15 de abril de 2024

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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

ZARZUELA PARA ENRIQUECER HORIZONTES

Numerosos estratos de lo más popular y hasta marginado cubano, fueron criados en esas artes como fieles seguidores de aquellas zarzuelas españolas aún cuando ya hubiera una relevante tradición de zarzuelas cubanas, y luego engrosarían las filas de lo más culto, trabajador y honrado del país.
zarzuelas cubanas

Zarzuelas cubanas

La televisión, en particular el Canal Educativo y sus programas Un palco en la ópera y Bravo; en Cubavisión De La Gran Escena, y el canal Clave como le compete, sin desdorar otros espacios con valores similares en la pequeña pantalla quizás menos sistemáticos, recientemente volvieron a revivirme algunos de los mejores momentos de mi formación, cuando tanto agradezco a mis padres que en el mismo medio, me hayan introducido en esa raíz básica de nuestra cultura que ha sido la escena musical; y en particular, la más genuina hispanidad popular, que ha crecido firme al ser cubano actual.

Prácticamente aprendí a caminar, a leer y  scribir cantando de memoria aquellas zarzuelas magistralmente interpretadas por los más excelsos talentos cubanos, y junto a los grandes music-hall estadounidenses fue lo que me enamoró del arte, aunque ya me absorbían mis acuarelas y figuras de masilla, escribía mis primeros cuentos e historietas y me enrolaba en escenificaciones y coros escolares. Hoy son mi mejor arma para vencer las más implacables adversidades, por esa magia de la estética que nos devuelve el gusto por la vida, más allá de sus enseñanzas implícitas y explícitas, entre otros valores.

No son meros adornos “culturosos”, como algunos llaman en rara y enfermiza mezcla de desprecio y envidia solapada, sino lecciones de vida e inyecciones de salud. Por vía paterna, deduzco la huella de mis abuelos, aunque mi madre con sus excepcionales dotes para el canto, las entonaba con devoción; no sé si sus abuelos paternos que también eran españoles, incidieron en ello, aunque muy escasa relación tuvo con ellos. Su hermano Juan era de esos muy humildes que ahorraba sus escasos centavos para no perderse nada de nuestro teatro lírico, ni ballet ni conciertos ni otras acciones similares, que contaban con su mejor público entre esos desfavorecidos.

Cultura popular tradicional española y cubana

Numerosos estratos de lo más popular y hasta marginado cubano, fueron criados en esas artes como fieles seguidores de aquellas zarzuelas españolas aún cuando ya hubiera una relevante tradición de zarzuelas cubanas, y luego engrosarían las filas de lo más culto, trabajador y honrado del país. Se debía a su fuerte inmigración española desde finales del siglo XIX y sobre todo, durante las primeras décadas del siglo XX al calor de tantos embates en la península y en particular, su Guerra Civil; esas zarzuelas eran la recreación artísticamente lograda de lo más popular de ese país, y sus conflictos personales de cada cotidianidad y sus problemáticas e identidades en cada contexto, que regodeaba lo más popular de sus descendientes en Cuba, generando un ambiente que incorporaba a muchos entre el resto de los cubanos: su público garantizado, crecía.

Sin embargo, dogmas impuestos contra “lo viejo” y “lo foráneo” y concepciones estrechas, populistas (no populares), reduccionismos racistas de lo cubano, y la falta de visión para una sabia y talentosa renovación del género en nuestros medios, ha minimizado artes como la zarzuela en el disfrute de nuestros televidentes, cuyo gusto se condiciona por lo que le muestran a diario. Pudiera creerse que así se han motivado otras raíces; falso. Lo mal llamado afrocubano que lo enrarece y cercena de lo cubano (“cubano” incluye todas las diversidades tanto de lo africano como de lo español y otras etnias), evidente en las zarzuelas cubanas; también se complementa con el punto guajiro y otros valores de nuestra cultura campesina, que al distanciarse, quedan como un folklorismo exótico.

Trascendencia y valores de la zarzuela y su familia entre las artes

La zarzuela es un género escénico musical español con músicas, danzas, jerga, vestuario y todo lo típico de sus diferentes pueblos: el más castizo Madrid, pero también más locales y hasta folklóricos de otras culturas integradas hasta hoy en la hispanidad (no solo lo castellano), género no por azar nacido en el Siglo de Oro de la Cultura Española, en lo que se reconoce la impronta decisiva de inmensos de antaño: de Lope de Vega, su comedia con orquesta La selva sin amor (“cosa nueva en España”, 1629) y otras; Pedro Calderón de la Barca, ya en El golfo de las sirenas (1657), adopta el término zarzuela, y su “gran comedia” El jardín de Falerina (1649) le llaman la primera zarzuela.

Ya desde entonces como género chico se clasificaban aquellas zarzuelas en un solo acto, y género grande eran las de dos o más actos. Inició representándose en el Palacio de la Zarzuela (de ahí el nombre), quinta de recreo La Zarzuela por el Cardenal Infante Don Fernando, que en el Monte de El Pardo, en las afueras de Madrid, recién había construido el rey Felipe IV, donde abundaban las zarzas (zarzamoras o moras), arbusto trepador resistente siempre verde que forma setos impenetrables con fuertes aguijones, flores rosadas y frutos carnosos comestibles casi negros, muy útil en la medicina verde, cuyo nombre deriva del castellano antiguo sarza, a su vez de algún sustrato pre-romano de Iberia, posiblemente vasco, y alternativamente del árabe “arbusto con espinas” en tanto “hostilidad”; nacida en Madrid, Villa y Corte, Zarzuela es también (entre otros) un municipio y localidad en la provincia de Cuenca, en la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha. Gracia, salero, es más popular, variopinta y divertida que la ópera todo música, como un teatro con obras musicales a diferencia de la ópera, donde impera la música.

