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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Reguetón y sociedad, entre el goce y la tensión

La presencia de esta música y estética en los medios constituye una invitación a estudiar, con mayor profundidad, los valores y sentidos que proyectan sus letras 

Mucho se ha debatido, en eventos teóricos, simposios culturales y entrevistas realizadas a directivos del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), acerca del reguetón y su difusión en Cuba.

Algunos directores de programas de radio y televisión han manifestado su oposición a privilegiar esta música en los medios, en detrimento de otros géneros y ritmos propios de la música tradicional cubana.

Lo cierto es que el reguetón, desde hace ya varios años, goza de gran aceptación en el público, sobre todo entre adolescentes y jóvenes, quienes memorizan los estribillos de las canciones que reciben no solo a través de la radio o la televisión, sino a partir de una amplia red de difusión y distribución informal (los almendrones, las guaguas del transporte público, los bicitaxis en los cuales se escuchan a todo volumen los éxitos más recientes del reguetón foráneo y nacional), lo cual contribuye a irradiar, casi indeteniblemente, su popularidad.

Desde el punto de vista musical, este género no demanda una gran conceptualización artística. Con excepción de algunos grupos y arreglistas cubanos, cultivadores de este tipo de música (entre los que pueden citarse, por ejemplo, Los Cuatro y Frank Palacios, músico profesional y productor de una parte importante de los hits de esta agrupación), la mayoría de los cantantes y compositores de reguetón carecen de una formación académica que les permita crear obras más originales, menos triviales y efímeras.

El reguetón, tanto a nivel foráneo como nacional, promueve un discurso sexista, androcéntrico y en el cual la mujer queda limitada a funcionar solo como objeto sexual. Paradójicamente, cuando son las mujeres las intérpretes, también reproducen estereotipos machistas y expresiones lingüísticas de violencia de género.

De acuerdo con Gámez: «El reguetonero o macho barrio-céntrico emerge de una masculinidad heterosexual exagerada que, inmediatamente, sugiere fisuras. Al escuchar esta música es difícil perderse las marcas de un modelo de masculinidad hegemónica, así como la ansiedad de reguetoneros que intentan mantener a las mujeres bajo control, en un contexto cambiante, por ejemplo en temas como “Soy tu dueño”, de Eddy K, y “Tú no te gobiernas”, de Los Cuatro».1

Además de las relaciones sexuales y de pareja, las letras del reguetón proyectan un mundo de lujos, autos, joyas y ropas caras que ejercen una poderosa influencia en la formación de identidades juveniles, en tanto son los adolescentes y jóvenes quienes mayoritariamente consumen el género.

Siguiendo la tesis de Gámez, quien ha estudiado en profundidad los complejos procesos sociales que entraña el reguetón como fenómeno cultural: «el análisis textual de sus letras demuestra la centralidad que el dinero adquiere para los reguetoneros y sus audiencias. Son frecuentes las referencias a objetos de consumo demasiado alejados de la realidad cubana (jacuzzis, limosinas y ropa de diseñadores en “La bailarina del VIP” y “La iyabó de la felpa azul”) que construyen un mundo fuera del alcance del sujeto medio en nuestro país, aspecto que refuerzan los videoclips, con una puesta en escena que hace dudar que sean de producción nacional».2

Resulta válido señalar que el reguetón como fenómeno socio-cultural y de gran impacto mediático, posee sus propios códigos estéticos y visuales que lo distinguen de otros géneros.

En tal sentido, es muy loable la iniciativa y constancia de Orlando Cruzata con su proyecto Lucas, que ha sabido conciliar el saber académico con el gusto popular, además de “subir la parada” de los videoclips cubanos, en cuanto a calidad, creatividad y factura.

En la historia de este proyecto televisivo existen varios videos de reguetón multipremiados en diversas categorías, lo que habla a favor del crecimiento artístico que ha tenido el audiovisual que promueve esta música.

Los medios (la radio y la televisión, específicamente) constituyen hoy un canal importante de difusión del reguetón, pero no el único. Las normas que regulan formalmente los contenidos que estas instituciones deben promover, no pueden abarcar la gran diversidad de espacios y redes informales que distribuyen y difunden el reguetón hoy en la Isla, con una eficiencia impresionante.

Este controvertido género, que ha suscitado tantas polémicas en el ámbito académico y social, constituye ineludiblemente la proyección de determinados valores y discursos de un sector social emergente en Cuba, cuyas experiencias, motivaciones e intereses deben tomarse también en cuenta para trazar un mapa real de consumo, participación y política cultural en Cuba.

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