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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Retos y fabulaciones del juego ficcional

Desde la perspectiva del acto creativo en diferentes especialidades

Los antiguos griegos no conocían el término creación, ni el de creador, les bastaba con hacer. En la era de comunicación cultural todo tiene un nombre, un código, una identificación, normas, preceptos. El saber crea, difunde conocimientos de manera continua, con diferentes criterios, sucesiones, rupturas, en la conflictiva experiencia de apropiaciones e invenciones constantes.

El espectáculo ficcional en la televisión ha variado desde que el satélite incrementó los canales Discovery, Fox TV, Nacional Geographic, Canal Arte y estos se vieron obligados a diferenciarse creando nichos de audiencias específicos, el boom de las series, el video clip y los documentales temáticos con una artisticidad que antes solo era posible en el cine.

Por su carácter multifacético verbal, sonoro y visual, la ficción televisual no puede prescindir del movimiento y la música; de historias, argumentos, personajes, sombras, luces para crear asociaciones, contrastes, atmósferas.

Desde esta perspectiva, el medio de comunicación ocupa un lugar estratégico en la dinámica transformación de las maneras de construir identidades e imaginarios, en las dinámicas de la cultura cotidiana de las mayorías.

Quizás por ello, personajes y relatos contados en filmes, series o telenovelas, motivan reflexiones sobre circunstancias y conflictos propios. Toda buena historia posee una sólida estructura narrativa que contiene la hondura humana, así como la construcción técnica, devenida soporte y sostén. En el discurso ficcional prevalece la necesidad de incorporar contaminaciones e intertextualidades desde diversos modos de narrar.

Cada proyecto personal define un camino en pos de vencer dificultades, tolerar o resistir frustraciones. El logro de estos, entre otros fines, requiere la orientación de valores, los cuales se revelan en lo que se dice y en lo que se hace.

De ahí la importancia del análisis de actitudes y comportamientos de personajes, de hablar en familia sobre lo que se ve en las pantallas, pues estas llevan al hogar construcciones de la realidad desde disímiles puntos de vista, intereses, perspectiva, sensibilidad y cultura.

Contar una historia demanda del creador la elección de un género dramático, ideas, pensamientos y presupuestos estéticos que presenta desde la subjetividad de manera coherente, lógica.

Para los jóvenes actores y actrices, cada personaje es un desafío. Así lo reconoce Andrea Doimeadiós, estudiante de cuarto año de actuación en el Instituto Superior de Arte.

“La academia y los trabajos profesionales realizados en televisión y Teatro El Público -mi otra escuela-, son imprescindibles. La TV enseña a ser concreta, precisa, da mucho entrenamiento, propicia hacer programas con características distintas: unitarios, series. Interpreto a Cristina en la telenovela En tiempos de amar, con dirección de Ernesto Fiallo. Es una estudiante de secundaria, la mejor amiga de Alina. Entre ellas existe una relación cálida que tergiversan muchas personas. Por ese lado, el de la incomprensión, va el conflicto.

“En el cine acabo de hacer mi primer protagónico en el filme El techo, ópera prima de Patricia Ramos. Ana, mi personaje, es una muchacha solitaria, prácticamente abandonada por su madre y está embarazada. Confío mucho en la sensibilidad que tiene la mujer para la creación, admiro a quienes como Patricia defienden en lo que creen y no se conforman”.

Considera al padre, Osvaldo Doimeadiós, su principal maestro. “Admiro la maestría con la que ejerce el drama y la comedia, además del apego incansable al trabajo. Siempre escucho sus criterios y comparto la preferencia por el teatro, aunque los otros medios son importantes”.

El primer actor Osvaldo Doimeadiós insiste en la importancia del estudio de las intensidades de cada personaje, “hay que aprender cómo administrar esas energías creativas”.

Las fabulaciones del juego ficcional proponen, en ocasiones, situaciones límites, el ser humano las enfrenta de acuerdo con su filosofía, jerarquía de valores,  preferencias, rechazos, los cuales le dan rumbo, sentido y dirección a la existencia.

El poder de la ficción seduce mediante incertidumbres y certezas, también presentes en la sociedad. Su  condición primera es tocar las fibras íntimas, por eso resulta esencial interpretar un producto-mensaje concebido para interpelar al yo y al nosotros desde una narración que tiene la capacidad de generar proposiciones y lenguajes.

Las pantallas son interlocutoras por excelencia; “hablan” al espectador, lo acompañan y conmueven; se suele pasar por alto que todos los relatos tienen una teoría filosófica implícita, la cual debe ser desentrañada, refigurada dentro de una teoría general, pues incluso los banales tienen una teoría implícita.

El audiovisual contemporáneo exige una activa participación ciudadana dada la visibilidad social de los sujetos digitales, sensibles a las nuevas narrativas. Comprender e interpretar unitarios, series, filmes y telenovelas con responsabilidad e inteligencia lectora ampliará la posibilidad de ver y sentir juntos en familia, una posibilidad que ofrece la televisión. Por ello, además del juicio de valor es fundamental la interpretación cultural de los fenómenos en provecho individual y colectivo.

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