22 de abril de 2024

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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

TELEVISIÓN Y COMUNIDAD

Enfocar las culturas comunitarias es mucho más complejo que centrarse en la cultura popular, por ser tan diversas dada la naturaleza de cada comunidad en constante cambio en cada marco de desarrollo.
Televisión Serrana

Televisión y comunidad son, para muchos, polos opuestos casi irreconciliables, al estereotipar a la televisión como elite inalcanzable, y al pueblo, populista y peyorativamente, como vulgo, antítesis para algunos excluyente antagónica de la cultura que, con toda razón, se espera recibir de la pequeña pantalla, pero a veces deformada en una “alta cultura” que por definición, relega el resto de lo que ya empiezan a reconocer cultura, pero a una “baja cultura”: la cultura popular.

Añadamos el debate sobre la “cultura de masas” como reducción simplista de la que nos forma y/o deforma desde los medios, por la que la Escuela de Frankfürt la llamó “industria cultural” distinta de la “cultura de las masas”, hoy llena de matices ante estudios teórico-conceptuales más actualizados y profundos, menos facilistas y prejuiciados, sobre los términos de cultura popular y de cultura comunitaria.

Los medios implican relativa homogeneidad, por la unicidad de cada mensaje, personaje, etcétera; y la cultura popular es de naturaleza heterogénea, pues se compone de un conglomerado de sujetos distintivos entre sí en muchos aspectos como sus percepciones del mundo, incluido lo que les llega de los medios, que se multiplica en las tantas imagines derivadas de las multiples percepciones.

Son análisis de autores relativamente consumados o intrusos improvisados, que salvo excepciones, absolutizan como identidad una imagen homogénea y a menudo excluyente, de la cultura popular, abstrayéndose de sus tantas peculiaridades y diferencias internas que también la identifican, y así la deforman; más peliaguda es esta polémica al centrarnos en las culturas comunitarias, dadas las tantas comunidades que interactúan en cada pueblo, sobre todo en sociedades más complejas, siempre casuística y contextualmente.

Una relación más genuina y compleja en una verdad más profunda

Sin embargo, esa imagen disímil según sujetos siempre distintivos, incluso dentro de una misma familia, no se limita a la propuesta relativamente única que reciban de los medios, sino que es la naturaleza sicológica del complicado proceso que es la percepción de cada individuo sobre absolutamente todo (no solo de los medios), y que no solo difiere de otros sujetos, sino de sí mismo, al cambiar el contexto y las mútliples mediaciones expuestas por el mexicano Guillermo Orozco Gómez.

A este tenor, la relación entre televisión y comunidad es mucho más íntima y en consecuencia, a la par, difícil. Imperan los prejuicios y un simplismo empirista al intentar aumentar la brecha entre los medios y las comunidades, limitando así la creatividad y el papel de la cultura, y fundamentalmente de los medios, en la solución de los numerosos y enmarañados problemas esenciales que nos aquejan y que a la postre, solo en y desde cada comunidad, se resuelven.

Enfocar las culturas comunitarias es mucho más complejo que centrarse en la cultura popular, por ser tan diversas dada la naturaleza de cada comunidad en constante cambio en cada marco de desarrollo, más embarazoso aún en las sociedades más complejas como suelen ser las comunidades urbanas con respecto a otras sean rurales, playeras, pesqueras, cenagueras o montañesas, por no extendernos en otros países a aquellas en desiertos, hielos o selvas, sin tanto movimiento migratorio ni dinámica tan continuamente cambiante, que en las megaciudades, centros históricos, comerciales o recreativos (downtown en general) y comunidades metropolitanas y cosmopolitas, es mucho más intensa que en las comunidades suburbanas, las periféricas y otras.

Culturas comunitarias: complejidades para la televisión

Mayor dificultad requiere el análisis al incorporar, como el rigor exige, las tantas comunidades por otras afinidades que no son la residencia, más cuando las desempolvamos del silencio a las que muchas han sido sometidas o no se han podido articular siquiera como comunidad, dada la marginación en que han vivido.

No obstante, todo creador y todo motivo de inspiración en los medios, suele ser el resultado consciente o inconsciente y ambos a la vez. de multiples comunidades donde ha nacido y se ha formado y con las que ha interactuado de una u otra forma en su historia de vida, directa o indirectamente, y de una manera u otra, ese resultado mediático suele llegar a diferentes comunidades, que cada una interpreta distintivamente, y la percepción de cada sujeto de esas comunidades, variará según las llamadas mediaciones en que lo reciba.

Aun sin explicitarlas ni profundizar, todo medio refleja explícita o furtivamente o no, total o parcial, no siempre intencionalmente, más distorsionada o fiel, una o varias comunidades, no solo los documentales sobre alguna en particular, a menudo confundidos mecánicamente en la Antropología Audiovisual o cine etnográfico.