En tanto escena musical, a la zarzuela se le ha emparentado con la ópera (en italiano, “obra”, que más compleja, le antecede desde la Venecia renacentista del siglo XVI donde llegó a ser entretenimiento popular. con antecedentes en Florencia. En el siglo XVIII le siguen la ópera bufa u ópera cómica (Nápoles, Italia), contrapuesta por su comicidad a la “ópera seria”; la más efímera ballad, ópera inglesa en que actores ingleses triunfalmente, interpretaban personajes negros en los nacientes Estados Unidos; el singspiel alemán y la opéra-comique francesa a partir de la comédie-ballet del siglo XVII; y a mediados del siglo XIX la opereta francesa y austriaca (vienesa), los bufos madrileños (los habaneros desde 1867) al calor del costumbrismo tan del romanticismo y los nacionalismos, los minstrels estadounidenses; hasta las revistas musicales, en que lo musical enriquece pero no integra el argumento, como Las Leandras (España, 1931), de tan victoriosa adaptación al cine en 1969 con las impares Rocío Dúrcal y Celia Gámez, entre otros.

La zarzuela más allá de España hasta la actualidad

La zarzuela se extendió por todo el mundo colonial español, incluida en Asia las Filipinas, donde cedió al indigenismo en varios de sus idiomas locales como las tagalas, llamándose sarswela; sobre todo en Argentina, México y Venezuela. Al renovarse desde los años 60 en España por períodos, empleó en lo posible escenarios naturales, renaciendo la afición por los géneros líricos en toda Europa, como destacó la Antología de la Zarzuela a partir del empresario José Tamayo luego en la Televisión Española y hasta hoy, la Fundación Autor y la Fundación de la Zarzuela la promueven a nuevos públicos, con los proyectos Zarzuela en femenino y Zarzuela en masculino, entre otros.

Cuba se considera el único país latinoamericano en que la zarzuela y el sainete lírico lograron identidad propia: ya en 1791 estrenó algunas zarzuelas entre las reformas, no por azar al calor de la forja de la nacionalidad cubana, y mantuvo temporadas casi todos los años hasta la República. De 1849-1853 se cita la primera zarzuela cubana: El duende (del madrileño Rafael Hernando, ya en teatro Tacón), entre otras, o Todos los locos (José Freixa) además de los habaneros José Mauri (El sombrero de Felipe II, y otras) y Gaspar Villate, del santiaguero Laureano Fuentes, y del holandés naturalizado en Cuba, Hubert de Blanck. El independentista camagüeyano José Marín Varona entre su intensa y fecunda obra, dirigió una compañía de zarzuelas y operetas en su gira continental, y al componer su zarzuela El Brujo (1896, J.R.Barreiro) incluye la primera guajira cubana de la que hay documentación, que tanto elogiara Eduardo Sánchez de Fuentes, y para Federico Villoch, las zarzuelas Ábreme la puerta, La guaracha para el teatro Alhambra (1902), y Las excursionistas en La Habana, así como El 10 de octubre (décimas, 2 V. A- Díaz), El alcalde de la Güira (dúo amoroso, J.Robreño), El hijo del Camagüey (A. del Pozo), La víspera de San Juan (Gua, J.B.Ubagp) y Tute arrastrado (M.Zardoya). Las más famosas (1927-1936) son de Ernesto Lecuona (María la O, Lola Cruz, Rosa la China, El Batey), Gonzalo Roig (Cecilia Valdés) y Rodrigo Pratts (Amalia Batista), entre otras que sin cesar, han nutrido el imaginario con prototipos populares cubanos sobre todo en su apogeo del teatro Alhambra y luego, el Teatro Musical de La Habana; el Martí, y el reconocido por todo el pueblo como “el Lorca”, hoy Gran Teatro de La Habana.

La cultura se amplía, no se sustituye; y menos la patrimonial, como la zarzuela

La cultura es un proceso de adiciones, y no sustitución de unos valores por otros, a menudo en franca involución, ni mucho menos modismos.  No es de extrañar entonces la vulgaridad que se ha adueñado del país. Por fortuna, aún se aprecian zarzuelas en nuestra televisión, clásicas como La Verbena de la Paloma (1894, género chico) por la fiesta de la Virgen de la Paloma el 15 de agosto en el barrio La Latina en Madrid, y sus versiones a los contextos actuales (ejemplo: en 2019 por jóvenes y para jóvenes); y Los Gavilanes (1923, género grande, desde la Provenza francesa, con “el indiano”, personaje popular que regresa de las Américas), pero es insuficiente con los programas en un inicio mencionados y que tristemente, son relegados al prejuicio populista.

Por eso urgen los felices intentos aunque menos sistematizados, de “los tres tenores” (1990-2007) y la británica Sarah Brightman, el italiano Andrea Bocelli desde 1994, que se entonen en las tan populares Olimpiadas, el mexicano Luis Miguel revitalizando boleros (años 90); el cuarteto masculino Il Divo (Gran Bretaña, 2003), incluso asiáticos, en las bandas sonoras de algunos audiovisuales de varios países, incluida Cuba, donde reinan “los líricos de La Habana” y la Ópera de la Calle entre otros, junto a los certámenes y concursos incluso internacionales de zarzuela en España en el siglo XXI y en distintas culturas, sin olvidar la Ópera de Pekín (China) y otros países, el concierto Embajadores de Broadway (2011) y el espectáculo Broadway Rox (2015) y cubanos interpretando Rent, Cabaret, La viuda alegre, Cats, El Rey León, Los Miserables y tanto más.

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