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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Radio Cadena Agramonte, emisora de mis amores (XI)

Esta crónica forma parte de una serie radiodocumental que realicé para homenajear a la emisora donde inicié mi vida profesional

Radio Cadena Agramonte, emisora de mis amores. La primera en mi vida profesional. La que me vio nacer y crecer como locutor. Soy César Arredondo y tengo el placer de encontrarme o reencontrarme contigo atravesando el tiempo y la distancia. Te contaré de cosas pasadas en esta emisora y de mis andares en su búsqueda o de cuando la encontré y fuimos un todo único.

Transmitíamos en la misma frecuencia

En lo político, en aquellos tiempos primarios de Radio Cadena Agramonte, la mayoría éramos, “políticamente” hablando, analfabetos indudables, aunque sí nos interesaba mucho nuestro trabajo, sin contradicciones fundamentales, con respecto a la administración privada, casi agradecidos por la plaza que ostentábamos y en una actividad que tanto nos gustaba. La mayoría jóvenes éramos fidelistas y los dueños de la emisora mantenían la misma posición, aunque supiéramos de sus conveniencias politiqueras. A nosotros también nos convenía tal actitud.

Las cosas se bifurcaron cuando la Revolución tomó el poder y apretaba, poco a poco, las clavijas, cuando el pueblo comenzó a lidiar como dueño. Los noticieros de Radio Cadena Agramonte fueron espectaculares. Hablo de los años (19)57, 58, 59 y 60 sobre todo. Se incorporaron voces de otros lugares del país, buscando exclusividad. A ellos les pagaban 120 pesos, el doble de lo de nosotros, los locutores de discotecas, cosa que veía normal y nunca me molestó. Estaba consciente de que eran mejores que los que hacíamos solo musicales.

Sin embargo, en 1960, como ya he contado, recibía una copa o trofeo como mejor locutor de discotecas, iniciativa de la sección “Cositas” del periódico Adelante, recién inaugurado. No conllevó algún estímulo material, me bastaba el moral. La premiación se efectuó en el Teatro Principal. Fui el más aplaudido, me lo señalaba el señor director de la emisora, cosa que me convenía indudablemente, seguramente por la juventud. Era el de menor edad, 23 años. La mayoría, veteranos.

Hacía las discotecas estelares en aquel estilo de locución, alegre y dinámico, jugando con los tonos (eso lo aprendí luego), pero de forma impersonal, con textos escritos para ello, cortos y enfáticos. No podíamos salirnos de él. Se decía entonces que en la radio el tiempo era oro. Además, para que no se perdiera el ritmo y tono establecidos, poníamos 7 temas musicales cada media hora. Todos los anuncios, de no más de 30 segundos cada uno, y la mayoría grabados con la característica de amenidad y ligereza.

Cerrábamos la media hora y anticipábamos los títulos siguientes, diciendo: “en música seguidita, seguidita y sin montones de anuncios”. Y, en realidad, eran un montón de anuncios, pero el oyente no lo percibía así. Algún título le interesaba y seguía con nosotros. Esa era la jugada.

Después de los anuncios venía la hora con un campanazo y decía: “Cadena Agramonte y la presentación de los 3 favoritos”; de nuevo: “en música seguidita, seguidita y sin montones de anuncios”. No dábamos tregua. Tenían que ser linces locutores y operadores: Benito Gil Lacal, Jaime Velazco Pimentel e Isidro Ramírez, magos casi, manipulando a punta de agujas los discos de la música y de los anuncios.

En la programación de esta emisora en esos tiempos no había inventos ni felicitaciones en esos espacios, solo en las discotecas mexicanas o campesinas. Los noticieros también eran ligeros y de tono más elevado, sin ser estridentes, no conversacionales o coloquiales, como resultaba en las otras emisoras.

Muy escasas en esas emisiones eran las voces de reporteros o corresponsales. Era una tónica generalizada en todo el país. ¡Ah! y se decía lo establecido por la política editorial de la emisora, o sea, se aplicaba lo de “el que paga manda”.

En los noticieros de Radio Cadena Agramonte sobresalió el estelar Mario Crespo Fuentes, oriundo de San Luis, Santiago de Cuba. Venía de la emisora de Manzanillo. Fue una estrella, voz y timbre de privilegio y forma de decir espectacular. Uno de los mejores locutores de noticias que recuerde en toda mi vida. Él nunca estuvo consciente de su grandeza profesional.

       Cronica Cesar Capitulo 11

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