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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Urge pensar la música

Reconocidas figuras de diferentes estilos y géneros ofrecen su arte en el Canal Clave de la TV Cubana

Bobby Carcassés, Premio Nacional de Música, y Pablo Menéndez, valiosos cultores del jazz.

Intenso, fructífero, ha sido el desarrollo de fusiones vigorosas, las cuales nutren el género procedente de Nueva Orleans. En opinión del maestro Armando Romeu (1911-2002), “para interpretarlo hay que ser un virtuoso. Dominar la técnica en su más alto nivel, lo culto y lo popular, sin deslindar fronteras entre ambos”.

En una pléyade de músicos que tienen previo dominio de géneros populares cubanos ligados al jazz lidera la improvisación, ellos demuestran la fuerza de herencias enriquecidas a diario sin distancias o compartimentos.

De ningún modo es extraño escuchar de manera frecuente nombres del siglo pasado, entre ellos el del compositor y tresero Andrés Echeverría (1919-1996), conocido como El Niño Rivera, y el del genial Benny Moré (1919-1963).

Los aportes y hallazgos de ambos constituyen una savia inmanente. Junto al ciego maravilloso, Arsenio Rodríguez, El Niño Rivera contribuyó a la renovación rítmico-armónica del son, devino un puente mediante el cual el filin se enlaza al son. Sus arreglos fueron incorporados por el Conjunto Casino y varias agrupaciones.

El Benny expresó la síntesis de componentes imprescindibles en la idiosincrasia popular. Dio realce a la Banda Gigante que estableció un nuevo estilo dentro del formato jazz-band. Los arreglos eran de Generoso Jiménez, Peruchín Jústiz y Eduardo Cabrera, aunque tenían el sello del Bárbaro del Ritmo, reconocido en el canto, la dirección musical y de orquesta.

Rememorar propicia una mejor comprensión de la riqueza del panorama musical en el siglo XXI. De acuerdo con el maestro Bobby Carcassés, gestor principal del Festival de Jazz surgido en 1980: “El jazz no es de minorías, ni de élites, sino de pueblo. Hay que visualizar las figuras jóvenes, la mayoría graduados del sistema de enseñanza artística. El Canal Clave, dedicado por completo a la música, ayuda en la difusión de los mejores talentos consagrados y noveles”.

Por su parte, Pablo Menéndez, director del grupo Mezcla, comenta: “Es impresionante la cantidad de percusionistas, pianistas, cantantes, que se distinguen en el jazz en Cuba. En los concursos y festivales han demostrado tremenda calidad”.

Ambos destacan la huella de referentes sólidos como el grupo Irakere, fundado por Chucho Valdés en 1973. Sus integrantes buscaron vías para explorar las posibilidades que les ofrecían las combinaciones instrumentales derivadas de la jazz band, y la experimentación de novedosos conceptos. Introdujeron de manera definitiva los tambores batá y la ascendencia yoruba en la corriente principal de la música más dinámica que hace mover los pies a cualquier edad.

Ningún avance ocurre de la noche a la mañana, requiere de estudios sistemáticos, dedicación, disciplina, un proceso de intercambios y retroalimentación. En una oportunidad el músico Arturo O´Farril reconoció en La Habana: “El son, el bolero y la guaracha no me son ajenos. Los llevo en la sangre, de aquí surgieron”.

Sin duda, hay que dialogar, seguir pensando en la diversidad de influencias, los lejanos encuentros de Chano Pozo, Dizzi Gillespie, Mario Bauzá, la valía de clásicos cubanos del piano Ignacio Cervantes y Manuel Saumell. El pasado de ningún modo puede ser remoto, adquiere significaciones nuevas, por ejemplo, en el quehacer de Joaquín Betancourt y la Joven Jazz Band. En su estilo orquestal están presentes la variedad de recursos, el swing jazzístico, el sabor de los ritmos afrocubanos, todos son ingredientes que revitalizan la tradición.

Según considera Betancourt: “Los públicos deben estar preparados para la unión de las corrientes musicales. La capacidad humana es infinita. Necesitamos aprovechar el magma prodigioso de la música cubana. La elegancia, el buen gusto, no pueden faltar en nuestro desempeño”. Talento, conocimientos, experiencia, revela Betancourt en fonogramas y presentaciones, en las cuales manifiesta riqueza melódica, armónica, polifónica, rítmica.

Además de escuchar las músicas es preciso pensarlas. Sin la conjunción de teoría y práctica, de informaciones y disciplinas formativas, resulta imposible renovar el discurso sonoro a partir de ideas, mezclas, células matrices, memorias desbordadas e intuiciones, estas son indispensables en el pensamiento de compositores e intérpretes para crear lo propio. De ahí la importancia de los registros fonográficos y los audiovisuales para lograr que ninguna historia valiosa quede sin memoria.

Visibilizar lo nuevo, lo genuino, es un imperativo de todas las épocas. Urge seguir estableciendo jerarquías culturales, promocionar la calidad artística. Urge sorprender con lo bueno que nunca pasa de moda.

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