18 de abril de 2024

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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Un hombre, también, de la televisión

Rolando Pérez Betancourt insistía en que “al público hay que respetarlo de principio a fin”; y así se manifestó siempre ante sus espectadores, abordando temas variados que tanta popularidad le ganó y lo convirtieron en un educador desde la televisión
Rolando Pérez Betancourt

Rolando Pérez Betancourt

No se consideraba un hombre de la televisión, sin embargo, lo era; como era además un hombre del cine, aunque comenzó y se mantuvo más de 60 años como un hombre de la prensa escrita y reconocido excepcional articulista, aunque confesaba preferir la crítica escrita. Al quehacer televisivo dedicó más de 25 años, en tanto se consagró durante 50 años al cine desde que en 1973 en el diario Granma (entre cuyos fundadores estaba en 1965, con apenas 20 años de edad) comenzó su sección “Crónica de un espectador”, la primera y más duradera sección sobre el séptimo arte..

Hablamos, por supuesto, de Rolando Pérez Betancourt, nacido en La Habana el 25 de septiembre de 1945. Blas Roca Calderío lo apoyó para ayudarlo contra su precaria situación familiar, cuando con 15 años comenzó a trabajar en 1960 como aprendiz de cajista, en el periódico del Partido Socialista Popular (como entonces se llamaba el partido comunista de Cuba) Noticias de Hoy; luego fue tipógrafo y reportero de noticias nacionales formándose en el periodismo literario. En 1963 pasó a la redacción como diseñador y cronista deportivo y con 18 años fue de los fundadores de la Unión de Periodistas de Cuba.

En 1973 se licenció en Periodismo en la Universidad de la Habana, década en que se graduó de francés en los Institutos de Comercio Exterior y de Relaciones Exteriores, y en el diario Granma llegó a ser jefe de redacción, de información y de la página cultural durante 25 años, en la que escribía otras secciones como “Minuto y medio”, “Luz Roja”, “La historia detrás de la foto” y “Sucedió hace 20 años”.

En la televisión, ya desde los años 80 conducía los espacios de cine Tanda del domingo, Cine Vivo y Noche de cine, y desde 2003 llegó a la pequeña pantalla, como guionista y conductor del programa semanal La séptima puerta, del Canal Cubavisión. En este espacio Rolando educaba en los más diversos géneros del cine, temas, problemáticas a abordar y rincones del planeta, lo que tanta popularidad le ganó y con lo que era, también, un educador: no le faltaba razón al definirse a sí mismo, como un “alfabetizador del gusto”.

La editorial Letras Cubanas le publicó en 1986 y en 1990 su novela Mujer que regresa, y La última mascarada de la cumbancha en 1999, que en 2004 volvió a publicarle la Editorial mexicana Océano. La editorial Pablo de la Torriente Brau le publicó sus críticas de cine en el libro Rollo crítico en 1991 y en 1982 el estudio La crónica, ese jíbaro, que SAG Madrid volvió a publicarle en 1987. Sus textos periodísticos los reunió la editorial Orbe en Crónicas al pasar en 1971; la editorial Universitaria en 1974 le publicó Cuatro historias de pueblo, y en 1975 16 imágenes, mientras que la editorial de Ciencias Sociales en 1978 le publicó Sucedió hace 20 años, en dos tomos.

 Militó asimismo entre los fundadores de la sección de Crítica e Investigación de la asociación de Cine, Radio y Televisión de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), sección que presidió en los años 80, además de integrar la Asociación de Escritores, y hasta sus últimos instantes llegó a ser miembro del Consejo Nacional de la Uneac.

En 1994 ganó la Distinción por la Cultura Nacional, en 1999 el Premio Nacional de Periodismo Cultural José Antonio Fernández de Castro, en 2007 el Premio Nacional de Periodismo José Martí por su obra de toda su vida dedicada al periodismo; en 2011, el Sello José Manuel Valdés Rodríguez de la Universidad de La Habana, y aun finalizando 2019 su sección de la Uneac lo reconoció con el Diploma José Manuel Valdés Rodríguez por su obra de toda su vida entre los más relevantes críticos cubanos de las artes mediáticas.

Tantos y tales avales explican que fuera jurado del Premio Nacional de Periodismo José Martí, del Premio de Novela Cirilo Villaverde de la Uneac, del Premio Nacional de Periodismo Cultural José Antonio Fernández de Castro, del Premio de la Crítica Literaria, y de Festivales de Cine de Moscú en Rusia antigua Unión Soviética, y el de Karlovy Vary en Bohemia, hoy República Checa; y que viajara como periodista o para participar y o compartir conferencias en eventos culturales, festivales y jornadas de cine, a Checoslovaquia, Francia, México, Italia, Alemania, Estados unidos, Venezuela, Inglaterra, República Dominicana, España, Hungría y Puerto Rico.

Comentó al sitio Cubaperiodistas, que se formó “en lo que realmente me interesaba, ahondar en lo humano de quienes participaban en la Revolución”. Valorado excelente crítico de cine, uno de los más agudos en Cuba, pero también como compañero y amigo, limpio y franco, todo un caballero, de integridad conmovedora, proverbial inteligencia, tono profundo, equilibrado, convincente, empático, que gozaba de toda la reputación, cariño y respeto ganado por su profesionalidad y ética.

Con su conducta íntegra de intelectual y revolucionario orgánico y osado enfrentó la censura al romper dogmas y prejuicios por ejemplo, al ser el primero (2008) en mostrar en televisión (que entra en cada hogar cubano, para una mejor educación sexual de mucho mayor alcance y de manera tan eficaz) un beso sexuado entre hombres en la reconocidísima película Brockeback Mountain, sumándose militante y decisivamente a la campaña contra la homofobia, lo que repetiría en otras películas y en su actitud defendiendo siempre la autenticidad del arte.

Víctima del cáncer desde noviembre de 2022 debutó con leucemia mieloide, que le provocó una infección en los riñones que lo mantuvo débil hasta fallecer la mañana del sábado 18 de febrero de 2023 con 77 años de edad, por complicaciones asociadas a su reciente enfermedad hematológica, en el hospital Hermanos Ameijieiras, en Centro Habana, en plenitud de sus facultades intelectuales.

Pero ya eran muchas las puertas que nos había abierto desde la pequeña pantalla hogareña, y para los amantes del cine había devenido una brújula. Para muchos colegas (y no colegas) era un amigo y Maestro, cuyo carisma le granjeó todo el respeto y admiración de lectores y televidentes, entre los cuales aún en su más avanzada edad, solía llamársele su “Príncipe Otoñal” como tributo de genuino, profundo y afectuoso homenaje popular.

Rolando sabía hacer sentir al demostrar con su calidez y pasiones de su convicción, su máxima en la que insistía: “al público hay que respetarlo de principio a fin”; todo lo cual fundamenta e haber obtenido el Premio Pequeña Pantalla de Televisión en 2015 con que se le retribuía a tanta y tal obra (el más importante premio de nuestra televisión, después del Premio Nacional, destacándolo así entre tantas glorias de nuestra televisión), y lo ratifica definitivamente con todo su derecho propio, más que merecido, como un hombre, también, de la televisión.

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