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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Asomos digitales

La televisión y la radio cubanas se encuentran a las puertas de una revolución tecnológica sin precedentes

El futuro está tocando a las puertas del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), con la promesa de una revolución tecnológica comparable a cuando la televisión coloreó el blanco y negro inicial, o las ondas hertzianas condujeron la estereofonía de la Frecuencia Modulada hasta los radioreceptores.

La salida de tres nuevos canales dotados de equipamiento digital y la actual modernización de las dinámicas creadoras en la radio acercarán la institución a los estándares más avanzados en el mundo.

En Cuba existe la experiencia de Multivisión, con parte de su flujo laboral montado en soportes informáticos. Por otra parte, un número considerable de emisoras facturan una programación cuyos principales contenidos y fases dependen de las computadoras.

La digitalización resulta un proceso conjunto y paulatino que abarcará a los archivos, estudios, cámaras, sets de edición, formas de hacer… Conllevará un necesario cambio de mentalidad y rutinas productivas de realizadores, técnicos y directores.

Sobre sus ventajas, dificultades y proyecciones En Vivo dialogó con dos especialistas del ICRT, vinculados muy de cerca a la implementación de las transformaciones.

Enormes potencialidades, pero…

“El programa de digitalización está respaldado por el Estado cubano. Su concreción debe ocurrir hacia 2020, con la sustitución definitiva de la tecnología analógica”, explica Eusebio Garnier, director técnico de la televisión.

“En esta tarea integral, sufragada con crédito chino, están implicadas la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A. y Radio Cuba”, agrega.

Por su parte, el ingeniero Calixto Rodríguez, director técnico general de la radio, destaca como principal característica de la modernización la austeridad financiera con que se ha trabajado. “Algo lógico en la presente coyuntura, cuando es obligatorio meditar sobre posibles estrategias o modificaciones en las etapas de cada nuevo proyecto.

“Surgen cuestiones a tener en cuenta: ¿cómo la audiencia recibirá los canales mientras dure la transición hacia lo digital? Algunos países hablan de un “apagón analógico” en materia audiovisual; pero en la radio no ocurre así. Todo indica que coexistirán ambas modalidades por un tiempo más o menos largo.

“Incluso la norma norteamericana IBOC (In Band On Channel), conocida como HD Radio (radio de alta definición), posibilita simultanear en un mismo trasmisor señales analógicas y digitales”, ilustra.

Ambos coinciden en las enormes ventajas de la nueva tecnología: multiplicación de la cantidad (y calidad) de señales de video y audio en una misma frecuencia; unificación de formatos y soportes para la realización y almacenamiento de los espacios; integración de las fases productivas; conservación de archivos en grandes servidores conectados en red, que permiten inmediatez y multiuso al gestionar las programaciones de ambos medios.

Pero ojo, podrían surgir contratiempos. Un error operacional –un dedo mal ubicado–, suele acarrear consecuencias impredecibles, como un capítulo “extraviado”, el bloqueo de un sistema que requiere reiniciarse para volver a estar operativo, con la consiguiente pérdida de tiempo y otras dificultades.

Preocupa también el envejecimiento de los equipos, pues los softwares y soportes informáticos –computadoras y servidores–, evolucionan a una velocidad vertiginosa y se vuelven obsoletos en un período muy corto, en comparación con lo analógico.

Además, ante una avería severa se tornan muy difíciles las reparaciones, porque las actualizaciones tecnológicas por lo general implican incompatibilidades entre lo nuevo y lo viejo.

De la capacitación y otros desafíos

Garnier González aboga por “una extraordinaria preparación de las fuerzas, porque la capacitación hoy es insuficiente. Debemos alistar a las personas desde las universidades, tanto a los egresados de las escuelas de arte como a los operarios de los sistemas, para que el proceso sea eficiente”.

Mientras tanto, Rodríguez Machado confiesa que “hemos sido morosos a la hora de instruir a los profesionales. Trabajamos, pero sin sistematicidad y peor aún: sin resultados alentadores. Desde mi punto de vista, resolver este problema requiere dos etapas.

“Primero debemos acudir a las universidades y captar, en las carreras relacionadas con telecomunicaciones y la informática, ingenieros con vocación y talento para dirigir y desarrollar los nuevos proyectos. Eso conlleva una constante faena persuasiva.

“El segundo paso, no menos importante, consiste en no escatimar tiempo y recursos para capacitar a todo el personal que implementará la digitalización en las dinámicas productivas y de trasmisión de programas radiales y televisivos: técnicos, realizadores, directivos. No se puede trabajar ni dirigir con lo que se desconoce.

“Por otra parte, es necesario mejorar las condiciones de laborales, resolver de forma efectiva y realista las contradicciones salariales, al igual que el tema de las contrataciones y plantillas”, apunta.

Garnier grafica la complejidad del problema con una anécdota: “Días atrás les pregunté a unos compañeros que participan en la tareas de digitalización si conocían las particularidades, costos, modos de implementar la escenografía virtual. A ciencia cierta nadie sabía de qué se trataba.

“Esa es una de las muchas potencialidades de las nuevas herramientas: recrear escenarios sin emplear un clavo o un trozo de madera. En un set podemos colocar árboles, objetos, paisajes, por el cual deben saber desplazarse actores y presentadores. Algo impensado años atrás, pero que pronto será una realidad. Todos tenemos que prepararnos.

Para recepcionar los canales digitales serán necesarios dispositivos de captura y conversión de las señales, ya contratados. Están por definirse los contenidos. La parrilla debe ser lo suficientemente atractiva para que los públicos opten por comprar el aparato y ver una televisión distinta. De lo contrario, no tendría sentido”.

Los expertos convergieron en que una vez concretada la digitalización, se abrirá un mundo de potencialidades inédito. Recordaron la readecuación tecnológica en los estudios radiales, a mediana escala primero y más tarde de forma masiva, con la Inversión Especial del año 2000. Hoy hasta la más pequeña emisora municipal produce su programación con estos soportes.

No obstante, advierten las posibles resistencias al cambio por desconocimiento o desfase de algunos profesionales, así como los parcos recursos materiales y financieros para diseñar y llevar a la práctica una estrategia de capacitación eficaz.

Cuando el futuro toca a las puertas nadie puede negarle la entrada. Análisis mesurados, pero también decisiones osadas, ancladas al contexto, dotarán al ICRT de imágenes y sonidos digitales en aras de que Cuba se mire y asome al orbe.

 

 

 

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