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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Santiago volvió a sonar en Cuba

Anthony Puig ganó el Gran Premio, fue el Mejor Sonero y le acompañó el Septeto Santiaguero

Todos los pueblos tienen sus joyas culturales y espirituales únicas, pero la Mayor de las Antillas tiene entre sus gracias el don de engendrar talentos naturales.

Muchos conocemos la leyenda que fue y es Benny Moré, quien no sabía leer las partituras y hoy permanece como paradigma en la historia musical cubana. De cerca llega el nombre Santiago Álvarez, el hombre que llegó casi en la tercera edad al mundo de la cinematografía. Álvarez nos legó el patrimonio del Noticiero ICAIC Latinoamericano, fue el precursor del video clip cubano cuando mostró al mundo el montaje de “Now”; demostró la novedad de hilvanar historias creíbles con fotos y caricaturas editadas con ritmo y fue capaz de captar el testimonio real de alrededor de 90 países con su lente.

Existen cientos de historias sobre hombres y mujeres talentosos que tuvieron profesiones no filtradas por la academia. En Cuba, es una asignatura pendiente el mecanismo que, sin aupar lo comercial, busque los talentos, los pula y los salve y nos salve de la fuga migratoria.

Sonando en Cuba, más que un reality show o un programa de alto presupuesto, aún con sus imperfecciones humanas, fertilizó la tierra para que sea visto a todo color el crecimiento de un talento que antes se veía silvestre en cualquier comunidad, barrio o reparto de esta isla.

Recién finalizó la tercera temporada de este programa televisivo; en Cuba fue una de las primeras experiencias de su tipo, movilizó desde las audiciones a las cubanas y cubanos con cierta experiencia para el canto y el público siguió con acuerdos y desacuerdos cada una de sus ediciones. La palabra colectiva dice que se disfrutó.

Volvió a sonar Santiago, estuvo el Septeto Santiaguero, nominado por cuarta ocasión al Grammy Latino, con el CD  Raíz, y también la centenaria conga de los Hoyos. La madre-conga que hizo criolla a la corneta antes de China y ahora de esta provincia cubana.

En programas de gran audiencia como 23 y M, se vieron a muchos de los concursantes de ediciones anteriores convertidos en amigos. Dijeron que en Sonando en Cuba tuvieron una escuela, a algunos se les sigue la pista en giras o videoclips: ellos encontraron un camino aunque no ganaron el primer premio.

Como espectadora me queda que estos talentos, que poco a poco rozaron con lo profesional, y las tensiones de las competencias desde los medios, tienen un puesto seguro en los menús musicales que hoy se presentan ante las orquestas cubanas.

Muchos de ellos vivían en el anonimato, ahora tienen una vida encausada en la profesión correcta. Las familias, muchas de ellas de procedencia humilde, vieron erguirse a sus hijos, algunos de los cantantes pasaron tiempo sin ver a sus pequeños; ellos se crecieron en pocas semanas para el público que los veía en el Teatro Astral y quienes los siguieron hasta el final desde la pantalla chica.

Se mostró la humanidad de figuras como Haila María Mompié, que abrió la intimidad de su hogar y ofreció muchos consejos y amor a sus pupilos. Paulito FG fue uno de los que convirtió  a estos muchachos en sus amigos, el tiempo que se dedicó a prepararlos, se igualó al desvelo para hacerles cumplir el sueño.

En la comunidad “La Ceiba”, en Palma Soriano, los amigos y vecinos tomaron las calles en espera del triunfo de su amigo Anthony. Los amigos siempre confiaron en el muchacho, dijeron que mereció todos los premios pues es digno del talento y la humildad.

Después de este domingo 15 de octubre de 2017, quizás veamos rostros más conocidos en las orquestas cubanas. Se verán en la escena dando lo mejor de sí, pues así aprendieron, para que se vuelva a triunfar con la raza de los compositores cubanos. De los santiagueros que no llegaron hasta el final, se contarán seguramente buenas historias…

Esperemos la próxima temporada para que en nuestros hogares vuelva esa tradición de reunirse por las noches junto al canal de la familia cubana. Será “Sonando en Cuba”, en su cuarta edición otro buen momento de los escasos intentos que hoy tiene la parrilla de la televisión cubana. Por reverencia al público, la programación no solo debe oxigenarse en tiempo de verano, la familia, las amas de casas y los que aún siguen la programación nuestra   merecen tiempos y propuestas mejores …

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