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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Tierra Brava resultó una sorpresa

La destacada guionista y directora de TV Xiomara Blanco valora el éxito de esa telenovela

Tierra Brava

Su vida laboral se inicia en 1964, en la antigua CMQ, génesis del actual Instituto Cubano de Radio y Televisión (Icrt). Por espacio de veinte años, Xiomara Blanco fue una mujer radialista. Aunque acaba de cumplir 80, y está jubilada desde finales de la década de los 90, atesora con nostalgia los recuerdos que durante media hora accedió a compartir con esta reportera.

Conversar con la guionista de Tierra Brava es un verdadero privilegio y constituye una valiosa fuente de información para las presentes y futuras generaciones de realizadores cubanos.

¿Cómo fue su llegada a los medios de comunicación?
“En la década de los 60 lo más importante era divulgar la obra de la Revolución. Tengo los mejores recuerdos de la radio y su gente porque hacíamos grupos pequeños. Nos integrábamos unos con otros. Esa época fue maravillosa y muy grata. Todo el mundo estaba en función de que las cosas salieran bien.

“Se trabajaba por un sueldo fijo que, en el caso mío, creo que eran 225 pesos. Era un trabajo muy diverso que te llevaba a proyectarte en muchas direcciones y a conocer de todo un poco. Se hacían programas de todo tipo: cuentos, novelas, teatros, actos especiales y políticos.

“A veces, nos proponíamos cosas que estaban por encima de las posibilidades técnicas reales. Hicimos un ciclo de programas titulado La paloma de vuelo popular, dedicados a fechas como el 26 de julio, el Primero de Mayo y uno sobre la visita de la primera mujer al Cosmos, Valentina Tereskova. Esos espacios duraban varias horas e incluían dramatizaciones”.

¿A qué compañeros recuerda de la radio?
–Al técnico Bruno Suárez de Castro y a su hijo, Bruno Suárez Romero, que lo conocí siendo un bebé y hoy es un hombre adulto. Tuve el placer de trabajar con casi todos los grandes actores que empezaron en la radio como: José Antonio Rodríguez, Enrique Molina, Rogelio Blaín, Enrique Almirante, Reynaldo Miravalles, Fela Hart, Aurora Pita. Algunos nombres se me escapan.

¿Por qué se traslada para la televisión?
–Todo marchó muy bien hasta que se tomó la decisión de unificar Radio Rebelde, Radio Progreso y Radio Liberación. Ahí trabajábamos juntos escritores, actores y directores. Los que teníamos un sentido de pertenencia hacia una emisora nos quedamos como en el aire.

“Me di cuenta de que debía volar un poco más alto y entonces me acerqué a las aguas, a veces plácidas, otras veces turbulentas, de la televisión, un medio sobre el cual no sabía absolutamente nada”.

¿Cuál fue su primer trabajo en ese medio?
–En principio, me dedico a la dirección de actores. Luego me proponen matricular en un curso de un año, mañana, tarde y noche, para aprender las técnicas de realización.

“Los profesores fueron los mejores que se quedaron en Cuba después del triunfo de la Revolución. Era gente con gran dominio del oficio y con una actitud muy consecuente hacia los nuevos acontecimientos que vivía el país. Las clases las impartían en el Wajay, Roberto Garriga, Abel Ponce y Loly Buján. Las prácticas eran, todas las noches, en los estudios de Masón y San Miguel.

“Como había trabajado dirigiendo actores en la radio, muchos de ellos se sentían muy identificados conmigo y aunque fue difícil para mi acostumbrarme a un nuevo lenguaje realmente tuve una gran cooperación por parte de mis compañeros.

“Pasé a dirigir a grupos hasta de 200 personas, un poco alucinante, pero cuando se portaban bien, como si fueran solo tres o cuatro, todo marchaba a la perfección. Lo que más gustaba hacer eran los dramatizados: telenovelas, teatros y cuentos. Me quedó el deseo de dirigir un buen musical pero no era mi especialidad.

“Traía el entrenamiento de la radio donde para hacer un programa de veinte minutos te daban una hora y cuarto. En la televisión era igual y había que cumplir con la planificación. Por eso, mis programas siempre estaban listos en la fecha y hora acordadas”.

¿Tiene alguna anécdota que quisiera compartir con los lectores?
–Con la telenovela El naranjo del patio creo que alcanzamos resultados artísticos positivos. En una escena necesitaba una ambulancia de las décadas del 40 ó 50. Tuvimos que recrear la ambulancia con un lada blanco, pintarle una cruz roja en la puerta y el sonido de la sirena incorporarlo mediante efectos. Aprendí que en la televisión uno trabaja para el elenco que puedes tener, la técnica que tendrás y las posibilidades económicas o la factibilidad, como se dice ahora.

“En mi opinión, la dirección de la televisión no ha previsto guardar determinados artefactos, utensilios y medios de transporte para hacer reconstrucciones de época”.

¿Qué significó la telenovela Tierra Brava para usted?
–Escribí el guion teniendo en cuenta lo que realmente podría conseguirse para la filmación. Para mi era una novela más. Sin embargo, Tierra Brava resultó una sorpresa porque tuvimos un apoyo tremendo de la dirección de la Casa Productora de Telenovelas y fundamentalmente, de Ernesto López, en aquel momento presidente del Icrt.

“Trabajamos muy duro. La novela fue creciendo y algunos de los actores hasta perdieron sus nombres. A Enrique Molina todavía le dicen Silvestre Cañizo y Rogelio Blaín fue Lucio Contreras hasta la muerte. Todos los que participamos en la novela tenemos recuerdos muy gratos de ella.

“Nunca imaginé que iba a gustar tanto. Todavía a estas alturas me llaman personas para hablarme de Tierra Brava y me dicen que no se cansan de verla, una y otra vez, como si la estuvieran descubriendo, de nuevo. Cuando una obra es tan bien recibida por el pueblo una piensa que todas dificultades pasadas valieron la pena”.

¿En qué momento llegó su jubilación?
–Terminé de editar Tierra Brava, en mayo de 1997, y cobré mi primer retiro en junio de ese año. Me jubilé porque tal como veía el panorama me di cuenta de que allí quedaba muy poco que hacer. Ya se había empezado a deteriorar la técnica, el sistema de producción y se había resquebrajado mucho la disciplina. Por eso me fui.

“Para trabajar, sobre todo cuando se tienen pocos recursos, hay que tener mucha disciplina y mucho amor por el trabajo y yo soy muy exigente”.

¿Qué consejos les daría a los nuevos realizadores de televisión?
–Respeto muchísimo a los realizadores porque conozco las dificultades que pasan en la televisión, pero en los medios uno no puede dejar de superarse nunca. El nivel cultural de un director no tiene fronteras. Debe saber de moda, arquitectura, música, períodos históricos, situaciones sociales y políticas. Hay que ver la obra de los demás, fijarse en lo bien hecho y, sobre todo, en lo mal hecho. Nadie se puede conformar con la mediocridad.

“Me gustaría que cada día los directores fueran más exigentes y lucharan más duro, para lograr productos un poco mejores porque todos queremos una televisión con la dignidad y el respeto que merece nuestro pueblo”.

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