiciones laborales y contra el trabajo infantil.

La historia registra también las 146 mujeres que murieron el 25 de marzo de 1911 cuando la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist en “la Gran Manzana” ardió de madrugada con trabajadoras  atrapadas en sus diez pisos pues los propietarios habían bloqueado todos sus accesos para evitar robos.

 Las rusas aportaron el lema “pan y paz” desde febrero de 1913 contra la guerra que se avecinaba, impactaron en el resto de las europeas, que las apoyaron, y lo repitieron en 1917, el 23 de febrero en el calendario juliano y 8 de marzo en el gregoriano. Poco después acabó el zarismo y el gobierno provisional les otorgó el derecho al voto y 60 años después la Organización de las Naciones Unidas reconocería el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer.

Las mujeres, los medios y  la Cuba actual

En los medios de la Cuba actual cuando hablamos de mujeres es inevitable no pensar en el programa con alta audiencia Nosotras, que en 1985 crearía y escribiría Orieta Cordeiro, dirigido por Carmen Solar en Radio Progreso con la locución y actuación de Alicia Fernán, y que mereció la medalla “23 de agosto” de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC).

En la televisión contamos con el programa Cuando una mujer, un proyecto de la FMC con el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), que se auto-reconoce dirigido a hombres y mujeres sobre las relaciones en las familias y entre sus miembros ha tenido a Esperanza Valera, Tamara Castellanos y Marilu Macías.

Vale la pena detenernos aquí para valorar la actitud genuinamente inclusiva que le propicia su valor: no se puede hablar de problemas de mujeres obviando los de los hombres, y viceversa, y la motivación de la FMC por la familia generó en cada municipio las Casas de Orientación y Apoyo a la Familia, en todo lo cual es indisoluble nuestro reciente Código de las Familias contra toda discriminación, aprobado el 25 de septiembre de 2022.

Si patológica y nociva es la misoginia, no menos patológica y nociva es la misandria, término reconocido desde 1909 como la aversión a los varones y que ya se cuenta entre las discriminaciones a erradicar, vulnerables, incomprendidos y desatendidos a menudo, totalmente acusados de las infelicidades femeninas (como si tanta mujeres no exigieran el machismo y no ejercieran todo tipo de violencia contra otras mujeres, contra las otras generaciones y contra los hombres).

Sin embargo, reducir la equidad de géneros a estos y otros programas similares en nuestros medios, sigue siendo epidérmico; como epidérmico y peligroso que desvía el verdadero problema y por tanto, dificulta su solución. Considero al que valoro mal llamado “discurso de género”, que además, es un atentado al rico patrimonio que atesora nuestra lengua española, complicándolo hasta el retorcimiento innecesariamente, como si fuera poco lo que sufre el idioma en ese otro gran medio que se va imponiendo a todo galope mediante las denominadas “redes sociales” en el ciberespacio.

No parecen tan militantes en esta urgente batalla contra todo sexismo, pero por fortuna, son mucho más cotidianos y por ello mismo, de alcance decisivo y casi siempre alejados del panfleto, los mensajes y sub-mensajes en una buena mayoría de la producción nacional e internacional que apreciamos en nuestros medios. Algunos, es cierto, son sexistas, groseros y hasta agresivos, por ejemplo en zonas de la música; otros confunden la gracia de la mujer cubana con la vulgaridad.

Pero abundan también los mejores ejemplos, que en vez de reducirnos a hombres y mujeres (casi como machos y hembras) nos permiten crecernos todos por igual como seres humanos. La sociedad necesita de todos para la equidad que mediante la justicia y la imparcialidad, y sin igualitarismos, nos haga iguales en estatus, derechos y oportunidades, y solo así, garantizar al futuro una mejor Humanidad.

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