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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Una pincelada histórica para acompañar el primer café

Crónicas de la historia, el espacio de Radio Ciudad de La Habana, celebra sus 20 años 

Transmisiones de Radio Ciudad de La Habana

Para acompañar el primer café matutino, Radio Ciudad de La Habana propone de lunes a viernes un singular espacio donde se aprende de historia, mediante crónicas salpicadas con un poco de humor.

Una familia compuesta por un abuelo, -persona muy culta-, la esposa, el nieto -muchacho de barrio, trabajador pero un poco torpe- y la novia de este, -estudiante universitaria-, dialogan sobre fechas, personajes, calles y sucesos que marcaron hitos en el decurso de la otrora villa de San Cristóbal.

Desde hace dos décadas, Crónicas de la historia le habla al habanero -y posibles visitantes de otras provincias-, de su acervo, de quiénes son. Alrededor de las 6:40 a.m. y dentro de la revista informativa Buenos días, ciudad, el espacio de apenas 10 minutos abona la cultura del presuroso trabajador que casi parte a sus labores, de la ama de casa que aúpa a los hijos a las escuelas o del estudiante que apura el desayuno para no llegar tarde al preuniversitario tecnológico.

“El promotor de las crónicas fue mi esposo, el periodista y escritor Elio Ortega Vázquez”, refiere la directora, Cary Otero, al abundar en los orígenes. “En el principio eran “planas”, solo los comentarios sobre el personaje o suceso. Con el tiempo, se nos ocurrió incorporarles pequeñas actuaciones hasta hacerlas totalmente dramatizadas”, añade.

Explica que un equipo de escritores se encarga de elaborar los guiones. “Dentro del mes se seleccionan los hechos más significativos, pero esto no quiere decir que hagamos el espacio con carácter cronológico, pues nos convertiríamos en unas efemérides, lo cual no es la intención”, argumenta.

Cuando se conmemoró el centenario del nacimiento de José Martí, al igual que en otras fechas de gran significación, las crónicas se hicieron temáticas. En esa y otras ocasiones, se centran en un guion más dramatizado, más histórico, lo cual requiere también un mayor número de actores.

Para Cary, la retroalimentación con los públicos resulta primordial. “Oyentes llaman y se refieren, por ejemplo, a personajes que no fueron mencionados si bien formaron parte del hecho histórico que abordamos, pues la brevedad impide regodearse en detalles. A veces, por el cúmulo de información, debemos hacer dos partes y entonces es posible abundar un poco más”, asegura.

Cuenta que en una ocasión, hicieron unas crónicas sobre Fidelio Ponce de León “y los estudiantes y profesores de la academia de artes plásticas San Alejandro llamaban para preguntar de dónde se había sacado tanta información. Eso es muy reconfortante”. A su juicio, la principal virtud del programa es que “en poco tiempo, se brinda bastante información, sin “teques”, como parte de una pincelada histórica”.

Historia adentro
Sergio Cervantes, uno de los más experimentados realizadores de sonidos de la emisora joven de la capital, tiene en sus manos la responsabilidad de “armar” las crónicas. Hilvana voces y efectos, selecciona melodías típicas de la época en cuestión, y alguna que otra vez se ha parado detrás del micrófono para darle vida a algún personaje. Destaca que la complejidad del espacio radica “en saber empalmar todos esos elementos de manera coherente y creíble”.

“El realizador es alguien fundamental para el director. Si no existe empatía, no sale el trabajo”, agrega. Destaca asimismo la camaradería y complicidad forjada por el equipo. “Cooperamos entre nosotros mismos para aportar la música necesaria o cualquier información. Cuando uno trabaja así, se cultiva”, reconoce.

Las crónicas desbrozaron el camino para nuevos espacios. “Llegaron a hacerse tan independientes que dieron paso a dramatizados como La peineta calada o La cubanita que nació con el siglo”, comenta el realizador.

“Algunas duraban más de 12 minutos, por lo cual se conformaron una especie de pequeñas novelas. Por eso, la emisora decidió dejar las Crónicas… en 10 minutos y crear un espacio de novela como las Historias apasionantes, donde tratamos también de abordar temas citadinos, debido al perfil provincial de la emisora”, complementa.

En otra parte del diálogo, Sergio lamenta que no todos aquellos que trabajan en el medio poseen la disciplina y responsabilidad necesaria, “pues muchos ven en la radio un modo de vida, un trampolín para acceder a otros puestos y posiciones, en vez de asumirla como parte de la propia existencia”.

Señala, además, dificultades para la salvaguarda de los programas con el fin de que queden para el futuro. “La selección se hace casi siempre de forma personal. Si tuviéramos más recursos quizás las crónicas quedaran mejor, e incluso, podríamos añadirles nuevos aspectos a la dramatización”, señala.

Coincide en que hacer radio es un arte al que hay que ponerle todo el empeño y talento posibles. En este sentido, destaca la labor de Ana María Popomski, quien además de actriz –la estudiante universitaria-, también se desempeña como efectista.

“Los efectos se hacen en vivo, al mismo tiempo que se graba el programa”, cuenta Ana María, una joven que se incorporó a Radio Ciudad de La Habana en 1998. “Crónicas… supone desafíos debido a su corte histórico y concepción, lo cual lleva narraciones de combates, peleas, elementos más complejos que en un programa infantil. Efectos como lograr fuertes golpes son una prueba para nosotras, pero nada que no se pueda hacer. Llevan fuerza, requieren seguridad para que queden bien”, precisa.

En ocasiones ni siquiera se detiene la grabación. “Salgo del set donde se agrupan los actores, para trasladarme a otra sección del estudio, donde con el instrumental se simulan los cierres de puertas, marchas de carretas o el paso cansado de alguna vendedora ambulante”.

Advierte, además, el facilismo con que a veces se asumen las bondades de la digitalización, “lo cual ha dado pie a que muchos trabajen en una computadora, pero hayan olvidado que incluso para un efecto grabado también hay que tener oído”.

Crónicas… ha merecido no pocos lauros y reconocimientos, como los recién recibidos por un programa dedicado a Rosita Fornés, primer premio a nivel de base de la emisora y después en el festival provincial de la radio.

“En el equipo nos sentimos muy bien por esta dinámica que hemos creado. No laboramos para recibir agasajos, si bien reconfortan. Lo que hacemos es trabajar bien para que esto funcione”, afirma Cary, quien a pesar de estar jubilada desde hace 10 años, continúa sin poder desprenderse del influjo de los micrófonos y las cabinas de transmisión “porque amo la radio”.

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