Ineludible, asumir comunidades corre riesgos regionalistas y localistas en equipos de realización que consciente o instintivamente provienen todos de diversas de ellas con sus complejos y la pugna del ocnocimiento empírico contra el científico; y frecuente exotismo, en las relación mismidad/otredad/alteridad.

Un ejemplo cubano

Hace 24 años, en enero de 1989, la redacción de programas informativos de la televisión cubana comenzó a transmitir su producción Catálogo Cubano, en el aire durante quince años y medio hasta agosto de 2004. Conducido por Mariuska Díaz, se proponía abordar tradiciones, historias y costumbres de cada municipio del país, pero más que a todos los municipios cubanos, intención muy saludable porque ya era una proyección inclusiva de una notable diversidad de las regiones del país, cada emisión solía centrarse en una comunidad cubana distinta, su mejor aporte al promover lo que no se había promovido de la cultura popular o municipal.

Hubiera sido quimérico pretender llegar a todas las comunidades cubanas, objeto de estudio que hubiera podido constatarse casi infinito, pero sobre todo porque a la sazón, los estudios sobre comunidades en Cuba (y en otros países, aún) carecían del desarrollo que hoy se evidencia mejor, y aun a veces, es insuficiente.

Para cumplir su misión, aquel programa contaba con cuatro realizadores: Luis Alberto Soto, Roberto del Monte, Leda Creagh y Mirna Céspedes. Sobrevivió a las dificultades con la transportación durante el llamado Período Especial, lo que ayudó sin embargo a fijarse en comunidades que por su inmediatez cotidiana, “todos conocen” (creen conocer) como el Vedado, imponiendo el conocimiento empírico al científico, no todas con genuinos expertos científicamente formados.

Comunidades en cámara

Enrique Durán Luis, asistente de dirección, quien ha trabajado recientemente con Alberto Luberta Martínez en la telenovela El derecho de soñar, y se mantiene en su espacio más usual Letra fílmica (Canal Educativo), realizó 17 Catálogos…, y asistió en 43, algunos capitalinos, como Marianao, Vedado, Habana Vieja, Barrio Chino, Regla, Santa María del Rosario, Cotorro… del resto occidental cubano: Guane, Mantua, Viñales, Pinar del Río, Artemisa, Mariel, Melena del Sur, Bejucal, Guanajay, Candelaria, Güines, Ciudad de Matanzas y su presencia africana, Ciénaga de Zapata, Cárdenas, Colón; del centro cubano: Cienfuegos y su patrimonio, Morón, Camagüey, sus 490 años (Santa María del Puerto del Príncipe) y su San Juan, Nuevitas y Najasa; y del oriente: Holguin, sus romerías y su Fiesta de la Cultura Iberoamericana, Gibara, Sagua de Tánamo, Bayamo, Niquero, Media Luna, Pilón, Santiago de Cuba, Segundo Frente Oriental (guerrilla, hoy municipio Segundo Frente); Palma Soriano,  y Guantánamo.

Cierto que los títulos no son más que una guía, a detenerse en cada programa, y que hubo muchos más, pues este listado es solo una breve muestra, en la que algunos llaman la atención a propósito de la supuesta comunidad: “Aborígenes” (dos partes) invita a pensar en las comunidades que más evidencian aquellos pueblos en la actualidad, similar a “Influencia árabe en Cuba”, o “Cultura Comunitaria”, en lo imprescindible teórico-conceptual; otros parecen más institucionales que comunitarios: “Biblioteca Nacional José Martí”, “Palacio Central de Pioneros”, “Teatro Nacional de Cuba”, “Convento de Santa Clara (Cencrem)”, “Parque histórico militar Morro-Cabaña”, y “Complejo de Museo Histórico-Militar del Aire y de la Revolución”; menos confluentes son “Arquitectura en Ciudad de La Habana” y “Música campesina”, y sobre todo, “Historia de títeres y marionetas” o “…de la caricatura”, y “Monotemático de la moneda” o “…de la orfebrería”.

Otros ejemplos cubanos

No ha sido el único, aunque sí de los más representativos acercamientos parcial o total de la televisión a las comunidades. Le sobrevivió Encuentros y tradiciones (Canal Educativo, jueves, y dominical en Elija Usted, según el público). Destacan Andar La Habana (Eusebio Leal Spengler, Oficina del Historiador); desde cada medio: Entorno (Jorge Ramón Cuevas), y Hábitat (2011, Randol Menéndez Cruz); disímil calidad y rigor en telecentros, como “Postales de mi país” (Canal Habana al proyecto Identidad), la Televisión Serrana, y la promoción al turismo, entre otros.

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