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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Reconocimiento de los públicos, una deuda pendiente

Los medios tienen que ver con otro lente las necesidades informativas reales de la población.

Orlando Cruzata

La Televisión es un medio muy absorbente, a tal extremo que nuestra Asamblea de Balance hasta ahora parece una Asamblea de la Televisión y yo quería tratar de enfocar la discusión de los problemas. En primer lugar, hablar del sistema de medios de comunicación del país, porque es obligatorio hablar tanto de la televisión como de la radio, la prensa plana y digital.

Cuando veo el sistema, hablo, por ejemplo, de la programación informativa que necesita el país, demanda el Partido y el Estado y la gente quiere; y ahí entra la Radio, la Televisión, la Prensa. Ahí aparecen los problemas que tiene la Radio en cuanto a inmediatez, la falta de imágenes o de espacios informativos y de explicación que tiene la Televisión, y la acción de la Prensa después más explicativa.

Tuve la suerte de acercarme a la comunicación en un  Instituto de la Academia de Ciencias, donde disfruté el lujo de compartir con los arqueólogos, etnólogos y antropólogos más famosos del país en su momento. Aprendí de esas personas.

Entonces, viéndolos como sistema, los medios de comunicación nuestros necesitan un cambio urgente; pero muchas veces el cambio lo apreciamos en los públicos y los primeros que tenemos que cambiar con urgencia somos nosotros.

En ocasiones, nos abrogamos el derecho de pensar qué es lo que necesitan conocer los públicos, sobre qué necesitan estar informados. La gente necesita estar informado de lo que estime conveniente, las realidades del mundo y la vida cotidiana, no de lo que nosotros queremos. Esa es una cuestión que los medios nuestros, la Radio y la Televisión, han de ver con otro lente: las necesidades informativas reales de la población; y no las que nosotros queremos que tengan.

Si hablamos de música, todos los compañeros han dicho aquí que los culpables de los gustos musicales del cubano son la Radio y la Televisión. Pero, les insto a que transiten por cualquier calle y lugar  público que pertenezca a las organizaciones de masas, al Poder Popular, el Ministerio de Cultura, el de Comercio Interior, ahí lo que se pone es “candela”, utilizando los términos más peyorativos. Y pregunto: ¿cuán culta o cuánta cultura tiene que tener nuestra música para transmitirla por la Radio y la Televisión? ¿Qué es música culta para nosotros y qué es música culta para los oyentes y televidentes?

Ahí entramos en otro problema: el desconocimiento, la subvaloración y la subestimación de los niveles reales de instrucción, cultura y apreciación estética que tiene la población; un problema gigantesco que debemos solucionar todos. Porque a veces pensamos que las personas tienen  un nivel  cultural,  de instrucción y apreciación estética equis, que debe ser transformado; pero ese diagnóstico de qué es lo que debe ser transformado no existe. Y a ratos insistimos e insistimos con cuestiones que no funcionan, ahí hay parte entonces de desconocimiento.

Un ejemplo: ahora se volvió a insistir en la televisión en horario nocturno. Se transmiten conciertos excelentes los domingos en la noche.  ¡Acabó de hundir la noche del domingo!  Y no tiene nada que ver con baja cultura, al contrario, extraordinario, maravilloso, importantísimo lo que se está trasmitiendo. Hace 30 años que nosotros sabemos que ese tipo de género no se comunica con su público. Lo sabemos y tropezamos con la misma piedra, no puede ser.

Eso no quiere decir que no se transmita ese género musical,  que no se le lleven a la población los conciertos relevantes de los artistas nacionales e internacionales de mayor nivel. Pero así no, porque se sabe que no funciona. Entonces, ese desconocimiento de los niveles de instrucción cultural que tiene la gente y la sobrestimación de lo que nosotros pensamos que debe ser, es uno de los problemas centrales que tienen los medios cubanos.

Recuerdo que al actual presidente del Instituto Cubano de Radio y Televisión, un amante del deporte y de la programación  deportiva, no le gustaban los datos cuando yo le informaba que había un grupo de eventos con baja audiencia en el país, que debíamos de tratar que tuvieran mejor audiencia, pero no de  la forma que pensamos.

Le decía que el deporte nacional no desplazaba a la telenovela. Y no la desplaza, a no ser un evento internacional de altísima relevancia. Ah, pero hay un segmento de público que ante buen deporte se sienta. Entonces, me gustaría, si pudiera colaborar con un granito de arena, tratar de conciliar dos temas.

