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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Al pueblo, lo que el pueblo quiere

Fela Jar, Premio Nacional de Televisión 2004, habla sobre su trayectoria en la pequeña pantalla

Su mirada a veces se torna lejana en el tiempo y la voz se enciende y apaga cual efecto de un programa televisivo. Su mente suele ir más rápido que su verbo; pero las ideas son claras, firmes, seguras.

Aunque el escenario de mi conversación con Fela Jar, Premio Nacional de Televisión 2004, parece la ejecución de una obra surrealista y sus palabras vagan por el pasado para retornar con más juicio, no se trata de ficción ni de teatro. Todo es real, y sobre realidades quiere hablar.

Comenzó en la televisión apenas el medio de comunicación irrumpió en el escenario nacional, y define la vida artística y cultural de la Cuba de esa época como “muy fructífera”.

En su opinión, hubo mucho interés por expandir el arte en esa época, y en ese sentido las clases más adineradas jugaron un papel fundamental.

“Existía una clase social alta muy interesada en que las manifestaciones llegaran al pueblo, pero el esfuerzo fue de conjunto, desde todos los niveles. A veces se piensa que en ese tiempo la cultura se minimizaba y la verdad es muy distinta”, aclara.

La actriz destaca que en esos años aparecieron espacios de identidad nacional que merecen un reconocimiento y muchas veces no se tienen en cuenta. Ya estaban presentes instituciones como Pro Arte Musical. Y otras como la Filarmónica de La Habana y la Orquesta Sinfónica Nacional se desarrollaron aún más. Sobre esta última institución hizo énfasis, porque entiende que últimamente hay personas que hablan como si hubiera nacido con la Revolución, cuando la realidad es bien diferente.

“Existían también los grandes teatros que ya han desaparecido, que proyectaban obras magníficas. Ese interés repercutió muy favorablemente en el desarrollo de actores que luego entraríamos en el mundo de la televisión. El éxito del reconocimiento al desarrollo artístico trajo vientos favorables para los talentos que engrosarían las filas de ese medio”, sostiene.

En 1946 se creó en La Habana la Escuela Municipal de Arte Dramático para la formación de actores, y de esa institución surgió el grupo de teatro ADAT, al cual Fela Jar se incorporó. Esa agrupación, junto con el Patronato del Teatro y Teatro Universitario, representaba obras universales. También sobresalían los concursos para autores cubanos.

Ese avance en el campo teatral trajo como consecuencia la formación de una cantidad amplia de actores en medio de una Cuba donde no existía aún la pantalla chica, solamente la radio. Nadie soñaba con nada que se llamara televisión.

“En 1949 surgió Radio Cadena Azul, la cual representó un gran paso de avance para la cultura nacional porque hasta ese momento la única emisora importante era CMQ. No existía la competencia, hasta que el dueño de la nueva estación, Amado Trinidad, contrató a las principales figuras de CMQ por el doble o el triple de lo que ganaban. Esa posibilidad abrió una fuente de dinero para los artistas.

“Amado Trinidad era una persona muy noble, muy simple. Se dejó envolver y su empresa fracasó. Pero para sorpresa nuestra surgió la televisión. Un mundo nuevo que encontró en las vidas artísticas de Cuba una fuente de talento y deseosa de trabajar.

“El teatro nos formó, nos desarrolló. Y todas esas personas que trabajamos durante tanto tiempo haciendo teatro por amor al arte encontramos empleo en el nuevo medio. Yo todavía era estudiante, pero gracias a mis conocimientos me presenté al concurso que hicieron, y antes del mes estaba empleada.

“Soy de una generación afortunada en materia de arte porque empecé a estudiar cuando surgió la escuela para actores. Luego me incorporé a la radio en un momento de competencia, y posteriormente apareció la televisión”, indica la actriz.

Sobre la televisión en el período prerrevolucionario, Fela Jar  destaca que era un medio eminentemente comercial: los patrocinadores pagaban sus anuncios y se pasaban por los programas.

“Casi a la par de la televisión surgieron las agencias publicitarias, muy al tanto del interés popular, y lograban recoger en los programas las necesidades y el sentir del público. Por esa razón la programación se conformaba de acuerdo con las necesidades del pueblo.

“Era lógico que los anunciantes quisieran vender sus productos, y lo conseguían a través de un público elevado, fundamentalmente en la radio. ¿Cómo lo obtenían? Poniéndole a ese pueblo lo que quería escuchar. Las publicitarias se lanzaban a la calle a hacer encuestas y a la hora de preguntar llevaban, en ocasiones, las fotos de los artistas para mostrarlos. Las personas podían, quizás, olvidar el nombre de los intérpretes, pero no la fisonomía. “Existe la memoria visual y auditiva, pero la visual es más fuerte. Gracias a eso nos manteníamos en el gusto del público dentro de la contratación de los actores y lográbamos escalar a una mejor situación económica. A nosotros nos contrataban de acuerdo con el interés del pueblo”, explica la actriz.

Según su experiencia, en los años cincuenta existía una amplia gama de programas que satisfacía gustos diversos. “También había algo muy importante: el respeto al público. Nunca un programa de televisión se excedía de su tiempo, nunca un noticiero se pasaba de su hora. Se abordaban temáticas muy cercanas a la población. Sí educaba, sí enseñaba.

“Después del triunfo revolucionario comenzó una programación muy diferente, con nuevos esquemas y patrones. Tenía otra función. Eso provocó que para algunos no resultara muy atractiva.

“No obstante, se incorporaron programas que antes no se explotaban. Por ejemplo, los relacionados con la salud, la psicología infantil, entre otros. Pero insisto en que se abusó mucho a la hora de presentar el proceso revolucionario.

“Los medios tienen tres funciones: informar, educar y entretener. Con la Revolución eso no se dio cabalmente al principio y hoy sigo cuestionando si se llevan a cabo las tres funciones, subraya.

Por otra parte lamenta que por determinadas razones se sustituya la programación habitual para exhibir otros espacios.

Sobre la nueva ola de jóvenes que se gradúan todos los años en las escuelas de arte en Cuba, Fela Jar indica que son excelentes y a veces le duele cuando muchas personas, para halagarla, le dicen que los de su generación eran mejores.

“Yo les digo que no, que los de ahora son tan buenos o mejores que nosotros. Simplemente que muchos no pueden explotar su talento. Ahora se forman en el Instituto Superior de Arte y en las escuelas de arte, pero muchos no pueden poner en práctica los conocimientos adquiridos porque no tienen dónde hacerlo.

“Como carecen en ocasiones de ofertas de trabajo luchan por apoderarse de los pocos puestos que hay. Por eso algunos optan por separarse de la carrera y otros se van del país. De todas maneras les aconsejo estudiar mucho”, resalta.

A pesar de entregarse durante muchos años a los medios audiovisuales cubanos, Fela Jar subraya que la televisión y la radio en el país no recogen en su totalidad el gusto popular y los temas tienden al vaivén.

“Por ejemplo, al principio de la Revolución hubo ciertos roces con los homosexuales. Ahora el tema está demasiado extendido. A mi modo de ver lo trabajan de forma ofensiva porque al maximizar esa condición lo que se hace es resaltar más la cualidad de esas personas, cuando en realidad debería verse como algo natural.

“Yo he dejado de ver televisión. Solamente veo algunos programas del Canal Habana. Mi deseo es que podamos hacer nuevamente una televisión que se corresponda con lo que el pueblo quiere, porque él es nuestra razón de ser”, concluye la actriz.

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