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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Una luna para dos

En medio de una situación sanitaria compleja, en redes sociales cientos de usuarios alabaron el telefilme cubano Luna Mía, estrenado en el programa Una calle mil caminos
Telefilme cubano Luna Mía

Telefilme cubano Luna Mía

…dos enamoradas, dos locas de atar

Caetano Veloso

Visibilizar el amor en toda su extensión, con sus pecados incluidos, es reto permanente de creadores a escala internacional. Aunque sabemos que el deseo carnal de dos personas supera toda regla, cuando una historia de romance entre dos seres del mismo sexo llega a la pantalla, las alarmas se disparan.

Sucedió con Fresa y chocolate, de Tomás Gutiérrez y Juan Carlos Tabío. En medio de un panorama hostil nacieron polémicas, razonamientos lógicos, otros no tanto, y un segmento numeroso de la sociedad (algunos por primera vez) empezó a reflexionar sobre el tema de la homosexualidad y los prejuicios al respecto.

Otro “mazazo” contra la intolerancia fue Vestido de Novia, ópera prima de Marilyn Solaya, que planteaba una perspectiva diferente, otros sentimientos en la misma cuerda, otra denuncia. Pensemos también en Fátima o El parque de la Fraternidad, de Jorge Perugorría, a partir de un cuento hermoso de Miguel Barnet.

El cine (que todavía sigue siendo un medio vanguardista) ha tomado la delantera en testimoniar las luchas y sufrimientos de nuestra comunidad LGBTIQ+. A la televisión cubana todavía le queda esa gran deuda, que ha ido saldando de manera esporádica, con tratamientos sobrios, a veces ligeros, como quien teme a la ola homofóbica que se sienta frente al televisor. Es por eso que cuando sale a la luz una obra como Luna Mía, vuelve la tormenta de criterios. No puedo detenerme en consideraciones técnicas del telefilme (o teleplay), esa responsabilidad recae en quienes sí dominan el lenguaje de los planos, el sonido… Solo deseo aplaudir las actuaciones, la fotografía y una banda sonora muy fina.

Pero, ¿por qué Luna Mía es más que un telefilme de verano? Primero, pocas veces se ha tratado el primer amor, ese que nace en la adolescencia, o antes, entre dos muchachas. La homosexualidad femenina desde su génesis y los dilemas que desencadena en la familia. Desde el notable guion de Olga Montes Barrios (quien entra en el audiovisual cubano de manera prometedora) hasta la dirección de una experimentada Mariela López, la historia de Luna y Mía rompe estereotipos y con el silencio impuesto al lesbianismo.

Los personajes encaran sus dudas, los temores frente a un grupo dividido; no hay giros estrepitosos que confundan al espectador: la cadena de situaciones no da lugar a la incredulidad, ambas experimentan un sentimiento desconocido, pero innegable. Los diálogos en Luna Mía son creíbles, inteligentes y figurativos: el cactus habla de la resistencia; el mar, purifica.

La obra, estrenada en este verano fatídico del 2020, en medio de una situación sanitaria compleja, no pasó desapercibida. En redes sociales cientos de usuarios alabaron la propuesta televisiva y, aunque nunca se sabrá, en más de un hogar se removió la conciencia. Si alguna muchacha se vio reflejada, si algún padre entendió que al amor no se le puede poner ataduras… el objetivo del telefilme llegó a buen puerto. Luna Mía tiene todas las posibilidades para convertirse en un largometraje.

En la inmensidad de la noche y con la compañía de la luna, cualquier relación tiene el mismo derecho.

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