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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Yo conocí a una diosa

No quiero llover sobre mojado, historiando su trayectoria como actriz. Solo debo agregar que Gina Cabrera fue una conciudadana siempre lista para servir a la patria
Gina Cabrera

Gina Cabrera

El hecho ocurrió cuando este humilde emborronacuartillas era un muchacho veinteañero y se desempeñaba como periodista en Alma Mater, el órgano de la Federación Estudiantil Universitaria.

El jefe de redacción me disparó un perentorio ukase: “Chama, ponte las pilas y arranca de inmediato para entrevistarla”.

En aquellos ya lejanísimos días, la sala teatral Tespis, del Habana Libre, llevaba a escena La zapatera prodigiosa, de García Lorca. Y la protagonista era mi futura entrevistada.         

Cuando llegué a la peluquería de Radiocentro, allí me estaba esperando Ella. (Sí, el pronombre hay que escribirlo así, con mayúscula).

Todo varón, que tuviese las hormonas bien situadas en el sistema endocrino, tenía que estremecerse hasta los tuétanos con aquella presencia.

Ojos, cabello, piel, mirada, sonrisa…

A lo cual había que sumar una dulzura inconmensurable.

En efecto. Era Luisa Georgina Cabrera Parada (La Habana, 1928-ib., 2022), la inolvidable Gina.

No quiero llover sobre mojado, historiando su trayectoria como actriz. Solo debo agregar que fue una conciudadana siempre lista para servir a la patria. (Solo un ejemplo. Junto a Fela Jar estuvo al frente de la Alfabetización en el misérrimo barrio habanero Las Yaguas).

Gina acaba de abandonar este mundo tridimensional.

Contrito, recibí un consuelo, de un colega que dijo: “No hay que entristecerse. Cuando partió llevaba en sus lindas manos un boleto para viajar hacia la eternidad”.

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