Es necesario comprender que la Radio y la Televisión tienen que intercambiarse, intercambiar más, articularse más y conocer el talento que existe en la Radio y la forma en que ese talento puede nutrir a la Televisión. El talento artístico está; mas, a ese talento productivo le falta tope internacional.

Ayer le pregunté a uno de nuestros productores principales: ¿sabes cómo se hace la producción y la escenografía en el mundo hoy? Me respondió que no. Claro, no podemos saber, porque al extranjero van los periodistas y los técnicos; este personal de la producción no tiene tope. Nadie sabe cómo está produciendo Televisa y ¿cuál es la escenografía que utiliza Works? No hay  recursos, no hay dinero. ¡Ah…!, no sé ante la urgencia de cambiar la Televisión si tengamos que tener esa otra disposición, prestarle atención a estas áreas que son clave: producción, escenografía, e influyen en un conjunto de temas.

Tenemos que acabar de cercar los problemas. Esto mismo de acercarse realmente, desprejuiciadamente, a las parcelas del quehacer artístico, cultural, científico, y decir: somos un medio masivo de comunicación que tiene sus leyes, un comportamiento. Y digo más: la Televisión no es para la alta cultura, para eso están los teatros. La Televisión tiene que tener momentos de alta cultura; pero quien quiera hacer televisión de alta cultura, lo hará en contra de todos los que estudian la Televisión desde hace muchísimos años, en contra de los resultados que hay en el mundo en relación con el medio.

No obstante, la televisión no es chabacana, inculta, no es concesión al populismo. La televisión tiende a la alta cultura, pero ¿cómo la hace?: a partir del reconocimiento exacto, real, de una parte de su público. Coincido con Magda y otros compañeros en que no solo los jefes, sino los realizadores -ese “Estado Mayor” de la Radio y la Televisión- tienen que tener información clarita para que puedan actuar en consonancia con los requerimientos del Partido y el Estado. La Televisión y la Radio son ante todo instrumento del Partido y el Estado, y después todo lo demás; pero todo lo demás tiene tanta importancia  que está muy pegadito. A veces priorizamos un género televisivo o radial sobre otro. Por lo general, la cuerda se va para lo informativo por una subestimación enorme que existe en el país del entretenimiento.

Al entretenimiento lo tenemos subestimado y lo asociamos con banalidad, incultura, chabacanería. El entretenimiento se  lo hemos dejado al enemigo, porque existe la creencia de que el entretenimiento siempre tiene que ser muy culto; fíjense que barbaridad digo. El entretenimiento no siempre tiene que ser muy culto, ha de tener cultura, momentos de alta cultura, pero también tiene que satisfacer las necesidades más elementales de los seres humanos, nos guste  o no.

Hay un segmento de la población al que le encantan las baladas. Entonces ¿le trasmito buenas baladas o dejo que las vendan en discos en cada esquina? En el futuro la alta presencia de equipamiento de punta permitirá a  la gente ver  y escuchar lo que estime conveniente cuando lo desee. Ese es un reconocimiento que tampoco está bien instalado.

Preveo que va haber producciones no realizadas por la Radio y la Televisión que empezarán a circular, no se pondrán  en los grandes medios, pero las veo caminando, como decía Orlando Cruzata. Esa independencia productiva la tenemos ahí mismo, no va a trasmitirse por los grandes medios, pero a lo mejor empieza a circular, si es que ya no está circulando y, de hecho, lo está en el terreno de la música.

Resumiendo, con modestia, reconozcamos que la población y sus grupos son como son y no como nosotros queremos que sean. Sabemos que tenemos la misión de transformar a ese público, como decía Armando Hart -me gustó mucho aquel ejemplo y lo he repetido muchas veces-, que no se sienta que nosotros tratamos de elevarlo a que ame el Ballet, o lo mejor de la Nueva Trova, a que busque las obras de mayor nivel profesional en cualquier terreno del arte humano. Pero, esas personas que queremos que sean así, en consonancia con lo que quiere el Partido y el Estado, tenemos que reconocer que son así y están allí.

Queremos que estén en el peldaño ocho de la escalera, pueden estar en el tres  y de ahí al ocho no se puede dar un brinco, porque la gente se va por caminos vecinales que no son los que queremos. Ese reconocimiento de los públicos y la concertación del talento que tiene la Radio y la Televisión en función de los intereses del Partido y del Estado, ahí me parece que está el éxito.

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