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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Otro punto de vista

Sobra la tela por donde cortar a partir de este llamado a rescatar un "espectador sagaz" para el cine en nuestro país

Antes que todo, valdría la pena pensar por qué tanto interés en el cine, aquel que fuera definido por Lenin como «la más importante de las artes», a lo cual, hace mucho, habría que sumar la televisión.

Cuando en 1994 puse un pie en Manhattan por vez primera, una de las cosas que más me llamó la atención fue la comodidad con la que me moví por una ciudad a la cual no me ataba otra cosa que las películas; centenares de horas de «entrenamiento visual» previo a la cita real, de conocer esos edificios y aún múltiples lugares desde lo más lejos posible de la infancia.

Tanto el Kremlin como los puentes venecianos, la torre Eiffel como las selvas africanas, son espacios en los que han transcurrido grandes escenas de películas; además de ello o de peso, es así que hemos conocido o nos «hemos hecho» ideas acerca de las personas naturales de dichos lugares, su historia y sus problemas.

La anterior simpleza justifica la necesidad de espectadores «sagaces», capaces de penetrar la trama ideológica detrás de las imágenes, que entiendan que en ese acto de «hacerse una idea del Otro» participan numerosos mediadores interesados entre el sujeto que contempla, el espacio o carácter representado y la noción de verdad que emane de la película como tal.

Tu acercamiento pide «análisis multifactoriales», señala las penurias que hoy vive el cine de pantalla grande en el país, distingue entre tal experiencia perceptiva y el consumo de obras cinematográficas en la pantalla del televisor casero o en pequeñas salas de video; sin embargo, termina regresando a destacar que: «. a la TV

Hoy día, a nivel mundial, el pequeño cine de barrio disminuye su presencia en las vidas; sustituído, como bien precisas, por el multi-cine o el cine en los malls (quizás como principales variantes del consumo). Aunque también, en su reverso, aumenten los denominados micro-cinemas (para alrededor de 200 personas, con programaciones altamente selectivas y en entornos de consumidores culturales de élite). corresponde un importantísimo papel. Me refiero a su programación fílmica y a los propósitos que se tracen con ella.»

En nuestro país, donde la capacidad económica de inversiones masivas para crear salas de cine es próxima a cero, la opción más revolucionaria fue la de extender el circuito de audiovisualidad mediante la creación de las denominadas «salas de video».

Si se presta atención, y en consonancia con tu destaque sobre la importancia de la televisión en cuanto a la formación del gusto, hablo de «audiovisualidad» en lugar de cine; no porque me derrote, en lo que toca a la posibilidad de existencia de un circuito, poderoso, de pantallas grandes, sino simplemente intentando ser realista. Dicho de otro modo, lo que sí no debe ser dejado al azar es el trabajo de formación de audiencias, con todo lo que ello comporta en cuanto al elogio al audiovisual mejor mediante su promoción y crítica.

Es aquí donde, en mi opinión, la mesa cojea de manera más evidente. Es cierto que en la televisión cubana existen programas «buenos» dedicados al cine; de hecho, en los últimos años han surgido varios a la producción nacional. Junto con ello, también es cierto que la producción nacional cubana es un granito de arena en la cantidad, diversidad y problemáticas de la producción audiovisual en el mundo de hoy; en este punto, cosa esencial, no sólo hablo de cine, sino de televisión, cinematografía experimental y, cuando menos, video-arte.

Ningún programa sobre cine en nuestra televisión es capaz de dar cuenta de fenómenos tan apasionantes como el estado contemporáneo del cine nigeriano, los festivales de cine filmado con teléfonos celulares, los festivales de películas de un minuto, la colocación de películas en You-Tube, la expansión del formato IMAX, el videoarte y lo experimental, la documentalística social, la explosión de las series televisivas o la expansión de la telenovela por el mundo.

En realidad, si meditamos lo anterior, descubriríamos que no hay en Cuba, en lugar alguno y ni siquiera en la única publicación profesional sobre cine en el país (la revista Cine cubano), en las programaciones de su Cinemateca y ni en sueños en la televisión, un espacio que nos permita tener idea de qué sucede con la producción audiovisual del presente. Aquí nos traicionan el acomodamiento, la auto-satisfacción con lo menor, la falta de información, la negativa a un  verdadero diálogo cultural con el mundo y el hecho de permanecer atados al cine de pantalla grande como botón de muestra suficiente a la hora de hablar de audiovisualidad.

La multiplicación de un espectador sagaz implica preguntas severas, más allá del cine mismo, acerca del estado del pensamiento sobre la cultura en el país, así como de las consecuencias que tiene la implementación de políticas culturales.

Valga de ejemplo para lo último el circuito de Salas de Video, potencialmente un extraordinario medio para dinamizar debates y fabricar acontecimientos culturales a partir de obras audiovisuales, transformadas en sitios rutinarios donde un empleado con plaza de proyeccionista (¿cuál es su nivel cultural?) actúa como intermediario con las posibles audiencias comunitarias.

En lo que toca a cifras, el ICRT transmite unas 64 películas semanales y el ICAIC no menos de 5. Hace unos meses fui parte del proyecto de creación de una revista electrónica para el ICRT y conseguimos armar un primer número que, pese a no merecer resonancia alguna, considero un logro para nuestro medio.

Allí estaba, como parte del conjunto, esa plataforma que reclamas; pues se suponía que la Revista funcionara a la manera de complemento del Portal de la Televisión

Respecto a lo que apuntas a propósito de los centros docentes de educación superior, siento escalofríos al comprobar el escaso reflejo en nuestros programas de estudio de la importancia o lugar que el consumo audiovisual tiene en las vidas de hoy; esta suerte de victoria pírrica de la filología ortodoxa es realizada a costa de ocultar cualquier estadística acerca del consumo cultural contemporáneo y es muestra de la perplejidad metodológica de nuestra academia al abordar los fenómenos propios de la cultura masiva.

En fin, que las tijeras para cortar la tela se va a necesitar que sean grandes, además de afiladas varias veces. cubana. A pesar de tratarse de una publicación en formato electrónico, de continuar, tendríamos bastante más de lo que poseemos hoy en lo que se refiere a la reflexión e información previa o actualizada sobre el cine o, en general, la producción audiovisual contemporánea.

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