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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

En torno al debate sobre el consumo cultural y audiovisual cubano

Durante 2015 se sucedieron diversos encuentros en espacios institucionales para analizar el tema
consumo cultural y audiovisual cubano

Consumo cultural y audiovisual cubano

Sobre la cultura en sus diferentes géneros, pero en especial, sobre las carencias y fortalezas del producto audiovisual autóctono y foráneo consumidos en el país, debatieron durante el pasado año profesionales y directivos del Instituto Cubano de Radio y Televisión (Icrt), así como representantes, estudiosos y críticos del movimiento audiovisual en la Mayor de las Antillas.

Diversos encuentros en espacios y foros promovidos desde la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, el Icrt, el Instituto de Investigación Cultural Juan Marinello, entre otros, centraron los análisis en torno a las tendencias del consumo cultural de los cubanos, signado sobre todo por la preferencia mayoritaria de productos de factura extranjera, que reproducen ideologías y naturalizan estilos de vida neoliberales.

Ante este panorama, durante el 2015 la Televisión Cubana festejó su 65 aniversario. De un medio visiblemente propagandístico, capitalista y mercantil de los años 50, se transformó, a partir del triunfo de la Revolución, en una televisión de servicio social, que promueve la integración y los valores patrios, promotora de la política cultural del Estado cubano.

Desde el 1ro de enero de 1959 mucho se modificaron la distribución, producción, emisión o recepción de los productos televisivos, debido, principalmente, a los adelantos tecnológicos y la globalización, que han hecho de este medio la primera forma de información y entretenimiento de los cubanos.

Los expertos coinciden en que las limitaciones económicas en la TV representan un problema real que incide en una crisis visible de creatividad, calidad y diversidad de producciones.

Igualmente, se reproducen a ratos manifestaciones de banalidad calcadas de productos extranjeros que pululan en los canales nacionales, al tiempo que se advierte en la pequeña pantalla la falta de poco talento artístico en varias producciones, sobre todo dramatizadas.

Esta situación provoca que el televidente cubano acuda a opciones alternativas de consumo cultural como el intercambio y compra de videos y otros tipos de información mediante memorias flash, discos o el llamado paquete semanal.

En los múltiples debates respecto al tema, realizadores, periodistas, estudiosos, críticos de arte y diversos especialistas del sector cultural insisten en crear y formar un pensamiento crítico en el público, que le permita discernir entre una buena o mala propuesta.

Asimismo enfatizan en la necesidad de que las políticas de producción vayan de la mano de la formación de un consumidor cultural capaz de definir donde está el buen arte y donde lo efímero, a fin de que sea más efectiva la política cultural de la Revolución Cubana y los valores que la distinguen.

En tal sentido, Abel Prieto, asesor del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Ra’ul Castro, y Luis Morlote, vicepresidente de la Uneac, aludieron durante el 2015 el papel primordial que juega el Estado en el sentido de educar y no de prohibirle a la población un disfrute personal o un gusto extraviado que puedan tener.

Morlote, por su parte, referenció también que no se trata de satanizar, ni de censurar o condenar determinadas propuestas porque nos parezca que no tienen la calidad requerida, sino de dar instrumentos al receptor, al público, para que sepa apreciar lo que está recibiendo y decidir cómo emplea el tiempo libre.

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