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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

“Radio Progreso fue la primera emisora que me acogió en mi vida profesional”

Entrevista al premiado radialista Guille Vilar
Guille Vilar

Guille Vilar

Para Guille Vilar, Premio Nacional de Periodismo Cultural José Antonio Fernández de Castro, destacado promotor cultural, entre otras funciones, resulta difícil determinar qué medio de comunicación le resulta más atractivo. Ha sido colaborador en cada uno de ellos y por tanto confiesa que sus amores son múltiples y diversos. Sin embargo, Radio Progreso fue su primer lugar de trabajo.

¿Cuándo se incorporó a Radio Progreso?

Fue en diciembre de 1976 como parte de mi servicio social. Debo confesar mi frustración porque pretendía trabajar en lugares como el ICAIC o en los museos de la ciudad, no en la radio y mucho menos en Radio Progreso, pues tenía una información limitada y para colmo tergiversada de la emisora. Sin embargo, a la semana de estar ahí, me percaté de estar en una magnífica plaza como parte de los inicios de mi futura vida profesional por todas las posibilidades que tenía para aportar al medio.

¿Entonces qué significación tiene para usted la emisora?

Fundamental, pues fue a partir de mi desarrollo en Progreso, que inicié mis colaboraciones como productor musical en otras emisoras como Radio Habana Cuba, Habana Radio y Radio Rebelde, pero nunca sin abandonar la Onda de la Alegría por muchas razones. Una de ellas es que en Infanta 105 tuve la enorme satisfacción de sentirme parte de un gran colectivo donde todos éramos importantes como sucede en una familia.

¿En cuales otras aristas culturales le ha permitido trabajar su formación profesional?

En mi extensa vida profesional, me he desplegado en diferentes aristas como la de conferencista, director de espectáculos musicales, programas de televisión, guionista de programas de televisión, en la actualidad soy director artístico del Centro Cultural Submarino Amarillo, pero el germen de todas y cada una de esas ocupaciones, me lo inocularon en Radio Progreso, una verdadera escuela.

Claro, tuve el privilegio de compartir prácticamente con todos sus trabajadores, pues el nivel de desarrollo de la tecnología radial en los años 70 y 80 del pasado siglo, te obligaba a trabajar en colectivo si querías avanzar en tu profesión.

Me tocó vivir una época en que el desempeño del compañero de la recepción, era tan importante como conocer las interioridades de las grabadoras en el taller de la emisora. Aunque cada cual atendía el espacio asignado, predominaba un espíritu de sociedad que acogía a todos sus trabajadores por igual.

Me relacioné lo mismo con respetables directores de espacios dramáticos, con populares actores que con empleados de otras áreas. La jerarquía del conocimiento para nada decidía la superioridad moral sobre el resto de los trabajadores.

Sus inicios fueron en el departamento de asesor de dramatizados ¿Cómo se involucra con la sección de música?

El detonante estuvo en malas decisiones de un directivo de la emisora, que quiso sacar al aire una novela por encima de mis criterios como asesor y de mi aprobación

Ante la disparidad de juicios me propusieron trabajar en el Dpto. de Música de la emisora, luego de dos años de desempeño en el bloque dramático. Acepté la propuesta y a partir de entonces llegó mi ulterior desarrollo como profesional en el terreno de la música.

¿Cuántas vivencias tuvo en el departamento de música?

Lo primero que aprendí en ese departamento fue que cualquiera siempre tiene algo que enseñarte. Personas como Emilio García junto a Pepito Ciervides, Mérida Aragón y Manolo Louit Venzant, editores de programas musicales, me enseñaron a amar la profesión con la ilusión de que cada mañana fuera una nueva oportunidad para hacer lo mejor posible el trabajo. Otra cosa que le debo al departamento y en general a Progreso es su capacidad para mostrarme la verdadera música cubana en toda su extensión.

¿Cuánta riqueza musical cubana descubrió en el departamento de música de Radio Progreso?

Yo formaba parte de los grupos de jóvenes universitarios que poco a poco eran incorporados como futuros profesionales a la emisora. Cuando se habla una y otra vez de la llamada censura de Los Beatles en los años 60, todo se queda en esa comidilla como si fuera lo único válido de esa época y de los años posteriores en relación con la música popular.

En ese período hubo directores como Manolo Suárez con sus programas Danzones de siempre y Páginas cubanas, devenidos en promotores del tesoro musical cubano, que no recibía una correcta difusión por razones diversas.

Con ello confieso que de la mano de estos radialistas descubrí en los archivos de la emisora la grandeza de instituciones como Benny More, la Orquesta Aragón y el Septeto Nacional, pero también junto con un grupo de valiosos colegas, tuve la oportunidad de coadyuvar a la transformación del enajenante panorama de la música comercial extranjera y sopesar la balanza a favor de una equilibrada difusión de los mejores exponentes de la música universal contemporánea.

¿En qué medida la radio cubana constituye un elemento fundamental en la formación de las nuevas generaciones?

Cada época viene acompañada de sus propias circunstancias socio-culturales y como tal todo se mueve. Por lo tanto, para hacer que la radio constituya un elemento fundamental en la formación integral de las nuevas generaciones, creo que lo principal es atender las inquietudes y perspectivas de las correspondientes generaciones. Tenemos que colocarnos a su lado, demostrarles que pueden contar con las generaciones anteriores, a la cual pertenezco, con la certeza de que les echaremos una mano.

Es importante saber mirar la vida con los ojos de los jóvenes del mismo modo que generaciones anteriores a la mía, nos miraron a nosotros en nuestro tiempo de juventud.

¿Continúa en colaboraciones radiales?

Ya no trabajo directamente en la realización radial, por lo tanto, no estoy interesado en hacer alguna programación especial dedicada al Centenario de la Radio Cubana, a no ser responder entrevistas.

Realmente estoy agotado físicamente. El retiro al llegar a la edad de jubilación, no es un regalo o caridad, es la necesidad por el cansancio acumulado después de tantos años de servicio. En mi caso el agotamiento físico es evidente y lógico, pues acabo de cumplir 71 diciembres de vida.

Guille Vilar ha recibido entre otros honores la Distinción por la Cultura Nacional en 1994, el Micrófono de la radio en el 2000, El premio Espiral Eterna en el 2011 de la oficina de Leo Brouwer y el Cuba Disco 2012, entre otros galardones.

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