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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Rogelio Blaín: un actor para todos los tiempos

Multipremiado artista de la radio, el cine y la tv
Rogelio Blaín

Rogelio Blaín

Las entrevistas con reconocidos actores de nuestros medios siempre nos da un poco de temor, pues como solamente los conocemos a través de sus roles, sospechamos no lograr una conexión adecuada con ellos.

Sin embargo, conversar con Rogelio Blaín y su esposa Rosa, encanta a cualquier interlocutor. Enseguida ellos despejan cualquier duda y acogen a los visitantes de su hogar con un caluroso diálogo.

Al pedirle detalles de su vida profesional, Rogelio confiesa que siempre le llamaron la atención las novelas que su familia escuchaba por la radio. Su papá le compró una guitarra y él trataba de cantar, pero descubrió que eso no era lo de él.

Aunque nació en Bauta, su familia se mudó para La Habana en 1952 y descubrió la televisión donde veía todos los seriales de la época: Patrulla de Caminos, Rin Tin Tin, El Zorro y otros. Así descubrió que quería ser actor, pero no sabía cómo.

Ya adolescente se empleó en una fábrica de tabacos con un tío y con el lector de tabaquería se entusiasmó con los personajes; de vez en cuando le pedía que lo dejara leer y, sin darse cuenta, se metía en el rol y casi lo escenificaba…

En la tabaquería se montaban obras de teatro para los trabajadores y le preguntaron, al ver su interés, si deseaba participar con un pequeño papel y él aceptó. De esa manera encarnó un sereno que apenas tenía dos bocadillos.

Un día, el hombre que hacía de cazador no llegó y el instructor le preguntó si se atrevía a asumir el papel. Rogelio lo hizo pues se sabía de memoria toda la obra. Ganaron un primer premio.

En esos momentos le pidieron incorporarse al Servicio Militar General. Como ya era figurante en el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic), comienza a participar en los festivales de aficionados de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Junto a Manuel Porto, Juan Julio Alfonso y Arístides Estévez, presenta la obra “Farsa y Justicia del señor Comendador”, con la cual volvieron a ganar el primer premio, representando a la DAAFAR.

Recuerda que un día lo llama el político de la unidad y le dice que está en un listado para trabajar en el otrora Instituto Cubano de Radiodifusión (ICR). Aun siendo recluta, asegura que se sintió el rey del mundo. Lo aceptaron y comenzó a filmar Marco Polo, bajo la dirección de Erick Kaupp.

También hizo en la radio Sector 40 y Móvil 8, seriales que compartió con Luis Alberto Ramírez; asimismo, con Alejandro Lugo actuó en un programa que se llamó Vivimos en Campo Alegre, mientras que en las aventuras de Nguyen Sun, el guerrilero, trabajó con Julio Lott.

Hizo aventuras, novelas, teleplays y diversos trabajos en los diferentes medios. En el cine dio vida a un español que se pasa a los mambises, por ello lo llamaron “El galleguito”.

La directora de telenovelas Xiomara Blanco le comentó un día que estaba haciendo una adaptación de una obra de Dora Alonso, y le propuso el protagónico de Lucio Contreras en Tierra brava.

Esa oportunidad, valora, significó una razón más para sentirse seguro en sus afanes de actor.

Rememora una anécdota sobre la filmación de la telenovela: montando un caballo se cae y le produce un esguince. Hay que enyesarlo y posteriormente sufre un infarto, pero él no quiso que nadie los sustituyera. Por tal motivo, desde ese momento, Lucio Contreras aparece en la novela en una silla de ruedas.

Este versátil actor ha sufrido tres infartos, pero se mantiene en magnífica forma, aunque está jubilado, afirma que si lo llaman para trabajar está dispuesto a volver ante las cámaras, pues las considera parte de su vida.

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